La pistola desnuda sus falencias

 




La nueva versión de "La pistola desnuda", recientemente estrenada en Netflix y a cargo de Seth MacFarlane no es realmente buena. 

Ni es mejor que la original, ni es lo que podríamos esperar de él. 

Recordemos que Seth es responsable de nada menos que "Padre de familia", "American Dad", el film "Ted", la majestuosa presentación del Óscar levantando la barrera de la represión a la estudiantina pajera diciendo a cada celebrity con su tendenci al musical "en tal película te vi las tetas" y productor de la nueva "Cosmos", amén de "The Orwell".

Bebe de Woody Allen en su admiración por el humor disparatado, pero a diferencia del que remeda el personaje de antihéroe siendo realmente una "persona" querible por su exhibicionismo de indefensión vulnerable, es un tipo buen mozo, sexy, gran cantante y pianista y super millonario, como el marido de Pola Oloixarax, lo cual posiciona a ambos, desde el vamos, en un lugar de despreocupada canchereada, comentario bastante idiota de mi parte siendo que no hay en casi toda la historia de la filosofía y del arte y de la ciencia, ejemplos de gente que sufrió real pobreza.

Cuando empecé a dar mis cursos de humor en el Rojas, me sorprendió que la "Revista Barcelona" atacara a los "Les Luthiers" y Robin Williams a Steve Martin y Esteban Podetti a Malena Pichot y "South Park" a "Padre de familia" hasta que leí "La agresión, el pretendido mal" de Konrad Lorenz y comprendí que odiamos a quien ocupa nuestro propio territorio, más que al inmoral. 

El ferretero odia más al ferretero rival que a Bin Laden.

Comprendí recién entonces que el resemantizador humor, capaz de infravalorarlo todo, es en sí mismo, infravalorado por ello y terminamos agradeciendo la salvación de nuestra neurosis, solemnemente a Dios.

Comprendí recien entonces, que la sátira no termina cuando algo serio es reducido a risas, porque esas risas pueden ser objeto de burla a su vez. El "Can-can" de Offenbach es farsesco pero en el "El carnaval de los animales" Saint Saens lo hace devenir "lento paso de las tortugas" en ralenti.

La nueva versión de "La pistola desnuda" abunda en gags leves. 

El café permanentemente renovado. 

Muy candoroso humor para señoras. 

Tanto Liam Neeson como Pam Anderson son, como la Pam Grier recuperada por Tarantino, como la Adriana Brodsky recuperada por Martín Bossi, como el Gary Cooper de Billy Wilder, demasiado viejos.

Como Penélope Cruz en "Vicky, Cristina, Barcelona" prolongando el beso después del "corten", como Lauren Bacall con Bogart y Nancy Duplá con Echarri y Araceli con Suar, y Bardot con Tringtinant y Angelina Jolie con Brad Pitt y Benjamín Vicuña con La China, Liam Neeson y Pam Anderson se enamoraron en la vida real.

Cuando Menem salió de la cárcel y tuvo poder, no quiso cogerse a Pampita, sino a Beatriz Salomón, con quien se hacía ancestralmente la paja. 

Seth nos recupera al actor de "Flash Gordon" con la misma lógica en "Ted": fue el ídolo de su propia infancia.

Es como si yo le dijera a mis hijos que no le presten atención al sapo Pepe y oigan a María Elena Walsh, a Martín Karadajián, al "Topo" Gigio.

Al recepcionar el cinismo del último sarcasmo, parecemos siempre marxistas vulgares que creemos en el positivismo. Lo más reciente es mejor. 

Pero no es un determinismo positivista realmente lo que rige la infantil ridiculización del rival.

La versión del "Don Quijote" de Unamuno no le hizo sombra a Cervantes, la nueva "Juevenilia" de Martín Kohan no es mejor que la de Cané, el "Martina Iron" de Cabezón Cámara no va a trascender como Hernández.

Los creadores de "¿Dónde está el piloto?" son como Hitchcock: Brian De Palma quiere ser el sucesor pero no comprende el arcano del suspense como sabido por el espectador y no por el protagonista.

Seth MacFarlane podrá conseguir los derechos para dirigir lo que quiera. Lo que no consigue es entender que Frank Drebin requiere ametralladora de chistes. Deploro que Heinrich Heine haya quemado su libro sobre Hegel. Deploro que Vargas Llosa no haya llegado a escribir su libro sobre Sartre. Deploro que haya sido James Cameron el que filmó el "Titanic" que quería filmar Hitchcock y que Scorsese le haya cedido "La lista de Schindler", que quería filmar Billy Wilder, a Steven Spielberg. 

En este caso puntual, deploro que Seth MacFarlane haya hecho el film que, en manos de los Hermanos Farrelly hubiera sido la gloria.

El cine es la máquina de los sueños, pero incluso la paradisíaca máquina de los sueños se enfrenta a las mismas burocracias y miserias que nuestra vida. Es como si Dios dijera: -Tuve que hacer que tengan pelos en el culo y que el champagne provoque resaca porque  no me dieron el turno en Osecac para el día en que podía estar y al siguiente tenía que ver si Abraham estaba realmente dispuesto a matar a Isaac o solo se hacia el picante.

Levi Strauss postula que el "Edipo" de Sófocles no es más "orginal" que el de Freud: cada mito vale por sí y "El rey león" de Disney nada le debe al "Hamlet" de Shakespeare.

Es ingenuo creer en la originalidad. Todos los movimientos románticos y vanguardísticos creen en la originalidad hasta que comprenden que no se puede decir algo que no se haya intentado decir antes, en la tradición clásica y se vuelven conservadores. La edad de oro que ponían en el futuro, se sitúa ahora en un idealizado pasado irrecuperable. El Walter Benjamin que ansía una Revolución que redima a los muertos del pasado es tan místicamente futurista como Marinetti. El Rousseau que en plena Revolución Francesa dice que el niño era la panacea es tan místicamente pasadista como Frazer. 

Lo cierto es que solo podemos vivir en el presente, profundamente insatisfechos, apocalípticamente consipiraoicos, nostálgicamente idealizadores.

"La pistola desnuda" de los Z.A.Z era buena porque, desconfiando del argumento, llenaba de generosas golosinas humorísiticas cada paso del camino.

La versión de Seth es mala, porque cree en apostar  vagamente a una reminiscencia. Como recordamos, lamentablemente, demasiado bien, la antecesora es mejor.

No es cierto, evidentemente, que todo pasado haya sido mejor. Pero sí fue mejor que el que se homeajea con ligereza. 

Si hay algo bueno que tiene el pasado-y aun el futuro-es que son livianos y no nos están lastimando infinitamente justo ahora.

Convertirlos en superiores, es aumentar nuestros dolores.

Seth MacFarlane fracasa en este emprendimiento para ayudarnos: -también los genios nos equivocamos espantosamente... por mediocre que seas podrías considerar tus fracasos parte de lo indispensable para aprender....

 




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