David Hockney nunca se bajó los lienzos


 El Rey Carlos negó que se realice la misa hockneytera en el Palacio de Buckingham y denunció que "la Negra Polipop me amenazó con una botella".

El artista pop británico que logró transmitir la melancolía con las psicinas climatizadas californianas de azul turquesa se ve salpicado así por un escándalo que llamará la atención a aquellos que no estén empapados en su revolucionaria propuesta.
Andy Warhol dijo que Hockney fue más "iluminador" que Quaranta.
Cecil Beaton, a través de su cuenta de X señaló que la metafísica quietud de la indolencia de sus cuadros recupera lo mejor de Johannes Vermeer.
Lucien Freud, por su parte, a través de un reel en Tick-Tock rechazó la "psicopatogización" que lo sindica al "realismo depresivo" en la necrológica publicada en "The Times" y recordó su condición de dandy con spleen, a lo Wilde, a lo Byron, a lo Bukowski.
Máximo Kirchner destacó que Hockney: "Se apropió del propagandismo político y la "beautiful people" en los palimpsestos polisémicos de sus collages, trabajando con la misma febril productividad indetenida de un Pablo Picasso."
"El retrato subjetivo, siempre sostenido por retratar a conocidos, se nutre del expresionismo americano" dijo Rocambole: "el recurso del cortinaje y la tapicería para representar menos al espacio que al tiempo retoma la tradición de Paulo Ucello, Fra Angelico, Piero della Francesca y lo redefine"-declaró la "Bomba" tucumana.
Mario Pergolini, quien fuera el único que lograra reportearlo, dijo que el descubrimiento de la obra de William Hogarth fue para él "un insight, una epifanía, un tañer el laúd interior en resonancia ancestral y que eso lo inspiró para su famosa letra PINTAN BIEN LAS COSAS PARA MÍ, VIEJO, PINTAN BIEN"
La innegable grandeza de la obra del más caro de los pintores se ve manchada por la grieta: al haberse pronunciado, como Platón y de manera pseudojacobina a favor del tirano de Siracusa, las multitudes enfervorizadas son conducidas a una divisoria de aguas en las que lo estético tiene menos preponderancia que lo político.
Es por ello que Isabella Rosellini no consigue consustanciarse con la propuesta inefable de la experiencia pictórica y deplorablemente declara: -Era puto.

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