Oscar Wilde, tan íntimamente sublime, que lo menospreciamos como a nosotros mismos


 En una charla con Frank Harris, Oscar Wilde dijo que la tragedia de su vida fue que en la anónima y olvidada vida real volcó su verdadero genio, mientras que en sus libros apenas asoma su talento.

En efecto, aparecen numerosos testimonios de sus contemporáneos con un grado de idolatría que parece desmesurada, como la valoración de Borges a Macedonio.
Grandes escritores en su lecho de muerte confiesan que querrían antes de morir media hora de conversación con Wilde.
Una muestra de que Oscar Wilde-a pesar de que no podemos decir que sus obras de teatro no sean excelentes-no dio más que el arco y no toda la circunferencia a la imprenta, son sus cartas.
Les dejo una.
Una que anticipa la tendencia a nueestro "ah, re".
Al final, tras haber empezado no in media res sino a kilómetros del punto, como hace Borges, habla de sí en tercera persona como hacemos ahora. Le decimos al amigo: -te invito a una birra
E inmediatamente: -se creía Jean Paul Getty dos el guaso.
Este final con "el crítico que se tuvo que leer cuatro libros de crítica" rompe en prodigioso cortocircuito toda la aparente arrogancia inicial.
Una arrogancia que ciertamente responde a su estilística de parecer Karina Jelinek siendo Einstein.
Porque ciertamente hay pájaros excelentes para la ornitología, como el pájaro carpintero y pájaros ideales para la poesía, como el ruiseñor.
Cargos ideales para la milicia, como teniente coronel, y cargos ideales para la poesía como "capitán".
Palabras sinónimas para la prosa como "eterno" e "incesante", "inefable" e "inenarrable", "visceral" y "entrañable" que la poesía no cree parecidas.
Oscar Wilde no es el más elevado artista de la historia pero su estilística nos sugiere que sí: porque allí donde Jorge Corona dice "vieja de mierda", Wilde dice "es una gorgona" y allí donde Alberto Olmedo habla de "una real cagada", Wilde nos postula excrementos de unicornio.
T.S Eliot dice que el ser humano no puede sobrellevar demasiada realidad.
Allí donde Platón y Kant dicen que no accedemos por más que querramos a la realidad, Schopenhauer y Nietzsche dicen que no queremos acceder al horror de la realidad.
Oscar Wilde es un artista que en su tiempo fue exitoso hasta que lo condenaron a la cárcel, pero que en la inmortalidad se inscribe en el Parnaso porque nos da la siniestra promesa de una esfera sublime sugerida por su prosa.
Fue un profeta sarcástico que predicó cínicamente el triunfo de la sardónica burla cínica, hasta que lo mandaron en cana y empezó a reivindicar a Jesús.
Leyó a los clásicos y escribió que SI NO FUERA POR LOS CLÁSICOS, ESTARÍAMOS A MERCED DE LOS GENIOS.
Harold Bloom quería que una frase suya estuviera enchapada en cada entrada a una facultad de literatura: TODA MALA POESÍA ES SINCERA.
Mientras Paul Ricoeur concibe la unidad esencial de la suspicacia de Marx, Nietzsche y Freud, Wilde había dicho: EN LA VIDA TODO ES SEXUAL, EXCEPTO EL SEXO, QUE ES UNA CUESTIÓN DE PODER.
Si en el cine admiramos, como lo admira el "Kafka ecuatoriano", Pablo Palacio, a Buster Keaton, porque hace humor puro, sin el sentimentalismo de Chaplin, Oscar Wilde merece las mismas palmas.
"La importancia de llamarse Ernesto" es su obra maestra para todos,salvo para Bernard Shaw.
El mismo Bernard Shaw que fue considerado un bufón frívolo por Freud y por Tolstoi se indigna por la superficialidad payasesca de Wilde, como Julio Verne escandalizado ante H. G. Wells.
Hace poco al explicar a una amiga que me pagaron de menos, me hackearon la terjeta, el gasista hizo una chambonada con mi termotanque escuché un "PENSÁ EN LO CONMOVEDOR QUE ES QUE TE OFREZCAN ALOJARTE EN ESCOBAR PARA QUE NO TENGAS QUE VIAJAR TANTO, PENSÁ EN CUÁNTA GENTE INCREÍBLEMENTE TE QUIERE".
No conozco a nadie que no haya querido a Oscar Wilde.
Hizo de su brillantez, una salomónica convidación.
No es común.
De Ornella Mutti jamás supe si es buena actriz porque antes su hermosura me aturde: pero no me hace sentir hermoso.
El Nobel puede decdir sus arbitrariedades que quiera. Jamás releeremos a los idiotas que premió por meras razones políticas. Ya este mismísimo año nadie lee a la coreana.
Oscar Wilde es eterno.
Es el Einstein del glamour, el Messi del calembour, el más desternillante burlador del cristianismo, que fundó el individualismo que lo ungió...
Al director de la Pall Mall Gazette, 30 de marzo de 1885
Muy señor mío:
Me aflige hondamente saber que la tuberosa se llama así por ser "una flor que tiene protuberancias". No tiene ninguna protuberancia, y aunque la tuviera, ningún poeta debería tener la impiedad de decirlo.
De ahora en adelante debe haber realmente dos etimologías de cada palabra, una para el poeta y otra para el científico. Y en el caso presente el poeta se fijará en las trompetitas de marfil en que rompe la blanca flor, y dejará al hombre de ciencia las horrendas alusiones a sus supuestas protuberancias y las revelaciones indiscretas sobre su vida privada bajo la tierra. Ciertamente "tuber" como etimología es vergonzante. Sobre las raíces de los verbos se puede dejar hablar a la Filología pero sobre las raíces de las flores se debe guardar silencio. No podemos permitir que destripe el Parnaso. Y, por lo que se refiere a que la palabra sea trisilábica, me hace acordar a un gran poeta que escribió:
And the jessamine faint, and the sweet tuberose,
The sweetest flower for scent that blows;
And all rare blossoms from every clime
Grew in that garden in perfect prime
En justicia a Shelley, cuyos versos cito, sus lectores reconocerán que me apoyo en una buena autoridad para hacer bisilábica a "tuberose".
Queda de usted su obediente servidor,
EL CRITICO QUE TUVO QUE LEER CUATRO VOLúMENES DE POESíA MODERNA

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