Hitler y Napoleón, ni un solo corazón
En junio de 1940 Francia había capitulado inesperadamente frente a la Alemania de Hitler, quien recorre en su Mercedes todos los grandes monumentos parisinos que pocos años después ordenará hacer volar. -Es el día más feliz de mi vida-declara Hitler al descubrirse frente a la imponente tumba de Napoleón, donde prometerá traerle a su hijo, El Aguilucho, Napoleón II, enterrado en Austria tras su joven muerte a los 21 años.
"Flores para Hitler" se llama un poemario de Leonard Cohen y se nos advierte que en otra época se llamaría "Flores para Napoleón" o "Flores para Ghengis Kan". Solo la tradición anglosajona, incluyedo a su colonia Canadá, permite trazar un parangón inescrupuloso entre Napoleón, tan admirado en otros países, con Hitler, indisputable símbolo de todo lo nefasto.
Si hemos de sostener la comparación, el día más feliz de la vida de Napoleón es cuando en 1807 se entrevista al mismo tiempo con el zar ruso y el rey de prusia, se siente tratado como un igual entre monarcas, y obliga a firmar un pacto para ahorcar económicamente a Gran Bretaña.
Las comparaciones que se basan en el hecho de dominar Europa sin poder doblegar a Inglaterra ni superar el invierno ruso, olvidan numerosos detalles históricos.
Stalin no puede creer que Hitler lo está atacando, por ejemplo. Stalin, el paranoico desconfiado que desarboló la cúpula militar soviética y mandó a matar a sospechados de conspiradores no es capaz de desconfiar de Hitler. El ejército alemán en su "Operación Barbarroja" tuvo 24 horas de perplejidad e inacción por parte del enemigo a su favor.
Recordemos quién inicia, en cambio, la desastrosa invasión a Rusia, que va a terminar con la Gran Armada napoleónica: es Alejandro I, el hermoso y joven cultivado, es el admirado zar ruso, quien ofende mortalmente a Napoleón al romper los tratados de Tilsit y revelar su íntimo desprecio. Se parecen, es cierto, en el frente ruso, las estrategias de abandonar el territorio dejándolo desierto, pero esa estrategia de las estepas antecedía al Zar.
Napoleón inspira a Nietzsche, el dandista individualista al que solo los franceses pueden torcer hasta la izquierda, la figura del Übermensch. Como heredero de la Revolución Francesa y representante del siglo de las luces, Napoleón fue saludado por Goethe, Hegel dice que es "el Espíritu yendo a caballo", Beethoven le dedica una sinfonía, en fin: cree moverse de acuerdo al progreso civilizatorio, manda a erigir en Polonia una estatua a Copérnico, lleva en su expedición a Egipto a un grupo de científicos, que descubrirán la Piedra de Rosetta. A Napoleón lo sorprende grandemente la insurrección popular de su conquistada España, porque parte de la base de ser un Alejandro, aliando a la nobleza de la guerra y al amor a la filosofía. Duerme en París bajo la Gioconda, entonces nada reconocida, no desconoce la cultura.
En contraste con el desciframiento de los jerogríficos egipcios debido a Napoleón, el Código Enigma logra ser descifrado por el padre de la computadora, Alan Turing gracias a una serie de caracteres que se repiten en cada comunicación: los del servilismo al dictador "Heil, Hitler".
A Hitler ser amado le interesaba menos que mantener contagiado el odio; a ello dedicó fotografías, clases de oratoria, la propaganda de Goebbels y la filmografía de Leni Riefenstahl. Gestos de demagogía como el de exhumar al hijo de Napoleón y devolverlo a Francia, no le ganaron la simpatía de nadie en Francia. Napoleón no solo no tuvo campos de concentración ni nada parecido: permitió alistarse a los judíos de modo privilegiado.
Cuando Goehring descubre en el Cárpato a un pueblo de origen godo que adoptó el credo mosaico, decide perdonarlos por lo ario de su raza, más allá de lo judío de su religión: el fundamentalismo racista anima el mesiánico martirologio nazi, que decide cargar sobre sus hombros the white man's burden. Las primeras meras expulsiones del país no sirven: Roosvelt no acoge en los EEUU al buque Saint Louis lleno de refugiados que se deciden suicidar: el resto del mundo no es muchísimo menos antisemita que Hitler, solo en un grado no eliminacionista, pero no me los mandes, parece decir.
Nada de este racismo científico que preconiza lo heredado hay en Napoleón: cuando le designa cargos importantes a José no es por la sangre, sino por el cariño, es cierto que uno de los pocos cariños cariñosos que le conocemos. Quiere ascender socialmente a fuerza de su genio militar y desprecia a las monarquías heredadas, que lo rodean de un mundo de dirigentes ineptos.
Valentía tuvieron ambos, el caso del soldado raso nunca ascendido Hitler es el colmo: gana la Medalla de Hierro por su coraje cuando cartero entre las tropas pero no es ascendido por su entonces falta de dotes de liderazgo.
Estrategia maquiavélica, realismo pragmático, astucia al gobernar, también: no es que uno es Aquiles y el otro, Ulises. Allan Bulock polemizó con Trevort Ruppert respecto de si Hitler era un cínico o un convencido únicamente en el plano último de la íntima voluntad que lo regía. Nadie polemiza con nadie respecto del cinismo del que se valió al prometer la paz Hitler, quizá por motivos de pura convicción religiosa acrítica en su finalidad última.
Napoleón prometió a Carlos V y a Fernando VII respectivamente reconocerles el derecho a la corona española, cuando se las arrebató.
Parecidos en la guerra relámpago no veo muchos.
Sin duda el mayor paralelismo es el de establecer contrafácticos, pero tampoco ahí vemos tanto parecido. Si no nacía Hitler, Segunda Guerra Mundial habría habido. Veáse al respecto el genial libro de Keynes "Las consecuencias económicas de la paz", que data de 1919.
Bernardo Wasinkievich
Tal cual, he leído el libro de Keynes y sus conclusiones, basadas en los análisis económicos de los tratados que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial, que evidenciaron palmariamente la posibilidad cierta de que en no más de unos 20 años se produzca otro conflicto producto de la vocación revanchista de la Alemania a la que entonces estaban sometiendo a humillantes obligaciones. En tal sentido, la novela de H. G. Welles "La forma de lo que vendrá", escrita en 1933 ( año de la llegada al poder de Hitler) y llevada al cine en 1936; pronosticaba una dura etapa para la humanidad por guerras de carácter global, iniciadas en 1940 y cuando Adolfo había empezado el rearme a full de Alemania. Aunque el mensaje de esa obra es relativamente optimista respecto a un futuro que se extiende mucho más allá de esa época (año 2106) en la que la tecnología ha logrado solucionar gran parte de los problemas que aquejaban a los habitantes del globo. Más cercanamente, me impactó la miniserie Babylon-Berlin de 2017 en la que además de la trama de los principales personajes, se exhibe claramente el rearme secreto de Alemania, su asociación también secreta con la URSS a fin de entrenar allí a pilotos y tanquistas, el desarrollo solapado de cohetes de largo alcance y el importante desarrollo también secreto de milicias paramilitares; TODO ELLO EN LA TOLERANTE Y DECLAMADAMENTE PACIFISTA REPÚBLICA DE WEIMAR; AÑOS ANTES DE QUE HITLER TOMARA EL PODER. Todo esto en coincidencia con tu conclusión final. Sin meterme a indagar en la retorcida mente del fürer. Saludos 




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