Los dos mejores críticos literarios del siglo

Suele considerarse a George Steiner siempre como rival de Harold Bloom. ¿Cuál podría ser la razón?
¿Que es un crítico literario erudito que exalta valores tradicionales tal como el norteamericano?
Quizá, que hayan sido contemporáneos.
Steiner parece mucho más adulador que Bloom, salvo para con Shakespeare, pero su adulación es crítica.
Admira a pesar suyo, reconoce el derecho a ser admirado de alguien a quien tendría cosas que objetar.
Ninguno de los dos es un judío ejemplar.
Bloom despacha el tema del Holocausto con una frase maIiciosa "no creo en la religión de seis millones de Jesucristos".
En este video, Steiner lamenta la existencia del Estado Torturador de Israel falseando increíblemente hechos históricos: idealiza al judío previo, al que considera que nunca, a diferencia de otras etnias, humilló o torturó a otro ser humano.
Se ve que nunca leyó a Simone Weil.
Si hubiera que decir cuál es el optimista y cuál el pesimista, Steiner parece siempre reverente: su reverencia solo es envenenada para quienes oímos "a pesar de qué" hay que admirar a alguien.
Bloom, al ser norteamericano es menos sutil.
No tiene empacho alguno en decir que Harry Potter es basura.
Y a pesar de su noción de "la escuela del resentimiento" con la que se anticipó a rechazar el stalinismo de la corrección política, nada refuta más su presunta misoginia que su sugerencia de que la Biblia fue escrita por una mujer judía.
Examinemos sus respectivos libros: Steiner se aventura a muchos horizontes arriesgados, llegando a escribir su libro sobre Hitler atrapado por el Mossad.
Bloom se mantiene en una esfera más restringida.
Habla de autores americanos.
Emerson, Whitman.
Y ante Shakespeare se arrodilla con una devoción idolátrica en la que Steiner no lo acompaña. Nada le critica. Au contraire. Es Shakespeare el padre de nuestra autoconciencia, según él. Una frase de Edmund descubriendo que era amado "vuelve a Freud innecesario".
Steiner no podría suscribir. Freud, como Marx, son para él judíos que muestran la increíble persistencia de una etnia solo comparable a la china. Esto no obstante, Heidegger le parece un genio. Para Bloom, todo el posmodernismo es bullshit.
George Steiner tenía tal potencial y amplitud de curiosidad intelectual, que estudió al principio con Oppenheimer y pudo haber consagrado su talento a las ciencias duras.
Bloom solo podía ser crítico literario, fracasó como actor y muchos etcéteras.
Esto no obstante, Harold Bloom se atreve a decir que el rey está desnudo, que Toni Morrison es un bleff a la que celebran por ser afroamericana y ser mujer.
Jamás obtendríamos una frase parecida de Steiner, que diría un elogio a Toni Morrison y pasaría revista a sus predecesoras y tras una serie de eruditas referencias, seguramente nos convencería mucho más de que Toni Morrison es una imbécil que Harold Bloom al gritárnoslo.
Supongamos que nos preguntaran a quién preferiríamos como padre nuestro.
Bloom parece más cerrado, más limitado, más malvado. Y sin embargo, cuando lo vemos transmitir su entusiasmo por los autores que ama, no conocemos a nadie que nos conmueva más por cómo se nos entrega.
Si yo recibiera un elogio de Harold Bloom me sentiría un dios griego. Si recibiera un elogio de George Steiner, me preguntaría si no me está cargando.
Llegamos ahora al centro, al álgebra, al espejo y a la clave. Mi escritor predilecto es Borges. Ninguno de los dos lo entendió. Steiner le atribuye muchas veces lo opuesto a lo que Borges decía. Para Borges, la traducción de Lawrence de Arabia de "La Ilíada" es buena no porque Lawrence de Arabia tenga autoridad al haber matado, sino porque, más allá de sus "capacidades sagitarias", sabía escribir literatura. Steiner se limita a admirar el prólogo de Lawrence de Arabia, siempre cayendo en la falacia ad hominem. Por eso cuando Eduard Said se burla de él, dice que "se ganó el derecho".
Yo no pretendo valorar la susceptibilidad morbosa femenina como el colmo de la sensibilidad estética, pero los rechazos de Bloom me parecen entrañables ( o visecerales) y los elogios de Steiner, cortesanos.
Quizá convenga quedarnos con ambos. Después de todo, coinciden en que la literatura magnífica nunca va a morir; después de todo, coinciden en que aprender versos de memoria es imprescindible.
Si realmente dos motochorros armados me obligaran a quedarme con uno de los dos, me quedaría con Bloom.
Es simplemente una precaución que tengo contra estafadores: me caen mejor los que se hacen los malos que los que se hacen los buenos...

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