Steiner, el genio que nos ayuda a amar más a Bloom
Tres lecturas de Steiner basadas en una misma exégesis: tanto Marx como Freud como Levi Strauss son mesiánicos, religiosos y su persuasión no se basa en nada científico.
Son críticas bien informadas, que se nutren en Popper y deberían movernos a escándalo. Pero hay algo borgianamente decoroso en el lenguaje de Steiner que hace que sea Bloom el que siempre nos parezca el macho alfa diciéndo algo escandaloso.
¿Cuál podría ser la razón?
Bloom parece el americano bueno de Henry James que no es tan erudito como el europeo pero lo supera en bondad.
Es como si dos bomberos apagaran el incendio de mi casa. Bloom lo apaga y me dice que dice que dice que soy un reverendo imbécil por haber dejado el fuego prendido. Steiner dice que mi incendio es una alegoría de la inextinguible incompletud metafísica de la pregunta por la existencia y que no me llene de autorreproches.
Si a mi cerebro le preguntaran cuál es el mayor maestro debo reconocer que Steiner tiene una curiosidad más amplia. Mi corazón prefiere a Bloom porque hace que amemos la literatura con el cuerpo aunque la mente no sepa balbucear por qué.
Ante Shakespare, Steiner parece el varón que chamuya y Bloom la minita que se entrega.
Soy hijo de un padre muy brillante a nivel intelectual y muy enigmático a nivel emocional.
Quizá eso explique mi misteriosa preferencia por defender a un caprichoso cascarrabias por sobre un aclamado maestro.
No puedo negar que hay mayor crudeza velada en Steiner.
Bloom se hace el malo y Steiner se hace el bueno.
Que me guste más el comparativamente bobo, solo puede atribuirse al erotismo: siempre sentí mayor simpatía hacia Brigitte Bardot que hacia Simone de Bevouvoir
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