Se viene un libro brillante
Pocos saben que Mel Brooks produjo "El hombre elefante" y con ella, la carrera del director al que contrató, un tal David Lynch.
La razón por la cual pocos lo saben, es que el mismo Mel Brooks quiso que pocos lo supieran: si lo vinculaban a ese drama, esperarían risas.
Me veo en una situación similar para recomendar de corazón el brillante libro de mi querida amiga, porque es un libro muy serio y se espera de este muro lo opuesto. Así que algunas pinceladas de sarcasmo trazaré, cosa de que se sepa en qué parte reír.
Recuerdo que me llamó alborozada para contarme que había terminado su libro de Lacan y le dije que yo nunca pude terminar un libro de Lacan, ante lo cual me colgó y pasaron algunos días sin que me volviera a dirigir el LOGOS.
Profundamente consternado la llamé y le dije que el problema que tenemos con Marx es que no lo leemos en hebreo: tendemos a leerlo de izquierda a derecha.
Entonces me reveló que su libro explica con un hilo conductor hegeliano el encuentro entre Lacan y Marx. Le dije algo absolutamente verdadero: no puedo esperar a tener el libro en mis brazos porque la considero a ella más inteligente que a Lacan...Además no sabía que se habían llegado a conocer Marx y Lacan, tenía entendido que Engels era muy celoso y en cuestiones de intimidad, era "su perra" o su can o su edecán o usaba medias cancán, algo así.
-Sabi-le dije después del abrazo y las felicitaciones cuando nos reunimos en persona-concedeme el honor de escribir el prólogo a tu libro. Sería el octavo prólogo que escribiría y me salen cada vez mejor. Además, puedo traducirlo gratis al alemán y sondear el mercado editorial teutón.
Recuerdo que, con la dulzura con la que la caracteriza, empezó a desgranar las perlas argumentales cual diamantinas facetas, que la estarían haciendo decantar por una alternativa mexicana: -Mirá, Martín. Vos no has leído todavía el libro, del cual no sé si entenderías siquiera el título porque de estos asuntos no sabés una verga y por otra parte a vos no te conoce ni la panadera a la que le comprás los churros todos los días, que tiene que hacer un esfuerzo para reconocerte cuando la saludás.
Tuve que rendirme ante la fuerza argumental.
Como se van a rendir ustedes cuando la lean porque sea o no más inteligente que Lacan, infinitamente más clara es.
Y si una persona tan lúcida como Sabina hizo suyo a Lacan (que es un tema de su vida privada, claro está), estoy seguro de que nos va a hacer emerger como a Afodita de la cabeza de Zeus, a un pensador brillante, adornado con todas las virtudes de Freud: porque mi amiga es curadora en más de un sentido.
Dado que el libro todavía no fue publicado-por un tema de la más elemental discreción, secreto profesional, confidencialidad y porque no se me ocurre ningún chiste, no voy a insinuar el nombre de la magna editorial que lo lanza, pero es realmente excelente, prestigiosa y rigurosa.
Durante la infinita ancestral amistad que me une a la autora habíamos muchas veces mencionado nuestro gran amor e interés por conocer Turquía, los grandes templos y museos y en ocasión de que declaró concluida su ópera prima saqué dos pasajes a Istambul para celebrar con una escapada el logro. Lamentablemente la prestigiosísima editorial no cuenta con correctores a su altura y mi paciente amiga me dijo con la dulzura que siempre tiene lo que podía hacer con los pasajes a Calcuta cuando ella en persona no iba a poder consagrarse a cosa alguna que no fuera el embarcarse en una orgía de perfeccionismo, reformulación, supervisión de cada coma y hacer la puntada final, esmerilar, burilar, pulir, retocar.
Me sentí feliz. No hay gran hombre para el ayudante de cámara, dijo Goethe: la investigadora oficiaría de su propia ayudante de cámara y nos iba a garantizar en persona que su prosa pedagógica nos llegue sin erratas ni máculas.
Así que les comparto fragmentos del prólogo escrito por un especialista y los convoco a refrescar sus lecturas específicas, como para estar preparados para disfrutar de la concisión y sencillez con las que se les van a ir iluminando las pasajes más aparentemente abstrusos de la filosofía, de la economía, de la clínica.
Ustedes pensaran que quiero mucho a mi amiga y por eso exagero. Si ustedes la conocieran sabrían perfectamente que no la puedo querer mucho: que mucho no se deja querer. ¿O no es muy creíble eso?. ¿Me creerían que es muy mala persona, además...? Nadie la quiere, en realidad, es por pura objetividad que digo que aunque a mi juicio tendría que estar presa, escribe bárbaro.
Así que es estrictamente una verdad como un templo grande como una casa de acá a la China que se ve a la legua, más claro echale agua que una apasionada dedicación al pensamiento como la suya, no puede sino prodigarnos un fruto nutritivo, sabroso, aromado, exquisito.
No va a ser mi octavo prólogo pero sí va a ser, ya está siendo el primer libro que no dudo en recomendar sin haberlo devorado aún.
Y me cuido ahora muy bien de apresurarme a comprar pasajes a Bora Bora para celebrar, porque en cualquier momento me sale con que ya está nuevamente abocada e impedida, trabajando en su segundo libro...
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