La muerte del único que sabía escribir sobre la muerte
Mortimer Bevilacua, el mejor escritor de necrológicas del siglo, ha fenecido y soy el encargado de redactar esta elegía, esta oración fúnebre, este requiem. ¿Qué decir sobre él? Sabemos que quiso ser escritor pero que salvo cuando un ser querido se le moría, sus escritos estaban llenos de malas palabras guarangas, explícitas alusiones sexuales, cinismo, irreverencia, descaro y mal gusto. -Ser grasa es mi última adquisición-me explicó: -he sido criado como ratón de biblioteca erudito y tenía prohibido ver no solo a Olmedo y a Benny Hill. Hasta los Beatles les resultaban mersas a los curas que me asilaron. Su inexplicable amor por lo mersa, lo crudo, lo rayano en la ordinariez más baja, se veía grandemente contrastado por sus increíbles necrológicas en las que nos hacía llorar a todos, comprendiendo que un ser admirable ya no respiraba sobre la faz de la Tierra. Recuerdo los primeros efectos de sus primeras tres necrológicas. Primer Premio Municipal-con un sueldo vitalicio-por lame...