Testigo de cargo: una obra maestra que sigue obrando maestría
Borges dijo que el género policial creó un tipo de lector suspicaz. Lo que no agregó es que creó un tipo de escritor detallista. Billy Wilder siempre fue un director detallista, también en sus comedias, iluminadas por el espíritu de Lubitsch.
"Testigo de cargo" es una obra maestra del género.
El suspenso es tan logrado, que si no me hubieran dicho que la dirigió Wilder, habría creído que la dirigió Hitchcock.
Fue la segunda realización de Wilder, después de "Berlín Occidente" con la Dietrich, profunda y longeva amiga y cómplice. Es ella quien lo convoca a dirigirla. Son raros los casos de grandes actores convocando a grandes directores. Cuando sucede, logran su mejor actuación. Por ejemplo, Leo Di Caprio convocando a Scorsesse para "El lobo de Wall Street".
Es la última con Charles Laughton, a quien hubiera querido tener como Moustache en "Irma, la dulce", pero ya estaba gravemente enfermo. Le había propuesto hacer "Coronel Redl" pero Laughton no quería hacer el papel de homosexual, ya que lo era y quería mantenerlo en secreto. El film sería llevado a cabo de un modo ineficaz por István Sbavo: todos los films que no logró hacer Wilder fueron hechos peor y me atrevo a incluir entre ellos a "La lista de Schindler"-salvo para admiradores del Spielberg que hace encuadres.
El film fue candidato a seis Óscars, pero el que debió ganar Marlene no pudo ser por culpa de ciertos tecnicismos para ocultar el final, que sería spoilear decir ahora.
Agatha Christie la va a considerar la mejor adaptación al cine de todas cuantas se hicieron de sus novelas. Wilder nunca se pareció más a Shakespeare, único dramaturgo capaz de ser genial con comedias y con tragedias: agrega un personaje, que en todas las ulteriores adaptaciones se conservará.
Ni los actores sabían el final, Wilder les dio las últimas diez páginas del guión solo al filmarlas.
Marlene está más brillante que nunca porque hace de ella misma.
Tiene a falta de una, dos entradas triunfales. La primera para sorprendernos por lo fría que es, la segunda, en el flashback para que le rasguen el pantalón y se vean sus piernas, sorprendiéndonos de cómo nos puede calentar.
Tyrone Power era una estrella, pero Fred MacMurray también y resultó un asesino en Double Indemnity: no podíamos asegurar que era inocente.
Dada la existencia de celulares que nos dispersan, hoy toda película tiene que tener una historia paralela. Wilder aquí nos entretiene no solo con el argumento principal, sino con el abogado defensor en rehabilitación escondiendo y robando subrepticiamente cigarros.
No dejen de disfrutarla-en este momento en Amazon Prime-.
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