Paul Valery, un alma inmortal antes de serlo, un espíritu que abrazó todo su pasado
Theodor Adorno adoraba tanto a Paul Valery que en "El artista como lugarteniente" desmantela la dicotomía entre artista comprometido y arte por el arte: el gran artista no comprometido requiere una sagacidad tan lúcida para leerlo, que nos convierte en mejores lectores de la realidad política. Así, el artista comprometido como Brecht, Eduardo Galeano o Sartre, se limita a darnos pescado en lugar de enseñarnos a pescar (metáfora que se toca con aquella etimología insólita que hace del epigrama de Jesús "NO HE VENIDO A TRAER LA PAZ, SINO LA ESPADA" un "NO HE VENIDO A TRAER LA PAZ, SINO EL CUCHILLO PARA CORTAR PESCADO"-traducción mencionada por Guillermo Martinez en "Un crimen dialéctico"). Valery sin ocuparse de la filosofía recupera para la poesía una Aufhebung de la tradición helénica de Píndaro con el giro lingüistico que hará que no solo Octavio Paz lo idolatre: también lo idolatra Derridá. Pero Octavio Paz y Derridá adoraban a muchos: el pri...