Mis recuerdos personales del Indio Solari


 Yo también, como todos ustedes, conocí en persona al Indio y lo recuerdo como muy diferente a la imagen que se tiene de él.

-Porque la Negra es poli y Skay es moishe-recuerdo que me contestó cuando le pregunté por qué no me los presentaba.
Lo conocí-o lo reconocí, mejor dicho-durante una exhibición de tai-chi-chuan en José C Paz a la que había ido muy camuflado, sin duda, por el temor a ser reconocido y acosado. Una larga melena rubia, la piel cobriza, la pequeña estatura y el gigantesco tatuaje de Sergio Denis en el pecho, en vano trataban de ocultármelo.
Le dije que era como un padre para mí, un padre que se elige allá por la adolecencia, un padre que nos inspira con su lírica y su gran ejemplo de no transar.
Insistía y porfíaba al principio en querer disuadirme y en hacerme creer que no era él, hasta que vio a mis hermanas mellizas y quiso que se las presente.
Se lo suele caracterizar como un rocker drogón, pero en mi presencia solamente consumía torta peruana tres leches y escargots, era fanático de los escargots, me acuerdo.
-Sos Heidegger y Gardel en uno-le dije y me contestó: -Ñandifruriñandifruriñandifrú.
Muy lejos de la imagen esterotipada que se ha difundido, conmigo se mostraba muy confesional. Me dijo que le gustaría abrir una casa de artículos de limpieza en Olavarría y dejar la música, que no podía sacar un crédito a su nombre porque el periodismo lo iba a volver loco. Insistió en que lo saque yo.
Rechazó mi idea de unirse a mi amada Björk, que tanto adecentó a Madonna y habría de convertir en vaguardística a Rosalía.
Dejé de verlo una punta de años hasta que me tocó llevarle a La Plata los dos ovejeros alemanes que encargó al criadero de Moreno. Los llamó "Birra" y "Mancha".
Se suele hablar de la influencia de los beatniks, de Luca y hasta de Rimbaud pero cada vez que se encontraba conmigo me decía:
-Tenés que leer la última de Murakami, chabón.
En persona solía hablar poéticamente pero con recurrencias menos crítpicas, menos elaboradas. Se moría de risa preguntándome si quería que me cuente el cuento de la buena pìpa y ofreciendome la adquisición de un piringulito. Le pregunté si realmente lo de la solitaria vaca cubana no aludía al régimen castrista, pero siempre tenía una de sus salidas con las que se escapaba por la tangente y me preguntó dónde vendían cubanitos con dulce de leche.
Recuerdo que una vuelta vino entusiasmadísimo y me pidió que le jugara todo lo que tenía al 48 en la matutina nacional y provincia, porque soñó con "il morto qui parla". Salió el 78, perdí todo mi sueldo y le reproché que por qué no le habíamos jugado al 78. Me contestó: -No lo soñé.
Vuela alto, a brillar, mi amor.
El impacto íntimo que tuvo en cada argentino su muerte se debe a una subestimación. Cada uno de nosotros se dijo "esto es increíble, justo estaba oyendo una canción de Los Redondos". Como si no estuvieramos oyendo todos los días una canción de Los Redondos...

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