Acerca de la plasticidad del stand-up
Hace dieciseis años, generalmente en el Centro Cultural Rojas, dicto un curso llamado "Cómo hacer el humor con palabras" al que acuden masivamente jóvenes queriendo aprender a hacer stand-up.
Como enseño el humor en científicos, grandes literatos, filósofos y políticos, suelen pedirme que explique técnicas del monólogo standapero, como la "regla de tres" y el "call-back".
Ciertamente parece ser algo acotado que se circunscribe a un método.
Hasta que escuchamos los monólogos de stand-up de Woody, antihéroe con referencias cultas y preguntas filosóficas tan distinto a George Carlin.
George Carlin no se limita a hacer observaciones sobre la vida cotidiana, exagerarlas y a mostrar que lo que toleramos a diario es insoportable-una dirección del humorismo completamente opuesta a lo que intento, que es que el humor debe proteger, sanar, decomprimir y ayudarnos a anestesiar la sensibilidad para abordar realidades traumáticas.
Y a la vez, el genio de la lógica llevada al extremo irriosorio, Louis C.K, el popperiano transgresor, se considera discípulo de Carlin, algo tan asombroso como que César Aira se considere discípulo de Lamborghini.
Carlin es moralista y milita el ateismo. Louis C.K. perdió su chance de creer en una ilusión y como moralista desencantado, se pregunta, así como Voltaire veía a la humanidad como un entomólogo a las hormigas, si no es admirable el pedófilo en su valentía. Dice que a él le gusta mucho el chocolate Lindt 80% cacao, pero que si le explicaran que todos los seres humanos odian a quien se come ese chocolate, sabría renunciar a él. Esto no obstante, el pedófilo no renuncia a su "golosina".
Esa lógica escandalosa e indefendible, lo inscribe entre los que abrazan el humor que convierte a la realidad en dibujito animado.
Ricky Gervais es un maestro de ambas posibilidades: nos recuerda que una ganadora olímpica solía ser un varón con un humorismo infantil machacón desternillante, pero es también lúcido para explicar por qué la corrección política bienintencionadamente se equivoca.
Dave Chapelle no solo hace chistes excelentes, con el brutal cortocircuito del contraste.
Milita una defensa afroamericana de Bill Cosby aún tras la condena por comprobarse que violó.
Postula a un superhéroe que para acceder a sus superpoderes y salvar vidas, necesite urgentemente tocar una vagina de una transeúnte que pasa.
Reformula el porteño "roban, pero hacen" como "viola, pero salva vidas": el humor, y no el arte, como creyó Wittgenstein, como creyó Heidegger, es lo que se aventura a repensar lo inconcebible, allí donde la filosofía se empantana.
Borges amaba una respuesta que le dieron: -No tengo restricción alguna contra género alguno determinado, excepto el género aburrido.
Condenar per se al stand up es como condenar per se la hamburguesa vegana, como si solo consistiera en aquella horrible versión deshidratada de Granix de mi época.
Sócrates hacía stand-up, Jesús hacía stand-up, no existe el formato menospreciable, solo el público prejuicioso...
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