Más que divulgador, un militante del autodisfrutarse con humor

 Alejandro Dolina,amigo de Les Luthiers, apadrinado por el Carrizo que lo dejó oír a Borges, es uno de los últimos negados por la academia. Con mis años fui testigo de cómo Piglia logró que Arlt fuera enseñado por Sarlo. Martin Kohan, cuya intimidad me gané al ganar un concurso literario, me explicó por qué Andahazi no es ni será jamás un genio incomprendido. Fui interlocutor de Osvaldo Soriano, multitraducido, que en Puán no era reconocido. Tampoco lo es Eduardo Sacheri, pese a que sí lo fueron Saccomano y Fontanarrosa.




En este radiocine actúan el admirable Horacio Dolina y su admirable hija Juana Molina. Ella interactuó con Charly García y agradeció que Luca Prodán la protegiera. En una de las humoradas de estudiantina que Borges amaría, Juana accede a gemir ante el "por atrás".
Martin Dolina fue el fruto del amor de Alejandro con Esther Goris, que hizo la versión groncha de Eva contra Madonna. Elizabeth Vernacci fue su amante y estímulo.
He tenido el honor de ser contratado para dar clases de filosofía por gente cuyo interés por ella fue despertado por este descubridor del horario nocturno que Raúl Portal y Tinelli habrían de explotar.
Alejadro Dolina, amigo de Gabriel Rolón, gozó de un ininterrumpido éxito como conductor radial nocturno. No es un genio incomprendido. Es un divulgador de la mitología griega y de grandes acontecimientos históricos. Escribió columnas en "Humor". Hizo publicidad.
Intentó hacer televisión y logró brevemente hacerla.
Fue muy amigo del prematuramente extinto Jorge Dorio.
Su programa de radio tiene su espacio preparado, pero otro espontáneo. En esa improvisación nos deleita no solo su ingenio, sino su mismísma carcajada: lo que se le acaba de ocurrir lo sorprende y hace reír.
Además nos abre otras puertas: canta sin ser realmente un gran cantor. Nos dice que el placer de cantar no está reservado a Pavarotti, au contraire: cantar es la expresión de la felicidad y no solo Pavarotti es feliz...

Comentarios