A la vejez, viruela: mil quinientos millones de vidas salvadas por una gallega olvidada


Sócrates fue considerado el hombre más sabio del mundo por el oráculo de Apolo de Delfos (centro del universo) porque era el único conciente de la infinitud de su ignorancia.

Ser sabio es no tanto saber mucho como advertir lo mucho más que no se sabe.

Cuando asentimos alborozados ante esta noción, creemos que sabemos todo lo que la humanidad llegó a saber hasta ahora, pero neciamente negamos que haya tantísimos saberes que indagar, investigar y explorar: esa es nuestra tendencia.

No tendemos a creer que lo que sabemos es que Andrea del Boca ahora está en decadencia pero no qué motivó el ascenso del reino carolíngeo.

Admitimos que sabemos un par de cosas y nos faltan otras: no es tan fácil reconocer que hemos llenado de información banal nuestra cabeza y que ignoramos incluso saberes que la humanidad ya conoce perfectamente y son inspiradores y trascendentales pero las endorfinas estaban con Cacho Castaña escondido en el capó del coche de Susana saliendo con Monzón más que en la solución del último teorema de Fermat.

Incluso si googleamos "Isabel Zendal" no aparece la proeza que salvó a una cantidad de millones de seres humanos de la viruela cuyo cálculo es árduo, sino noticias de cuándo podés pedir un turno en el hospital "Isabel Zendal". 

Es como si la gente no supiera quién fue San Martin y entonces hacen una estatua pero la estatua aparece en google para indicar a cuántas palomas podés ir a alimentar.

Nadie sabe quién fue Isabel Zendal. 

Menos se va a saber ahora, que Argentina abandonó a la Organización Mundial de la Salud.

Voy a tratar de hacerla famosa: un inglés viendo que quienes ordeñaban vacas no se contagiaban la viruela, descubrió la vacuna, cuyo nombre arrastra su origen, el de las vacas. Le inoculó a su jardinero la viruela bovina, que inmuniza de la viruela humana. No necesito hacer famoso a Edward Jenner, los ingleses tienen mejores agentes de prensa.

La viruela mataba a 400 mil europeos al año y en América, más.

Una gallega acompaña una expedición que decide que para llevar la vacuna a América tiene que seguir el plan de Francisco Javier Balmis, el mejor vacunador de España, nacido en Alicante: llevar "envases humanos", si no, no llega viva. No pueden ser soldados, deben ser niños-explica el médico justo en el momento en que el progresismo reconoce a la infancia.

No quiero ser maniqueo: Balmis era un bruto, ajeno a toda sensibilidad y empatía hacia los niños. Si no lo hubiera sido, no se le habría ocurrido usarlos como transporte.

La historia de los grandes dominadores de la historia es también la historia de los grandes inescrupulosos. La historia la escriben los ganadores y creemos que Churchill fue un ángel porque Hitler fue un demonio. Lo cierto es que en la competencia entre patoterismos y psicopateos inescrupulosos, finalmente la Armada Invencible sucumbe ante Gran Bretaña, no porque fuera más "civilizada".

Veintidós niños expósitos se van a pasar la vacuna de brazo en brazo cada diez días. La "Real Expedición Filantrópica de la Vacuna" es financiada por Carlos IV pero precisa una nodriza, una enfermera, una madrastra. 

Isabel Zendal accede a ir, solo si le permiten llevar a su propio hijo, Benito, de nueve años, de quien por nada del mundo se separaría. 

El 30 de noviembre de 1803, la corveta María Pita partió de La Coruña. Llegaron a Puerto Rico, fueron a Venezuela, luego a Cuba. Fue la primera campaña de vacunación de la historia y decidieron seguirla: Filipinas primero y China después.

Vacunaron a veinticinco mil personas.

Isabel Zendal, tras una labor que recién la OMS reconocería en 1950, se quedó a vivir en Puebla, México.

La viruela era hasta entonces el mayor asesino de la humanidad, el emperador de Japón, Luis XV y la dinastía de los Habsburgo murieron por viruela-no habría Borbones sin viruela.

Carlos IV, cuyo hija había quedado ciega por la viruela y su hermano había muerto por viruela-España sufrió más muertes por la viruela que por todos los ataques sumados en la historia de ingleses, franceses, etc- recibe una carta desesperada desde El Cabildo de Santa Fé de Bogotá, pidiendo ayuda porque el Virrey no da dinero para nuevos hospitales y cementerios ante la epidemia de viruela.

Carlos IV ya había recibido muchísimos pedidos de ayuda para combatir en América la viruela, porque mataba a los indígenas, la mano de obra.

Se suele decir que el 90 por ciento de los originarios murieron por el choque microbiano y que los españoles "sifilizaron" más que "civilizaron" América. El principal causante de muertes indígenas era la viruela, masivamente extendida desde que un esclavo negro llevado por Pánfilo de Narváez la inaugurara en el Nuevo Continente.

Nadie recuerda esta proeza española, ni siquiera en España.

Sí se recuerda el alunizaje que ¿para qué sirvió?

Se recuerda el alunizaje gracias a los haters.

Gracias a que mucha gente me dice que no cree que haya existido.

Espero entonces que pronto haya negadores de la Expedición Filantrópica de Vacunación, para hacerla famosa.

Quizá vos no habrías nacido sin esto.

Quizá tus ancestros habrían muerto de viruela.

Le debés tu vida a una acción heróica que desconocías, pero se la agradecés al Gauchito Gil.

No te lo digo como reproche, al contrario: quiero que agradezcas el improbable regalo de que hoy existís mucho más si pensás en lo improbable que es. O que te consueles de que estás por morirte, sabiendo que debiste haber muerto mucho antes...

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