Bob Dylan nos abre el arte al delirio insomne
Resulta muy difícil justificar objetivamente nuestro amor a Bob Dylan. Geniales Beatles y el majestuoso Leonard Cohen se rindieron ante su don que no es innovativo a nivel musical ni poseedor de una voz agraciada. ¿Cómo podríamos justificar que lo amamos? Quizá la clave esté en que nos abre una puerta que los surrealistas no lograron del todo. Una espontaneidad autosuficiente, una apuesta a dejar que fluya y se exprese un discurso nada preparado, nada elaborado, nada cuidadoso. La rima es burda. Y sin embargo, no nos parece inmercido que haya ganado el Nobel de Literatura, sobre todo si comparamos a las taradas a las que se lo dan. Captura las atmósferas de nuestro yo: un hombre preocupado, con una mente preocupada En este inicio vemos que no teme repetir, que sabe que la poesía es hermana de la repetición Nadie delante mío y nadie detrás En poesía estas antítesis hegelianas son muy comunes, como las del corazón que confiesa amar y se refugia rápido y cobarde a una antítesis burlona. T...