El amor que se finge fingido

Soy un militante del imperfeccionismo. Me siento muy representado por el rechazo animal de Aira a corregir. La creatividad avanza desde adentro de uno, desde una parte autodesconocida, como un manantial, una catarata pero del lado brasilero. No hay que interrumpir la macumba poniéndose la gorra del hemisferio cerebral izquierdo, el izquierdismo ya sabemos que lleva a superyoicas purgas del desaforado Ello con insaciable sadismo en nombre del responsable deber. Nietzsche nos llamó a despertar las subterráneas fuerzas que ni sabíamos que teníamos, las que el calor de establo y la moral de esclavo anestesian.
Por supuesto, "calor de esclavo" sería mejor síntesis hegeliana. Porque un esclavo para Hegel no es un sometido, en todo caso con goce masoquista. Desde abajo crece, es el que termina sabiendo, trabajando.
Pensemos en los "trabajos del amor perdidos" como lo diría Shakespeare, en el trabajo de exigencia que el cuerpo le hace al alma y el ánima al organismo según la concepción freudiana de que estas tetas a las que solo les falta que su dueña pare de hablar hacen mal en excitarnos, que la excitación es un mal, un desequilibrio, una distracción de fuerzas, una reducción de los horizontes.
Ese esclavo enamorado se hace el humilde pero es un déspota ingrato.
El enamorado de la chispeante muchacha con la que salen a tomar un helado para charlar acerca de reiki no puede agradecerle que sea confidente y le tienda su cariño, que le franquee el abrazo y convide su inteligencia.
Es un parásito totalitario de afecto que toma cada idiotez que ella diga y la trata de transmutar en genialidad, la elogia con sinceridad de valorarla pero por desesperada y repulsiva necesidad de que ella se ubique en el lugar de la Ontología ausente o al menos acceda a tirarle la goma.
En su despótica pretensión ni siquiera que sea Dios le alcanza, tiene que ser un Dios imposiblemente justo, cosa que ni el verdadero Dios logra más que de a ratos.
En su despótica pretensión ni siquiera que le tire la goma le alcanza, ella tiene que querer tirarle la goma, así como no quiero que vengas mañana a la casa de mis viejos, negro, si vos no querés: quiero que quieras venir, te quiero obligar a que no vengas obligado.
Todas las ceremonias del cortejo, harto más caras de lo que ella cobraría un favor sexual, un trabajo sexual en el sentido en el que Marx lo definiría, allí donde la mercancía con el dinero aparenta dividir aguas entre trabajadoras sexuales explícitas y encubiertas, son para que ella como el paciente del psicoanálisis quiera cambiar, quiera autocomprometerse en esa acción.
Para cambiar una lamparita se necesita un solo psicoanalista pero la lamparita debe querer ser cambiada.
Por eso un clavo saca a otro esclavo y eso es clave.
El morral de esclavo resulta así un carcaj de carcajadas en el que su estoicismo se le autorrevele como expiador de culpas y no se queje, decía pío y ahora ex pío.
Como el canario, el ser humano teme a la libertad.
El esclavo lo es todo menos "incondicional", como se lo ve desde una trasnochada vislumbre de paracaidista polaco empepado. Lo es todo menos incondicional, con la posible excepción de medalla de oro en patinaje artístico sobre hielo en Nebraska, lo admito.
Es por eso que cuando de tanto avanzar como un sonámbulo grabando clases de recorrido tentativo y espontáneo surge una clase lograda, donde la organización de la información no se desvía, ninguna publicidad se requiere para el rendido aplauso de los sibaritas que saben que uno no está con la varita mágica y hace lo que puede pero a veces algo sale especialmente mejor.
Les comparto la que me están diciendo es una clase "brillante". Ya Bernard Shaw con su malvado ingenio logró castrar, capar, deshinchar esa palabra y reducirla a la efervescencia del petardo. En todo caso, no me hago el oso de que con mi amplia frente inteligente soy "brilloso".
Borges como standapero merece este rescate: https://www.youtube.com/watch?v=zBhtEpgATmE



                     
Para una belladona y heroína
Irreal
Majestuosa
Obra cincelada
Por tus delicadas,
Por tus dedicadas
Manos de zafiro:
¡Ay! cómo te admiro
Labor en la que relucen
Los destellos delicados
De brotes y primaveras
Del tiempo que se tomaron
Tus manos de jardinera
Te dejaste convocar
Y no te dejaste perder
Serpenteando ser pensante
tu desconocido poder
En aguas en las que pocos
Seguiste para adelante
Aguas, en la superficie, oscuras
Parieron esas hojas puras
El remanso y la correntada
Te empujaron, solitaria
y elevaste tu brazada
una a una, como ninguna
Incansable buscadora del vocablo
Tomando aire para alentar el esfuerzo
Dándole una patada al "calor de establo"
Indoblegable enfrentadora de lo adverso
Repitiéndote que ya no faltaba tanto
Entre el llanto
La labor no podía inacabarse
Tu misión no sería detenida
Cual orfebre burilaste aquel engarce
Sobre el cual nos inmortalizás tu vida
Seguías adelante, sea como fuera
Dando siempre rienda suelta a tu cabresto
Nada podíamos desde el afuera
Quienes te sentimos tan adentro nuestro
Abrazaste tu misión inexorable
Emprendiste a nado y sola esta locura
Escuchaste para que lo mudo hable
Sola en la maraña fuiste pura
Sola en la maraña fuiste dura
Regulaste la brutal fuerza insistente
Sola en la maraña, transparente
Descorriendo cada torpe veladura
Convergieron todas tus lealtades
Con tus fértiles fuerzas escondidas
Descendiste solitaria hasta el Hades
Te serviste para muy bien de tu herida
Colosal y majestuosa ahora es la estela
Inverosímil, el camino recorrido.
Tu pincel, primoroso con la tela
Se sustrajo incluso hasta a lo sustraído
Impetuosa y determinada
Aquella orilla vislumbrada sonreía
De terminada no tenía nada
Y avanzabas cada noche y cada día
No te achicaron las chicanas
No te amilanaron
Las milanesas
No te detuvieron las tristezas
No te avergonzaste de tus canas
Con brazos y piernas
Con tu tierna calma
Te abriste camino
Con fuerzas del alma
Con muy mala suerte
Con paz y con guerra
Con vida y con muerte
En el aire
En la tierra

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