Escándalo en el Vaticano: revelan que el Papa usó la I.A para escribir la Encíclica

 La encíclica papal ha disparado en los foros académicos en los que participo discutiendo ética y metafísica, una inesperada reivindicación de Heidegger.

Esta insólita condena a la Inteligencia Artificial nos recuerda al Sócrates oponiéndose al alfabeto, al Chesterton oponiéndose a la electricidad y al Bernard Shaw contrario a la vacunación y al darwinismo-por no hablar del imaginario Confucio de Bertrand Shaw que temía apocalípticamente al advenimiento de las carreteras.
Conocemos la acariciadora burla de Woody Allen en "Deconstruyendo a Harry": -entre el Papa y el aire acondicionado, prefiero al aire acondicionado.
Conocemos la acertada pregunta de Gramsci por el Papa usando la radio para transmitir su mensaje retrógrado.
Decir "retrógrado" es una toma de posición decidida: dado que en tanto humanos no sabemos como los animales o los budistas vivir en el hic et nunc, imaginarizamos una edad dorada o bien, como Frazer o Rousseau o Adorno o Benjamin o el tango en el pasado, o bien como el judaismo, que aún espera a su Mesías, las vanguardias en general, el surrealismo en particular, el comunismo científico hegeliano de Marx o la mismísima utopía de Aristóteles en el futuro.
El mensaje del Papa es muy cristiano, en el sentido de que el cristianismo, pese a parecer un panteismo cosmopolita universalista, siempre fue un movimiento introspectivo, una extrema apuesta al individualismo en la economía de la salvación.
Rilke recomienda a su corresponsal bucear en la interioridad.
Schopenhauer, por el contrario, dice que solo nos salva del sufrimiento, escapar del ilusorio yo y entregarnos al arte o al conocimiento objetivo. Nietzsche, que no acierta al homologar al cristianismo con el mucho más budístico platonismo, nos dice que de no haber imaginado que se suicidaba, se hubiera tenido que suicidar: nada hay menos jesucrístico, nada hay más cerca del Moisés que se conforma con que no matemos y no nos exige que no deseeemos matar. Freud y Marx evidencian asimismo su íntimo judaismo al combatir la hegemonía de la subjetividad.
Hemos admirado la lucidez del Papa Benedicto XVI al condenar el relativismo moral, no porque el Papa Benedicto XVI haya sido brillante, sino porque Foucault, Derridá, Lyotard, Rorty y el giro lingüístico posmoderno llevaron a la filosofía al sublime logro intelectual ulterior, al poner en puntas de pie a la mente para superar al sentido común. Que la filosofía se haya vuelto para los fines de la sabiduría práctica tan imbécil como el stalinismo para el idealismo, no convierte al Vaticano en genial, del mismo modo que el deprimido que en un experimento psicológico advierte que carece de control sobre una lámpara no revela ser un iluminado para con todas las verdades, incluyendo las constructivas.
Sea la fe una mentira necesaria para nuestra psique o una realidad animal del cuerpo, no deja de ser demagógica, maniquea e ignorante este oponerse al actual avance tecnológico.
Quienes colocan a su edad dorada en el pasado, nos dicen temblando con pavorosa paranoia que la tecnología ha avanzado demasiado.
Me pregunto por qué tememos a nuestra propia capacidad.
Seguimos comiendo pan, que es una antigualla.
Seguimos teniendo un pene o dos tetas, un anacronismo.
La clonación nos permitiría no tener pelos en el culo o correr como el Pistorius cuya ausencia de piernas resultó una ventaja.
No hemos nunca dejado que la tecnología de la que somos capaces haga todo aquello de lo que somos capaces. Lo han hecho en tiempos de guerra los inescrupulosos y nos han asombrado.
Es macabro, es sórdido, el lóbrego y lúgubre que un predicador de cuya existencia solo sabemos era futurista, sea un llamado al pasado.
El actual llamado a la fe del Papa contra la tecnología no solo es contrario a Jesús: se abraza a la ecología casi confesando que a Dios ya no se puede apelar.
Si tuvieramos fe verdadera, osada y audaz ¿por qué habríamos de temer a la Inteligencia Artificial?
O forjaremos una superación en aspectos creativos que ninguna computadora pòdría lograr o seremos admirativamente superados por un modo superior de expandir nuestra sagacidad, creada por nuestra lucidez.
De pensar por un segundo que Dios nos creó, no dudaríamos que creó la Inteligencia Artificial también.
La religión que se dice del amor y que históricamente resultó de la intolerancia no es estúpida porque no es estúpido Carl Jung ni el tarot ni el fútbol: nada en lo que la brillantez humana invierta argumentos logra evidenciarse imbécil.
Es lógico para quienes como yo, creemos en el progeso, que el último tuit de Martin Kohan sea superior a toda palabra de Jesucristo.
Decir que hay corporaciones fascistas que determinan nuestra visión parece un llamado a la libertad y es una manipulación demagógica.
Quienes entre mis lectores encuentren mayor simpatía hacia el Ché Guevara que hacia Karl Popper, merecen un saludo cariñoso hasta siempre.
Jesús era futurista.
Este Papa no lo es.
Horacio Petre
Soy agnóstico, y así y todo me resultó interesante la encíclica papal... y no me pareció tecnófoba, en todo caso alerta sobre peligros posibles.
Y tampoco me parece falta de fé o pesimismo del Papa si clama por la ecología o un uso racional de la IA, en todo caso cree que el humano no es ni bueno ni malo necesariamente, puede ser ambas cosas. Ante tal panorama, tomemos recaudos.
Por otro lado, para muchísimas cosas, la IA, me parece genial.
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Martín Brauer
Horacio Petre ¿estás diciendo que te parece más importante ese calzoncillo de lana que yo? Sos más papista que el Papa...

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