Irma la douce



 Tras ver "Breve Encuentro" de David Lean, su rival, Wilder pensó en el tipo que prestaba su departamento y escribió "Piso de soltero", que resultó ¡involuntariamente! su obra maestra.

Los interpretes son su amado Jack Lemmon, que después de Chaplin logra mejor que nadie que el público sepa lo que está sintiendo y la única mujer a la que Warren Beatty no se pasó a valores porque es su hermana.

"Irma, la dulce" fue concebida fundamentalmente para Charles Laughton, a quien Wider, rompiendo su regla de oro de nunca decir algo así para no enemistarse con los demás, consideraba el mejor actor del mundo. 

El centro era el personaje del dueño del bar, Moustache. 

Laughton aceptó el papel y le dijo que estaba circunstancialmente padeciendo una úlcera. Wilder se hizo el tonto, aunque sabía que era cáncer y lo visitó y ensayó con él el papel. Laughton fue enterrado con un gran bigote, que dejó que creciera para este rol. 

Wilder dijo que la mejor actuación que hizo Laughton en su vida fue fingir que no estaba tan enfermo como estaba.

El centro de esta adaptación de una obra teatral ,pasa a ser ahora la prostituta Irma, y Elizabeth Taylor anuncia que ya firmó para ser la protagonista. 

La mismísima Elyzabeth Taylor que había impedido a Shirley MacLane ganar su merecido Óscar por "Piso de soltero", no por una gran actuación, sino por haber sobrevivido-teniendo a Hollywood en vilo-a una traqueotomía.

Wilder estaba contratado por los Mirish Brothers, que le bajaron el pulgar a Brigitte Bardot. 

Trató de tener entonces por tercera vez a Marilyn y cuando le recordaron las pestes que habló de ella dijo que lo dijo bajo efectos de barbitúricos y que es verdad que ella no se aprendía sus líneas pero cualquiera puede aprenderse como un loro sus líneas, etc.

Finalmente es Shirley quien protagoniza a Irma. 

Una decisión que hace mucho más romántico todo. 

André Previn, el músico que se casó con Mia Farrow, esposa de Woody y de Sinatra, se sorprendió de que el más cínico de los directores le pidiera glamour, sensualidad lánguida y romanticismo.

Originalmente pensada como musical, al revisar las dailies, Wilder fue suprimiendo una a una las canciones. 

Hubiera querido, además, hacerla en blanco y negro pero allí donde Guillermo Cóppola triunfa, diciendo a Enzo Ferrari que Maradona la quiere negra, Wilder se hundió.

El argumento es hermoso. 

Un policía es despedido de la policía por arrestar prostitutas que son uno de los negocios de toda comisaría. 

Se involucra  accidentalmente en una pelea con un cafishio y en una escena chaplinesca, lo caga a puñetes. 

La prostituta está feliz de cambiar de gigoló. 

El nuevo gigoló pretende trabajar y ella-en una de las escenas más graciosas de la historia de la comedia, llora patéticamente: -me hacés sentír cheap, como que no te puedo mantener.

El accidental proxeneta está enamorado de su prostituta y lejos de verla como a una ubre de vaca a la que ordeñar, sufre de celos. 

Quizá sea la posesividad, después de todo, el motivo de que en esta era contemporánea de Tinder no haya tanto deseo, ni tanta ilusión, porque ya la monogamia está interdicta.

Decide convertirse en el millonario cliente que le paga tanto, que ella no necesita trabajar más. 

Se disfraza de inglés con varias bromas-contra David Lean, entre muchas, dice que se le cayó el puente sobre el río Kwai encima de su cabeza. 

Que a Moustache se lo designe como ladrón de gallinas rumano llamado Constantinescu es una broma que nadie puede entender: es un autohomenaje a una película olvidada que había filmado en Austria: Frauen ohne Träume. Billy Wilder solo con esto, nos muestra que pertenece a la estirpe de artistas que hallan su inspiración como Borges, dialogando y contestándose a sí mismos, sin importarle sobreadaptarse a las convenciones: el primer lector o espectador tiene que ser uno mismo y hacerse reír a uno mismo vale más que un Nobel o un Óscar porque nada saborea quien a sí mismo no se disfruta.

La Escuela de Palo Alto, escuela psicológica social de Paul Watzlawik, adora, junto al dictuum grouchiano de que no aceptaría formar parte de un club que lo aceptara como socio, otra paradoja lógica como la de Bertrand Russell y los barberos que no se afeitan a sí mismos y los catálogos que no se incluyen: el cliente de la prostituta que es el mismísimo cafishio celoso para evitar que se acueste con otro. 

La prostitución ha sido vastamente tratada por el arte. 

Bernard Shaw en "La profesión de la señora Warren" es, quizá, como eternamente le reprocha Freud, el más puritano y menos sexual de todos los que abordaron este tema. "Irma, la dulce" es también infinitamente menos erótica que "Bésame, estúpido" o "La comezón del séptimo año" o "Con faldas y a lo loco".

Cristo con María Magdalena, Wilde con su epigrama, Kipling con su maravilloso cuento de la prostituta que inspira elevados pensamientos al protagonista-que ignora su profesión-, la gran comedia italiana "Mediterráneo", Woody con "Poderosa Afrodita" y con la negra de "Deconstructing Harry", además del cuento de Fontanarrosa del debut en el que la trabajadora sexual le dice al adolescente "los reyes son los padres", son algunas de las primeras manifestaciones artísticas que vienen a mi cabeza y se ocuparon de este tópico.

El cine nacional tiene sobradas muestras:  somos, después de todo, un país que fue pionero y famoso por sus burdeles. 

Recuerdo que Arthur Koestler estaba horrorizado de la lealtad que sentían las prostitutas ante sus "dueños", seres maltratadores y abyectos. 

Aseguró que Dostoievsky era limitado al no hablar de eso y creerse existencialista y denunciador de la opresión.

El cinismo porteño ha acuñado una noción de la prostitución contraria al matrimonio. 

Así como se dice que la diferencia entre hacer el amor y defecar es que no hay que abrazar después al inodoro, se suele asegurar que el dinero no es por el servicio en sí, sino porque después de acometido el acto sexual, la chica se retira, no te cuenta que tiene un problema de goteras en su monoambiente y que su ex la acosa y que su madre quiere que le de nietos y que todos los judíos empiezan las guerras y que es un signo de agua y que la que era su mejor amiga la cagó y que Borges le parece frío y sin sangre y que deberías usar otra ropa y que Riquelme se cogió de parado a Macri-si bien Boca juega para el mismísimo orto, y que su hermana tiene mejores tetas pero ella piensa que es mejor tener un buen culo...

La gran crítica de cine Pauline Kael, INFALIBE EN EL ERROR, atacó esta joya por vulgar y guaranga, preguntándose cómo Lemmon y MacLane después de leer semejante obsceno guión accedieron a actuar en esta película. 

Marcuse, Foucault, Althusser, Wilhelm Reich, Adorno y Lacan trataron de unir a Freud-que dice que todo es sexo- y a Marx, que dice que todo es dinero.

Nadie mostró mejor la irreconciabilidad que el cotidiano discurso porteño, al llamar "puta" a una mujer fogosa, incontinente, calentona, siendo que "puta" es aquella que domeña su calentura y la pone al servicio profesional del comercio.

Vean, aunque se acuerden del apotegma "la mujer más cara es la que no cobra", esta comedia divina,que garpa.      


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