Sebastián Kleiman, el escritor de más vuelo, trabaja para UNITED AIRLINES
Una de las grandes satisfacciones de mi vida es haber ayudado a un tipo divino y multitalentoso a escribir humor. Como escritor serio, es el autor de "Afanes literarios", novela fluída que recomiendo encarecidamente. Lo conocí en el Hotel Hilton, durante la CRIC, una cumbre de la ONU para luchar contra la desertificación del ecosistema, trabajando como traductor. Su agudo olfato reconoció en mí íntimas cuerdas que pulsa su propia música interior. Agradeció que no me moleste hacer el ridículo, que anime con mi extroversión locuaz-elocuente-verborrágica a los demás a hacerlo mejor que yo. Y al mismo tiempo que en el sentido del humorismo me tomaba como su tutor y su sostén, su estímulo y su maestro, comprendió que para la vida práctica y el saber moverme en sociedad, debía apadrinarme. Temía todo el tiempo que mis excesos tiraran todo abajo. Solía repetir que la bardié. Hasta que inventó un nickname para mí: Pierre U. Labardieu. Ser insultado por Seppi constituyó uno de los may...