El apóstata
Francis Veber escribió mucho antes de tener éxito alguno "Le Emmerdeur". Después, adaptó "La jaula de las locas" e hizo, aprovechando su interés en un personaje serio (Depardieu) y otro cómico (Pierre Richard) tres joyas: "Malapata", "Los Compadres" y "Los Fugitivos".Emigró a EEUU donde trató de ayudar a que las remakes tengan éxito. Adaptó con éxito "La cena de los tarados" y escribió "El placard", una obra a mi juicio genial, que inexplicablemente no tuvo remake norteamericana.
Debemos al intento de remake por parte de Billy Wilder con Water Matheau y Jack Lemmon, el retiro definitivo del genio posiblemente máximo del cine.
Para Wilder, recurrir a este guión francés era seguir el consejo de Hitchcock: -después de un gran fracaso cinematográfico, refúgiate en algo seguro, no importando si es un clishé de lo más asquerosamente kitch, run for cover.
"Buddy-Buddy" fue un fracaso aunque contó con la presencia de Klaus Kinski haciendo de sexólogo y burlándose de "Love Story": -Amar es nunca tener que pedir perdón, la eyaculación precoz es siempre tener que pedir perdón.
Desde Victor Hugo vendiendo más "Los Miserables" en EUU que en Francia, desde Adam Smith admirando a los fisiócratas, desde que el "Candido" de Leonard Bernstein y el musical "Los miserables" trascienden sus orígenes, la creatividad gala-pese a intentos de hermetismos crípticos-ha sido siempre felizmente cooptada por los yanquis.
Francis Veber me parece un genio de la comedia por mi típico snobismo argento.
Ya Hannah Arendt demostró que la Revolución Norteamericana fue superior a la Revolución Francesa, ya la preferencia de todos los genios europeos de emigrar a EEUU demostró un horizonte.
Ahora, el gran país capaz reírse de sí mismo, tiene que demostrarnos que advierte en Trump a un payaso.
El país para el cual la democracia y el capitalismo son religión, tiene que demostrarnos que detecta al sacrílego, al hereje, al apóstata.

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