¿Por qué dice Freud que lo deprimido siempre vuelve?
Hermoso reencuentro inesperado con Lucre Leguizamón, quien fuera mi mentora, produjera en la Revista D'Mag la columna humorística con la que a veces colaboró el gran Sebastian Kleiman y me diera su espaldarazo convencida de que con mi capacidad creativa yo estaba llamado a triunfar. Una felicidad plena verla iluminada, resplandeciente y madraza. Y por si esto fuera poco, señores, encima me dio dos mil pesos de propina por llevarle el sushi!!
Con mi querido discípulo hablando de "El nacimiento de la tragedia" para distraernos de lo trágico que nos resultó haber nacido y su posible articulación con "El lago de los cisnes", porque pese a que en realidad nos olvidamos, se nos hace una laguna y terminamos siendo unos gansos, somos bastante cisnéfilos...A todo esto todavía no contraté el flete que mañana temprano traslada quince cuadras una mesa. Están a tiempo de trasladarla caminando conmigo como changa. Queda en Almagro la casa de la que me regala esa satisfacción en cuatro, y quedé en pasar a buscarla a las 9. Calculo -veran qué progre soy- unos treinta mil por el flete, de modo que si alguien me hace la segunda, con esa plata nos compramos algún vino de los buenos, Trumpeter, qué se yo...Lamento decir que me hice amigo de grandes genios intelectuales, vale decir, incapaces de cambiar una lamparita y amante de rubiecitas delicadas que si se aventuran a recoger una birome del piso, sufren una hernia de disco...
Estimado profesor Sauer: Me pregunta usted por qué mi hijo Mariano debería ser incluído entre las filas de los alumnos que por diversos síndromes y diagnósticos hacen un examen diferente. Reconozco que Mariano no tiene Déficit de Atención, ni Trastorno Obsesivo Compulsivo, ni rasgos de Asperguer, etc.
Al contrario.
Se ha destacado desde muy niño como mucho más inteligente de la media.
Y no le quepa la menor duda de que esto supuso inicialmente una inmensa alegría para nosotros, su familia.
Tener a un hijo ajedrecista, matemático, interesado en astronomía, física, juegos de palabras, matemática, teología, numismática, historia y gnoseología a los dos años era un portento.
Desgraciadamente como usted habrá observado, Mariano no se limitó a saciar su sed de conocimiento dominando todas las disciplinas conocidas por la humanidad hasta ahora al punto de ser nombrado el "último sabio", desplazando a Goethe y a Leibnitz.
¿No se ha preguntado usted nunca si la inteligencia podría terminar siendo una carga?
Estoy seguro de que sí.
Seguramente está usted felizmente casado con una mujercita buena y brillante que lo acompaña en un matrimonio bien avenido que no es otra cosa que una larga conversación. Pero antes de conocerla ¿no lamentó revolcándose con una paraguaya que era una espectáculo no poder extirparse por una noche el lóbulo frontal, el bulbo calloso, la amígdala cuantimenos y depositarla en la mesita de luz para poder seguir gozando como un marrano?
Me han comentado que usted tiene hijos. Imagine que uno de ellos posea alas como un ángel y le duelan al crecerle o sufra accidentes al planear. Usted se desviviría por ayudarlo, por entenderlo, por ampararlo y contenerlo.
A mi mujer a mí nos sucede igual.
No poseemos el coeficiente de Mariano, pero no se nos escapa que tener un exceso de cacumen es tan malo como su falta.
Ayer por primera vez vio en "You Tube" un espectáculo de Les Luthiers y nos comunicó que no le gustó.
Imagínese la tortura de vivir adentro de una inteligencia tan aguda para la cual "Les Luthiers" es estúpido: ¿qué queda para "Gran Hermano", qué queda para el Mundial, qué queda para Harry Potter?.
Hay rampas para discapacitados y hay perros lazarillos para ciegos. Para Mariano no existe consuelo alguno: atrapado en una inteligencia superior siente que Garry Kasparov, Albert Einstein, usted mismo, su profesor de alemán, dicho con todo respeto, son subnormales.
Le ruego comprenda la singularidad del fenómeno al que estamos asistiendo y consienta en realizar la necesaria excepción, porque carecemos de ese documento que nos solicita, que demuestre que por orden médica, Mariano no puede perder su luminoso tiempo con el soporífero examen anual.
Quedo a usted de antemano agradecido
Federico Bebeagua


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