Paul, el más admirado pero aún así infravalorado


 Haya sido Yoko o no la que destruyó The Beatles, no cabe duda de que fue una decisión de John Lennon.

Paul no lo podía creer.

Así que trató de seguir adelante solo. 

Iba a ser un alcohólico cuando Linda lo rescató-como la esposa de Michael Caine a Michael Caine, que estaba dispuesto a buscarla en Brasil sin saber que era hindú y vivía en Londres.

Cada vez que me preguntan si prefiero a Los Beatles o a los Rollings Stones respondo que a Los Beatles, a quien mis padres me prohibían oír, pero veo más cercanos a Bach. 

Cada vez que me preguntan si prefiero a John o a Paul, me avergüenzo al responder, porque a quien más admiro es a Charly García, que obviamente prefiere a John. Yo prefiero a Paul. A tal punto que considero a Charly un gran impostador de la desmesura y la rebeldía, pero apolíneo.

Creo que musicalmente es mejor Paul. Y que el amor a John se debe a su actitud rebelde.

Siempre pienso al artista nada separado de su compromiso moral: a John se lo admira por lo rebelde, yo pienso que si el mundo se caracterizara por personas parecidas a Paul, sería mejor que si el mundo fuera gobernado por Lennon.

Que alguien no se oponga al sistema no significa que no se pronuncia: significa que ama el mundo tal cual es, con rosas hermosas, atardeceres, besos en la boca y chocolate.

Paul es para mí como Whitman y Chesterton. 

John es una hermosa y sugerente promesa de alternativa imposible. 

Las que hemos conocido hasta ahora no fueron mejor que Stalin, el Shá de Persia, etc.

"The Beatles" es la mejor banda de la historia acaso porque hegelianamente se nutrió de dos antagonistas.

Goethe nunca se arrepintió de haber escrito el "Werther" que provocó más de doscientos suicidios. 

Scorsese nunca lamentó que "Taxi Driver" inspirara un atentado a Reagan. 

Sallinger, menos, que nadie consideró su responsabilidad que un imbécil viera en sus palabras las razones para disparar contra John Lennon.

El increíble declarador de que son más grandes que Jesús termina asesinado como mártir.

Pero podemos imaginar cómo hubiera seguido la carrera de Lennon, que ya mostraba megalomanía y decadencia y siempre el motor del resentimiento, antes de que como Jesús mismo y Jeams Deam y Lorca y Marilyn sea un idealizado.

Basta con ver sus canciones contra Paul y contra Dylan. 

Fue un artista motorizado por la furia.

Es tan complejo el arte que Goethe resulta más fuerte que Beethoven, según Nietzsche.

Y Verlaine, para Theodor Adorno, más contestatario que Sartre.

Si Dios me diera a elegir entre reencarnar en John o en Paul preferiría ser Paul.

También preferiría que Paul fuera mi padre a que lo fuera John: de hecho, lo fue del primer hijo de John, mucho más que John.

¿Eso me vuelve tibio?

Es tibia la reacción contra la categoría de "tibió" que instauró el cristianismo, inaugurada por un Jesús cabrón maniqueísta llenándose la boca de "amor" y maldiciendo la higuera y expulsando a los mercaderes.

En la bizarra, laberíntica, inesperada historia de "The Beatles", lo rebelde y lo cursi se muestran a la par.

Simbolizan mucho más de lo que pretenden simbolizar: solo les interesa mejorar la técnica como a los grandes artistas llamados por una vocación, que no se rigen por la demanda del público.

Su éxito comercial es como el de Spielberg: no han querido desobeder la ínitma voz interior, pero resulta universal.

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