Amo a Woody Allen: es la madre que nunca tuve
A veces me pregunto por qué, habiendo llegado a comprender a Hegel y a Heidegger y a Borges, admiro tanto a Woody Allen. Voy a tratar de responder. Lo primero, es una posición subjetiva nada avasalladora: nos muestra, transparente, su vulnerabilidad. Por supuesto, Woody Allen no fue nunca un perdedor: muy precozmente descolló con su chispa y consiguió vender chistes a un diario siendo mejor remunerado que sus padres. Pero como la falsa modestia de Borges, su personaje de antihéroe, como Riquelme no festejando a lo Diego sus goles, nos da una sensación contradictoria: quiero que seas mi Dios y regalarte mi yo pero me decís que estás insatisfecho, misteriosamente disconforme con vos mismo. La autodepreciación en una minita está muy bien: la rubia hermosa que nos dice que no pensaba que nos habíamos fijado en ella nos hace sentir mega macho. Cuando es El Supremo el que nos habla con el tono de león herido, involucra junto al deseo de ser su esclavo, nuestro instinto maternal. Hay al...