Los mejores aforistas de la historia
No es necesario saber nada de la Enciclopedia para admirar a Voltaire. No es necesario saber nada de las comedias como "La importancia de llamarse Ernesto", de los ensayos como "El crítico como artista" y de la novela "El retrato de Dorian Gray" para admirar a Oscar Wilde. No es necesario leer poemas de Heine o sus comparaciones entre las culturas francesa y alemana para adorarlo. No se precisa tener interés por el fútbol para amar a Maradona. La razón es simple: todos ellos poseyeron el talento de amonedar en un epigrama, en un apotegma, en una máxima o sentencia, una sabiduría a la sazón cosquilleante. Hay slogans sencillos en filosofía, pero no son a la vez acariciadoramente desternillantes: "Es mejor equivocarse con Sartre que tener razón con Arón", "Soy amigo de Platón pero más de la verdad", "Sólo sé que nada sé", "Pienso, lo cual demuestra que existo", "No hay nada fuera del texto", "Hume me d...