Despedimos a los chiquitos del colegio: vuelen alto...

 Hoy realizamos finalmente la experiencia de inmersión en la anatomía en el colegio privado sito en Lima Amarilla. El Joaquín B. Brandoni sigue sin lograrlo y ya suma cinco chiquitos que lamentablemente perdieron la vida en nuestros bienintencionados intentos. Supervisados por la Universidad de Massachusetts, en el Saint's Cucumber el voto del curso recayó en Valeriana, una chica relativamente tranquila a la que no nos entusiasmaba tanto la idea de entrarle pero los padres de Florencia Kantosowicz, Federica Hirsch, Emilia Gartentopf y todas las "suculentas" y "mimosas" por usar metáforas botánicas no nos dieron el consentimiento informado. La pequeña cámara que ingresa por vía laríngea nos permite explorar las diferentes interioridades de la compañera, poniendo en la lección de hoy, especial interés en el funcionamiento del sistema límbico (la mamá de María Laura Feuerwehrwagenrad se negó porque dijo que el Vaticano ya se abolió el limbo). Valeriana, la pecosa rubicunda telúrica, con esa cara frontispicia finosecualr de mosquita muerta no tarda en hacernos penetrar en su secreto de fantasías nada angelicales retraducidas en imágenes por el scanner cuántico, que incluso nos permitiria hacer la impresión 3d del pene de Luciano Castro pero la verdad es que nos terminaría llevando todo el día. Como siempre, Nacho Bogani y Benicio De La Horquette se la pasan tirándose cosas y desubicandose. No quiero tenerlos que hacer firmar porque no quiero que se pierdan nada de la clase especial. Trato de interesarlos en los misterios de la fisiología humana: -Miren esto , saben lo que es? El duodeno. Acá vemos los restos de lo que fuera una barrita de cereal. Este es el ácido úrico. Bien recubierto. Sabían que si iluminamos una pupila, la otra también se dilata? No les interesa, me ven como a un dilatante. Debí hablarles de los pezones pero ya echaron a tres varones heterosexuales docentes con antigüedad por menos que eso y las cosas no están como para andar rifandose el porvenir prefiriendo educar creativamente a qué nos pese no hablar de pezones. Poco a poco la minicamara se ubica en el callo bulboso de Vale. Tardamos en hallarlo porque no está cerca del lóbulo frontal ni de las meninges. Está a la altura del ombligo. El ayuno estricto al que esta experiencia la ha obligado hizo que su mente esté focalizada en unos waffles con dulce de leche. Enseño al alumnado la sinapsis eléctrica y la química con el cambio de polaridad. Mica me dice que pensaba que la parte más reciente en materia de evolución del cerebro, la que nos hace pensar profundo estaba en lo profundo y no en la corteza del cerebro. Confiesa que creía cuando veía un globo terráqueo que la humanidad vive en el interior de la Tierra y no en la superficie. Sorprendentemente mientras realizamos la experiencia nos cae una visita de la inspección pedagógica y perdemos un tiempo de clase precioso firmando triplicados y ofreciéndoles sandwiches de miga triples. -Y qué están estudiando hoy?-quiere saber Severino Suárez Pratt, representante del área de supervisión didáctica de Palmas desde Niño, la región en la que trabajo. Le cuento que estamos viendo cómo la neurona motora y la sensora a través de la red descubierta por Golgi y Ramón y Cajal se transmiten información oriunda de las terminales nerviosas aferentes de la piel de Valeriana, especialmente de las palmas de las manos que tienen más representación cortical que sus pezones. Se dirige a los chicos y les dice que tengan cuidado con cómo van a manejar el área de Broca y todas estas desafiantes nuevas herramientas con las que cuenta la humanidad. Después me pregunta si no soy el profe de las cinco al hilo del Brandoni, el colegio de frontera que sufrió la pérdida de las cinco candidatas a esta misma experiencia en una misma jornada. Tuve que reconocer que sí, pero que el Brandoni es un colegio de las clases menos acomodadas, palabra que no le gustó que use, porque siente cola de paja por el acomodo por el que logró su cargo vitalicio. Le dije que los chicos que atraviesan el río Matanza a nado, para llegar a la escuela por la copa de leche a veces son engullidos por caimanes en el camino, atropellados por borrachos en la Panamericana, caen víctima de leptosperosis, neumonía , rabia y balas perdidas de los barras. Es un colegio en el que un día con cinco chiquitos muertos es bastante bueno en promedio. Son chicos que suelen tener entre quinientos y seiscientos hermanitos, en ese sector de la población la muerte es algo cotidiano. Los cinco muertos de la jornada de neurología sirvieron al menos para que el experimento de disección. Me pregunta por qué solo vio tres alumnos en todo el Brandoni en su visita hoy. Quiere saber cuántos de estos chiquitos de los barrios más carenciados terminaron muriendo. Le explico que la semana pasada tuvimos que despedir a trescientos chiquitos. Encarga las cejas . Pero lo tranquilizo:-En un mes los tenemos de vuelta , se ausentaron para viajar al Mundial nomás...

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