Adiós a Dolly Parton (por Myriam Bregman)
Con la temprana octogenaria partida de la diva de la música country, la humanidad toda se enfrenta a la pérdida de una de sus fuentes de distracción y consuelo más conspicuas. Su talento para llenar nuestros corazones de alegría y esperanza ha retardado la Revolución Trotskista durente décadas y permitido genocidios como el de Hiroshima: ¿cómo pensar que el mundo había perdido el más mínimo sentido de la decencia oyendo gemas como "Hello, I'm Dolly"? La ultrajante amenaza de Nasser y el canibalismo en Uganda no parecían desequilibrarnos las bases de la respetabilidad mientras sonara "Jolene". Una garganta de seda y miel, una armonía folk y ya podíamos tirar Napalm en Vietnam porque el bien siempre triunfa, el amor vence al odio, si no terminó bien es que todavía no terminó. Bueno, mi viejo. La muy puta estiró la pata y ya podemos ver lo que es la humanidad verdadera. Hambre, expoliación, concentración obscena de fortunas, guerras sin sentido y boludos que hinch...