La psicóloga que me cambió la vida

 

Viajo en el colectivo y escucho que alguien habla alemán. Le pregunto de dónde viene: de Dresde. Vino a bailar tango. Me cuenta que ve que Argentina está mejor. La vez pasada que vino, había dolar blue y economía desordenada. Ahora Argentina está mucho mejor. Alemania en cambio, me dice, es un desastre.
Por increíble cortesía o auténtica cortedad parece decir realmente que Argentina está mejor que Alemania.
Yo no creo que Argentina esté mejor con Milei y sí puedo reconocer que Alemania tuvo épocas mejores: pero ponerlas en un pie de igualdad es como si Pampita le dijera a María Martha Serra Lima que la nota muy flaca...


-Es increíble cómo con este clima no soporto los chistes imbéciles...se ve que el calor me tira abajo

-Y...no te va a tirar para arriba ¿NO?


Recuerdo que la mujer que me dio mi primer beso en la boca se sorprendió mucho de que le tocara el timbre un año después y le dijera que no podía dejar de pensar en ella, soñar con ella. Me dijo que a ella no le pasaba eso conmigo, que para ella no había sido tan importante y que piense que lo que vale no es el primer, sino el último beso. Así que me fui de su casa sin atreverme a confesarle que ella también era mi último beso...


El único país que está a favor de que armen más cosas con IA es Armenia


La gorda se está probando mallas y no le entran. Es la peli del momento: Una va talla tras otra


No sé si que la nombre será para ella un orgullo o una vergüenza, así que no voy a decir quién es. Es psiquiatra.

La fui a ver después de muchos tratamientos infructuosos que no lograban sacarme el permanente gusto amargo en la boca, la penuria por los sinsabores de la vida, la pesadumbre tensa por lo berreta de las tragedias, sin por lo menos cierta respetable grandeza artística.
Tuvimos una única sesión con Silvia, cuyo nombre, como dije antes, no pienso comunicar, porque si bien mi testimonio de gratitud debería servir como halago, mi propia zaparrastrosa figura arrastrándose entre la desidia y los espantos de este mundo podrían rebajar en alguna medida su logro. Uno agradece y dedica el Óscar. Pero si uno vive abajo de un puente sin nada de mosca pese a las muchas moscas, puede sentirse feliz de que la terapeuta halló la causa de la angustia. Lo que no puede hacer es salir a decir que uno le debe todo lo que es porque aún curado de esa espina ¿qué ha llegado a ser uno? Una nada, con una vidita consagrada a indignarse de que Greta no diga nada de que Griselda Siciliani es cornuda, un judío incapaz de incendiar, no ya la Patagonia, sino incluso la casa de la ex. Un desilusionado de los que se desilusionan de que Kafka, el Dios de los angustiados, arruine su carrera escribiendo cartas de la muñeca perdida de una nena que se encontró en la calle. Como si la necesidad de que no se pierda esa muñeca, como si la imposibilidad de sobrellevar ese duelo no fuera el himno a la hipersensibilidad doliente.
Solo quiero decir que hay esperanza para todos los que arrastran una nube de opresión mental cada día.
La terapeuta me preguntó sobre mis ideas, mi infancia, mi recorrido de vida y mis hábitos diarios.
Y dio con la clave.
No me medicó.
Se limitó a una interevención que fue el insight del siglo.
Desde entonces siento alegría de vivir, una inmensa vitalidad, disfruto de las comidas, interactúo sonriente con mis prójimos y la venta de mis tartaletas a la portuguesa se centuplicaron en un treinta por ciento. Ya no escucho tristes tangos, salvo los compuestos cerca de Campana, como "Naranjo en flor", que tiene vitamina C.
Las siete palabras que la especialista me dijo modificaron mi vida para siempre:
-No compres nunca más "Café Instantáneo Arlistán"

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