Harold Bloom y la interpretación de las interpretaciones psicoanalíticas

En nuestra comparación entre George Steiner y Harold Bloom un abismo en una valoración puede guiarnos. Para Steiner, Freud es un chanta que incluso insulta a los artistas, a diferencia de Jung.
Harold Bloom se siente fascinado por Freud y lo explica como materialista dualista que retoma a Epicuro, con mucha menos ingenuidad.
A Bloom la idea de que el placer es la reducción de la excitación le parece una revolución que da la espalda a todos los romanticismos. Que la excitación pueda ser algo positivo o negativo, de acuerdo a su cantidad, le parece llevar al terreno de la ciencia lo que era sentimental o metafórico hasta entonces. En esta clase se encarga de aclarar que la noción de "objeto" no es cosificación. Asegura que de haber vivido, Freud se habría encargado de refutar a Lacan.
Un mucho más biografista Steiner revisa cartas de Freud y se encarga de mostrar errores en las citas literarias (atribuye una de Lear a Mabeth).
Siguiendo a Popper, Steiner rechaza toda pretención de cientificidad del psicoanálisis y no dedica tiempo a leerlo. Lo va a utilizar como ejemplo de la prevalencia de los judíos para influír a la sociedad, a despecho de lo que Freud consideraba de su judaísmo.
Bloom está interesado en la conciencia y ve a Shakespeare como un precursor de Freud. Al explicarse a sí mismo un personaje sus motivaciones, puede autoescucharse y rectificarse. Puede pasar de su principio de placer a su principio de realidad, palabras que para Steiner son puro dialecto personal sin sustratos demostrables en la neurofisología.
Si el mejor crítico literario es el que nos permite admirar a autores que en una primera impresión no nos interesarían, vemos aquí una superioridad de Bloom. Aumentada por el hecho de que EEUU ha sido el país que dio al psicoanálisis una recepción entusiasta pero deformada: el pansexualismo abrazado por su publicidad sin entender el sentido amplio de sexualidad.
Muy pocos norteamericanos han hecho justicia a Freud. Susan Sontag es una. Woody Allen es otro, es quien hace dramaturgia freudiana.
También aumenta el mérito de Bloom el hecho de que la tradición americana, emulada de la inglesa, sea eminentemente empirista.
Bloom no ve a Freud como un inesperado metafísico.
Steiner desprecia a Freud, pero por poco metafísico: abraza el sistema de Heidegger, del cual abreva Lacan.
El Freud de Bloom es una lectura personal que en modo alguno resulta universal. Konrad Lorenz se declara freudiano pero monista y deplora el dualismo.
Ninguno de los dos critíca la teoría de Jacques-Pierre en relación al misterio Shakes-peare, dado que ninguno de los dos duda de que Shakespeare escribió las obras de Shakespeare.
Entre los más destacados críticos del siglo que no he nombrado se halla el polaco Marcel Reich Ranicki, que se ocupó de autores alemanes, pero jamás se sintió interesado por Freud. Solo muy alusivamente al analizar "Homo Faber" de Max Frisch habla del complejo de Edipo.
Cuando Freud recibió el Premio Goethe se sintió ninguneado: era un premio literario que lo expulsaba de la ciencia.
Cuando George Steiner ningunea a Freud, no le concede ni siquiera mérito literario, algo que debería explicar su persuasión, especialmente si carece de verdad científica.
A Steiner le interesa la relación cuerpo-alma, la importancia increíble del lenguaje, el problema de la traducción y se pregunta si se vive diferente el hacer el amor en lengua extrajera, etc.
En definitiva: resulta difícil entender por qué a George Steiner no lo fascinó Freud a la vez que es un milagro inexplicable que le haya fascinado Freud a Harold Bloom.
Esta es mi tercera comparación entre los grandes genios eruditos y la tercera en la que prefiero a Bloom. A Steiner lo veo más acomodaticio e hipócrita, a Bloom, sin duda más bruto, más provinciano, pero más genuino, más sensualmente poseído por las lecturas amadas.
Adoro a los críticos literarios arbitrarios y visceralmente sinceros, a los quijotescos que nos obligan a leer a Dulcinea.

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