Sartre, el último último
"El último pollo que comimos, lo escribió Sartre", sintetiza la genial Libertad del mendocino Quino, refiriéndose a un filósofo, novelista y dramaturgo que instauró un lugar, un trono , una asunción de que no se puede ser un intelectual en una torre de marfil, que la filosofía solo conocía desde Sócrates, por más que Heidegger en Friburgo-el "nuevo Kant", según Hannah Arendt- ya se pedestalizaba. Se trata de un geniecillo tempranamente conciente de su bullyinglizable figura, a pesar de que su crianza-a cargo también-a la manera de Claude Levi-Strauus y el "avunculado", de su cuñado, Albert Schweizer, quien lo rodeó de un amor que quería convencerlo de que era bello, querible y único. Ratón de biblioteca, con gula hacia omnívoras lecturas alemanas-Husserl, principalmente- delietiaba en fiestas familiares recitando poemas aprendidos de memoria cuyo contenido no alcanzaba a comprender. Acaso saber antes los significantes que el significado, marcaría su filo...