"El lobo de Wall Street" : una desmesurada obra maestra si la sabemos leer como satírica


 Hay algo a lo que un contador de chistes tiene que estar atento: el chiste del náufrago que rescata a la chica más atractiva del planeta ya no se puede contar con la Mistinguette, ya no se puede contar con Marilyn, ya no se puede contar con Ornella Mutti, ya no se puede contar con Claudia Schiffer. Hay que advertir que la nueva Ava Gardner es Kim Basinger, pero la desplazó Pamela Anderson, pero ahora es Sharon Stone, la increíble sex symbol que fue catapultada de bastante grande al estrellato en un abrir y cerrar de piernas.

Uno de los mejores directores de cine de la historia, Martin Scorsese tuvo a la Stone en "Casino", la película que era record Guinness de cantidad de malas palabras por minuto hasta que la desbancó "El lobo de Wall Street" así como Margot Robbie desbancó a Sharon Stone con su primer desnudo-que ella insistió en hacer, cuando la escena original solo pedía una bata.

Margot Robbie, también de relativamente grande, especialmente pensando en que a Di Caprio las de más de 26 le parecen viejas.


Hoy junto al famoso toro de Wall Street, al que hay que tocarle los huevos, apareció misteriosamente una estatua de una langosta, también de bronce.


Sirve como excusa para recordar a este increíble film, minuciosamente basado en la historia real de Jordan Belfort, quien tras venderle los derechos de su autobiografía al fascinado Di Caprio, lo asesoró permanentemente para la actuación, confesando pecados todavía mayores a los inverosímiles que podían leerse.

Dar contexto a esta película, a su vez, asombra: la rabelaisiana megalomanía carnavalesca que de tanto gigantismo afiebrado adolece, termina empalideciendo en comparación con las realidades. Warner Bros quiso imponerle numerosas restricciones a un Scorsese que mete mucha mano en el guión, además de trabajar como Mike Nichols y Richard Lineker, dejando que los actores improvisen mucho. Entonces, el reggiseur de "Taxi Driver" se retiró. Warner Bros se la ofreció a Ridley Scott, justo cuando unos productores tránfugas misteriosos, "Red Granite Pictures" aparecieron y le dejaron a Martin tener carta blanca.

Esta productora se vería ulteriormente involucrada en el escándalo de lavado de dinero del 1 Malasya Developement Berhad: vale decir que la película que cuenta la historia de un exitoso estafador millonario fue financiada y producida por un exitoso estafador millonario, Riza Aziz, a la sazón, hijastro del Primer Ministro de Malasia, Najib Razak.

Sharon Stone, para esta Norteamérica campeona de bares de strippers y del puritanismo, alegó que el malvado director holandés Paul Verhoeven la llevó engañada, le dijo que por un tema técnico del efecto de la luz con esa iluminación, requería que se quite la bombacha, que producía un haz reflectorio en la escena del interrogatorio de "Bajos Instintos", y le dijo que por más que venía de los Países Bajos, no iría a caer tan bajo como para mostrar en primer plano un desnudo frontal-especie que fue risueñamente desmentida por el director, mostrando que la lasciva y ambiciosa actriz hasta le regaló la bombacha, feliz.

También Margot Robbie mintió por pudor al principio y dijo que la escena fue filmada con una doble de cuerpo y tecnología 3 D. Pero esta restricción le duró una semana. No tardó en necesitar ufanarse de que el desnudo integral era suyo, así es su cuerpo, lo tienen que saber, no se vayan a pensar que me falta absolutamente nada.

Y para convertirse en la sucesora para el chiste del náufrago de la mostración pochólica vaginal de la cachucha de Sharon Stone, Margot Robbie compone una provocación de altísimo voltaje erótico, abriendo sus piernas ostensible y duraderamente.

Escena que emula la predilección de esta parte de la anatomía en el historial americano que había comenzado por las piernas desde los treintas, se desplazó a los pechos desde los años cincuenta, pasa por esta etapa de la cavidad uritogenital y en la actualidad se posa en las posaderas, por imposición de la latina caderona Jennifer López.

Ahora sí, sin director holandés, es filmada desde un oso de peluche para los amigos sin su consentimiento. Hay que ser ciego para no ver en esto un chiste interno, de tribu, un diálogo cinéfilo, un hommage con pito catalán-bueno, no pito, precisamente, sino lo antitético, bueno, no anti tético precisamente...

Obscenidad y mentiras caracterizan a esta violenta comedia que tiene un cariz diferente a "Goodfellas" gracias a que Di Caprio la pensó como comedia negra, como bufonada satánica y no como la quería Scorsese, denuncia de la mentalidad de gente impulsivamente inescrupulosa, fagocitada por la ambición y aún así, con sus propios códigos de honor, como la mafia.

Verla desde este prisma satírico es un deleite. Deja al humor de Tarantino, en contraste, parecido a una clase de catequesis.

La película está llena de homenajes y alusiones a películas de este género y también de muy otros, justamente para aligerar momentos densísimos. La canción molto vivace festiva de "El Graduado" de Simon&Garfunkel "Mrs Robinson"  acompaña al FBI viniendo a arrestar a todos.

El descaro y el cinismo de los estafadores, sus excesos con drogas y celebraciones extravagantes contagian al espíritu que anima a los diálogos. Y nuevamente la realidad detrás de la cinta canta los coros en un correlato perturbador: quien hace de padre del protagonista es Rob Reiner, recientemente asesinado por su hijo drogadicto. 

No todo el mundo la recibió como paródica. La ironía no siempre es captada. El bipolar contraste entre iracundia y cordialidad puede chocar, tocar una cuerda para la cual algunas sensibilidades pueden resultar susceptiblemente zaheridas.

En una escena vemos a Di Caprio salvarle la vida a su socio y mejor amigo, y el dramatismo desgarrador llevado al paroxismo se ve morigerado y manifestado en sordina por la lentitud y torpeza de los movimientos por encontrarse ambos a más no poder intoxicados por su opiáceo favorito.

En otra escena, Di Caprio refiere que a pesar de lo drogadísimo que estaba pudo manejar su Ferrari blanca lo más bien y llegar perfectamente a su mansión. Vemos la impecable Ferrari estacionada. La siguiente escena nos muestra a la policía interrogando a Di Caprio y vemos la Ferrari hecha pija. Es el concepto de "narrador sospechoso" que por única vez en su filmografía emplea Scorsese.

Cuando quiere impresionar al fiscal con su generosidad, Di Caprio le cuenta que vino a pedirle trabajo una chica que no tenía un centavo y hoy es millonaria: cuando llegó, le pidió un adelanto para poder pagar el tratamiento de su madre enferma.

Hasta ahí es el diálogo patético, hiperbólico, de ese realismo norteamericano sentimental que Scorsese hace siempre. En esta película el comic relief que introduce Di Caprio le pone una guinda a la torta: se interrumpe, carraspea, aclara que lamentablemente pese al préstamo la madre murió, pero ese no es el punto.

Es un desvío que anestesia todo el carril de contenidos chocantes con una muerte en sentido contrario. Es un contraste brusco, un interruptus bastante privativo de las técnicas de la comedia, para quien lo sepa ver.

Es humor tenebroso pero negar que es humor es permanecer en la oscuridad.

Hay que ver esta película dispuesto a reír a carcajadas con esa risa redentora dionisíaca que exaltaba Nietzsche.

Ciertos puritanismos objetaron muchas aristas del film. Un final cut que curándose en salud, había puesto las barbas en remojo ocultando la condición de judío del estafador. 

La pareja tóxica muestra escenas de golpes mutuos (durante la filmación Margot no midió sus fuerzas y lastimó severamente a Leo, temiendo incluso que él le iniciara acciones legales...pero él se levantó sonriente y le dijo "amé: pegame otra vez más"). 

Se dijo que se abusaba del abuso de sustancia, que la audiencia por  yankee que sea no necesita trazos tan gruesos para entender. Lo cierto es que para hacerla creíble, homeopatizaron la historia real. Mostrar bajo efectos psicoactivos a los protagonistas (como en "Pánico y locura en Las Vegas") permite un tipo de slapstick desternillante, desopilante, descostillante.

El hecho de que toman además del "rufus" ingentes cantidades industriales de cocaína se vio evidenciado cuando varios actores tuvieron que posponer la filmación por haberse engripado de tanto meterse por la nariz la vitamina D que usaron como sustituto para simularla en la filmación.

Risas sacrílegas propias del humor virulento y crudo de las soeces alcantarillas guarras de los más bajos fondos deberían ser la didascalia. Si la entendemos como de ese género (degenerado), comprendemos que hay un plus celestial (infernal) respecto de otras producciones del laureado maestro del cine.

Las protestas por el "sufrimiento y stress" causados al chimpancé que aparecen en algunas críticas son de una solemnidad pasmosa.

Recomiendo entrenar la sintonización de la frecuencia de onda farsesca viendo este film rocambolesco, gulliveriano, caligulense.

Es un modo de percibir que puede ser de inmensa utilidad después para no hacernos tanta mala sangre cuando leemos las noticias actuales del mundo, que también parecen a simple vista de un aplastante patetismo sórdido, ulcerante, bilioso, cáustico, lúgubre, luctuoso, excesivo y son, apenas, la mera banalidad e incongruencia de un Trump cínico que también ve solo teatralmente las vidas humanas y se cree que juega a la Playstation 

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