Robert Duvall, capaz de hacer el papel de ogro
https://youtu.be/MxDtKTClKGI?si=nwCsA4llgDxF8tgL
Hoy despedimos a un actor majestuoso que además aceptaba quedar para el culo, ampliando el rango de su registro.
(...)La escena del basquet tiene lugar en la parte de atrás de la casa. Blythe Danner y los tres pequeños están sentados, alegres y contentos, viendo como Duvall y O'Keefe juegan el uno contra el otro; el primero que llegue a diez, gana.
Todo parece muy idílico, con toda la familia animando al heredero. O'Keefe y Duvall se lanzan amistosos gastes...es el chico el que tiene la pelota, hace una finta, tira y encesta.
1-0 para el hijo.
Duvall agarra el esférico, maniobra y encesta.
1-1.
O'Keefe agarra la bola, hace un movimiento, pasa a Duvall y cuando va a tirar, Duvall lo estrola contra la valla. La familia le dice que es juego sucio, pero O'Keefe dice que no hay falta. La pelota ha entrado, pese al empujón de Duvall.
El hijo va ganando al padre por 2-1.
Ahora hay un pequeño fundido y estamos con el juego más avanzado.
El resultado es 8-6 a favor del padre.
Cuando emboca, Duvall grita: "Y ahora ¿quién está de mi lado?".
La respuesta es rápida y evidente. Todos animan al chico.
La tensión aumenta.
La forma de jugar de Duvall, que ha sido siempre dura, sobrepasa ahora los límites. Es un combate, algo que él conoce bien. Y está ganando.
Y ahora, otro fundido.
El resultado ahora es 9-9.
Duval coge el balón. "Es la última pelota del partido", dice. Dribla y...el gurrumín le fana la pelota.
El chico pica la pelota mientras su viejo le habla, le come la cabeza, lo interna. Dice que nadie en la familia le ha ganado nunca a nada, ni al ajedréz, ni al dominó ni al beisbol.
Su madre le dice que no lo provoque.
El chico sigue picando la pelota. Intenta acercarse al aro y Duvall lo empuja. Intenta por el otro lado, de nuevo lo empuja. Sus hermanos siguen alentándolo...consigue zafarse de un empujón, tira y ¡adentro!.
Se terminó, el chico ganó 10-9.
Duvall está ahí, rebotando la bola, frustrado, cuando su esposa y sus otros hijos se acercan al hijo mayor para felicitarlo. Una de las nenas se acerca a Duvall y dice: "Papi, jugaste muy bien".
Entonces Duvall dice: "Fuera de mi vista, si no querés que te saque todas las pecas de tu jeta y te rompa la nariz". La niña se echa a llorar aterrorizada y se mete en la casa.
Entonces Duvall le dice al chico que el juego no terminó, que esa fue sólo la primer parte.
El muchacho dice que esas no eran las reglas.
Duvall insiste.
El chico duda, deseoso de ceder, pero Blythe Danner interviene y le dice a Duvall que no, que el chico ha ganado y que no hay que hacer trampas.
Le tira la pelota a ella, le dice que se meta la lengua en el culo si no quiere que de una patada en el orto la mande a Nigeria por meterse en lo que no le incumbe.
Sorprendida, muy ofendida, entra también en la casa. Él insulta a los dos otros chicos que no tardan en desaparecer.
El padre y el hijo están solos en el patio, frente a frente, parados, pero ahora el pibe cambió de opinión. No quiere jugar más, porque su papá no está haciendo las cosas bien.
Duvall dice: "Maricón, sos un pollerudo, un nene de mamá, andá con tu mamita a lloriquear, no querés jugar porque tenés miedo, estoy escuchando el Chicken Dance, pluma, pluma gay".
Le pega un pelotazo en la cabeza una y otra vez y le grita: "Cómo arrugás, cagón, nunca vas a ser un macho de verdad, bancate el desquite, concedéme la revancha, ganaste de casualidad, porque tenés un ojete inmenso como el culo de puta de tu mamá, conducto exclusivo por el cual le tendría que haber dado masa para no traer al mundo pusilánimes cobardes como vos, mariconazo puto de mierda, corré, dale ".
El chico está perplejo y con una vena y un veneno así y se da vuelta y entra en la casa. Duvall lo sigue y sube con él las escaleras mientras continúa picándole la bola en la nuca: "Estás por llorar a la una, estás por llorar a las dos..." y los primeros tiros no eran precisamente cariñosos pero los de ahora son posta bastante heavy metal.
Finalmente llegan a la puerta de la habitación del vástago y están por un momento frente a frente: "sos la más femenina de mis hijitas, de mis mujercitas" dice Duvall. El hijo, por fín, explota: "Esta supuesta nenita, papi, acaba de hacertela mandar a guardar con todas las de la ley, macho al cual ya se le pasó el cuarto de hora y todavía no se avivó"
Esta escena era brillante y conmovedora, llena del conocimiento de lo que es el amor y la frustración familiares, el odio, la sabiduría de mostrar la proximidad que hay entre ambas cosas y cómo se pasa de una a otra sin darse cuenta. Y sobre el hecho de madurar,hacerse adulto y hacerse viejo, batallas que no pueden ni ganarse ni perderse, sólo luchar y luchar hasta la muerte.
Bendigo a los guionistas y sobre todo a Robert Duvall, porque si uno es guionista y escribe esa escena hay un hecho que nunca debe olvidarse:
Ninguna estrella importante querrá interpretarla jamás.
¿Por qué?
Por dos razones: Una, el tipo es un perdedor. Y dos, el tipo es una mierda de persona, un sorete, un reverendo hijo de puta cuando pierde.
Sabemos perfectamente que el personaje de Duvall es, ante todo, el de un héroe. Y nuestro corazón está con él en la película. Pero no somos estrellas y las estrellas no piensan de esa manera.
Por supuesto que no exigirán que se suprima la escena de la película. Pero lo que harán será insistir amablemente en unos cambios insignificantes.
Antes de que empiece el partido, agreguemos algo como esto:
DUVALL. Entra en el salón de la casa, con la pelota de basquet en la mano. BLYTHE DANNER se sienta silenciosa en una silla
DUVALL
Che, mi amor, voy a jugar con el chico un partido uno contra uno un mano-a mano ¿querés venir a verlo?
(Ella no dice nada, pero mira tranquila por la ventana, como emocionada)
¿Te pasa algo, mi vida?¿en qué pensás?
DANNER
(sus palabras de angustia brotan a raudales)
Ay, churri, estoy preocupada por nuestro hijo: es fuerte, va a ser un atleta del carajo, pero cada vez que tiene que competir con otros en la escuela hay algo que no funciona, se deja ganar
(sacudiendo la cabeza)
no sé por qué le falta confianza en sí mismo
DUVALL
El complejo de inferioridad de toda la vida ¿nocierto?
DANNER
Me pregunto si alguna vez el Dr. Abadi se lo va a curar
DUVALL
¿Te parece que soy demasiado exigente con él?
DANNER
Para nada, papurri. Sos un padre maravilloso.
DUVALL
Ya sabés que nunca me pudo ganar
DANNER
Y nunca va a poder
DUVALL
(Una larga pausa, después, pensativo...)
Bueno, eso no se sabe...Algún día tendrá que ser
En otras palabras, la estrella podrá perder si-un gran si y sólo sí-sabemos que si lo quisiera, podría ganar. Con tal que pueda hacerle un guiño al público y decirles que sigue siendo el que más huevos tiene de todo el barrio, puede perder, incluso sin ofuscarse.
Y puede hacer rebotar la pelota en la cabeza de su hijo todas las veces que quiera si se incluye una secuencia como la que sigue, antes de hacerlo:
FUNDE A
DUVALL: Entra en la cocina después del partido, se sirve un poco de té con hielo. BLYTHE DANNER está de pie en silencio en un rincón.
DUVALL: ¿Vistes, vieja, que lo iba a sacar bueno?¡la descosió, casi ni tuve que dejarme!. Mañana en la escuela les va a pintar la cara a los compañeritos, ése es mi pollo, hijo'e tigre...
DANNER: Ammore, estoy preocupada por el chico- está como encapsulado en sí mismo, como bloqueado o ensimismado, como si tuviera miedo a expresarse. Hay una gran persona, una vastísima riqueza interior y una calidad humana extraordinarias encerradas en él, pero me asusta pensar que viva contenido, incapaz de sacar afuera sus afectos, o incluso de exteriorizar la rabia, siempre se queda con un nudo en la garganta y se encoge de hombros y razona que Borges y Sócrates no condescenderían a la irascibilidad...
DUVALL: La misma represión de siempre ¿no?
DANNER: Me pregunto si alguna vez el Licenciado Abadi podrá gradualmente hacerlo más extrovertido...
DUVALL: ¿Te parece que soy demasiado dominante con él?
DANNER: No, ni mierda. Sos un papá perfecto, tal vez yo lo apañe demasiado o lo intimiden mis estallidos de furia.
DUVALL: Bueno, mi amor, lo cierto es que nunca me faltó el respeto.
DANNER: Y nunca te lo va a faltar, ni por puta
DUVALL
(Larga pausa, después, pensativo)
-Bueno, eso no se sabe, algún día va a tener que ser...
Goldman, William, Las aventuras de un guionista en Hollywood, Plot Ediciones, Madrid, 1992

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