Fito Páez, el sentido de lo que no es la vida
Solemos admirar a Churchill porque venció a Hitler, dado que la lógica de la guerra tiene su álgrebra. Qué difícil es explicar, en cambio, que Fito Páez es un imbécil que traiciona el verdadero arte. Porque se da un hecho sorprendente. El de que un pésimo artista que emociona, usurpa el lugar de lo elevado. Esto no pasa en ningún otro campo. Si compro una silla china de plástico de Easy no creo que es mejor que una de roble. Increíblemente si Fito me hace llorar, ya no creo que sean lágrimas baratas, peores que las que me inspiraría Proust. Y, lo peor de todo, es que Fito Páez es una buena persona, genuinamente sensible. Inculto. Vil. Barato. Grosero. Efectista. Pero se que se cree rebelde. Y cuyo éxito certifica, como el cuento "Josefina, la cantora", de Kafka, que su público no está a la altura de algo mejor. Que Charly lo haya apañado, enseñado a vestirse y ungido, que Spinetta lo adore nos obliga a reflexionar: ¿Platón íntimamente envidiaba al verdulero? Fito Páez ha te...