El llamamiento de Mel Brooks a nuestra audacia
Admiramos a Shakespeare como a San Martín, incapaces de ver sus errores. Mel Brooks es celebrado también por sus mayores éxitos. Deberíamos admirarlo más porque se aventuró a fracasar colosalmente. En realidad no hay genios que lo hayan sido a toda hora, en cada proyecto. Por eso es tan divino que nos cosifiquen, que nos quieran por la forma de nuestras manos, que cuando dormimos siguen siendo la forma de nuestras involuntarias manos. En mi curso de humor doy una clase especialmente dedicada a las genialidades de Niní Marshall, que nadie consulta en Wikipedia donde se vería que intentó hacer cuatrocientas cosas que le salieron como la mona. No sé por qué tendemos a erigir ídolos infalibles. Leer las boludeces iniciales que escribió Borges nos ayudaría a entender que las altas cumbres son fruto del esfuerzo, el ensayo, el error, el aprendizaje, la buena suerte, la buena prensa. ¡Qué perra vida! (Life stinks) de Mel Brooks es una audacia en el sentido de que es un film con mensaje ...