España y Gran Bretaña como formas complemetarias de posición subjetiva
Ante los aniversarios de Cervantes y Shakespeare, participé en muchos foros hasta terminar pensando que Inglaterra y España son dos modos de habitar una identidad humana muy diferente.
Soy un estudioso del humor y si tengo que comparar a Óscar Wilde con Gila, puedo establecer un antagonismo dicotómico muy claro: los ingleses son alusivos y los españoles explícitos: los ingleses son los maestros de lo indirecto y los españoles los genios de lo burdamente guarango.
Claro que no pasa eso con "Quijote" versus "Hamlet".
Ni con el perseverante, tesonero, obsecado, cabezadura, gallego bruto de Churchill.
Franco parece inglés en esto de por un lado matar a sus comunistas en España y por otro, ayudar a Fidel Castro, de sangre gallega.
Newton es el más grande físico de la historia pero dedicó menos años a la física que a la teología, como un español.
Santiago Ramón y Cajal tuvo el estoicismo, la humildad y la sagacidad británicas para descubrir cómo revelar mediante tinción con plata la silueta de la neurona.
El "Tristram Shandy" que inspira el "Felix&Scorpion" a Marx, nace de Cervantes, pero no menos de Dickens que pone el foco en la infancia. Solo un país protestante o anglicano o calvinista ve en la infancia la determinación: la católica España no piensa nunca en la infancia, que Freud elevará a guía.
Harold Bloom no niega la grandeza de Freud: solo sugiere que todo está en Shakespeare. En Cervantes, la sátira al amor cortés es puritana, pacata, pupilar. Shakespeare es pansexualista avant la lettre, en "Othello" se dice "prepara tus piernas de ovejita para que el lobo negro te penetre" y "remedar el animal de dos espaldas" entre largos etcéteras. De haber valorado a Lacan, Bloom pudo haber dicho que en Shakespeare se encuentra incluso la superación al Freud que hace de la calentura el sentido de la vida: es en el lenguaje, que al hablar de lo que se siente, el individuo comprende de pronto su error.
No hay realmente en ciencias muchos Nóbeles españoles. Sí en literatura. El Imperio en el que no se posa el sol, descubre América y solo le sirve para llenarse de un oro que genera inflación y problemas. La Revolución Industrial, que pudo haber sido encabezada por Francia, pero un número de trusts y lobbies lo impidieron, hicieron grande al Reino Unido. España, en guerra civil que diezma a genios, genera a Dalí y a Picasso después de Velázquez, superiores a Turner y sus rivales. En música, España supera también a Inglaterra, tanto en folklore como en clasicismo. Berckeley, Hobbes, Locke y Hume superan una filosofía española enmarañada en la teología: Unamuno y Ortega y Gasset, inspiran a Pirandello y a Heidegger.
Buñuel en cine es el único gran español admirable, inspirado en el surralismo francés que cree haberse inspirado en Freud, que según Bloom "le chupó todo al Bardo".
Bertrand Russell y Chesterton se enfrentaron en un debate acerca de si era mejor la familia o la escuela para educar al niño, pero coincidieron en que la ciencia es objetiva y cosmopolita y el arte subjetivo y pasible de narcisismos irrefutables: si soy un bombero que no apaga el incendio o un médico que mata al paciente no puedo decir que la sociedad burguesa no ha comprendido mi genialidad aunque el paciente haya muerto y la casa se haya incendiado.
La católica España, celebrada en el poema "Lepanto" por Chesterton, es un complemento casi milimétrico a la anglicana Inglaterra. Especialmente porque Inglaterra cultiva una severidad de la cortesía impostada en la que íntimamente no cree y España un amor a la misa y todos los rituales cristianos, mientras que en ningún país se coge más y mejor y sin culpa...
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