PARA MÍ QUE ES EL HUMOR, DESPUÉS DEL HUMOR
"Martes yTrece" es otro ejemplo que cita Les Luthiers como inspiración.
Verlos asombra.
Es como si Einstein nos dijera que lo ayudó a concebir la relatividad Jéssica Cirio.
Por suerte, agregan que les sirvió para descubrir que hacer televisión sería la muerte del grupo.
También descubrió Dolina que la televisión es enemiga de la inteligencia.
"Monthy Phyton" y "Chespirito" , "Benny Hill" y "Peter Capusotto y sus videos" u Olmedo rigen como las pocas excepciones.
¿Cabe incluír a Gasalla? Sin duda era mejor su café concert pero ¿cuántos lo conocieron?
Se suele creer que la exigencia de la televisión es lo que mata a los grandes artistas del humor.
Tengo para mí que el problema es el opuesto: la potencia del medio hace que todo lo que se haga sea efectista: es la falta de exigencia lo que mata a los genios si hacen TV.
Woody Allen tuvo un show televisivo que es brillante. Boxeó contra un canguro.
No creo que el problema sea que no se puede ser Shakeaspere de lunes a viernes. Es claro que Shakespeare nunca se autopercibió Shakespeare, id est, el mejor escritor de la historia universal, sino un eficaz Adrián Suar.
El problema es que la inteligencia si pasa por televisión (salvo Jacques Cousteau y Carl Sagan) pasa desapercibida. El medio es el masaje. Es como hablar por teléfono con la voz más sensual y masturbarse al oírla sin importarnos lo que nos diga.
Nunca creí en el misticismo de Walter Benjamin y la pérdida del áura en la era de la reproductibilidad técnica-ciertamente explicado como los dioses por John Berger en su primera emisión televisiva de "Ways of Seeing"
La Mona Lisa brilla en latas de dulce y postales y no agrega tanto verla en el Louvre, rodeados de japoneses sacando fotos. Antes de haber sido robada, solo era apreciada por especialistas muy cultos o, increíblemente, por Napoleón.
En "Good Will hunting" Robin Williams ganó un Óscar por hacer de psicólogo que pregunta a un cancherito si olío in situ la Capilla Sixtina.
Un Óscar equivocado.
El empirismo es una metafísica que pasa por inmanente.
Cuando accedemos a un contacto verdaderamente humano y a una interacción interpersonal cara a cara con la piel real, no podemos rendirle los eróticos honores sin pensar en aquellas imágenes de archivo porno fantasmáticas que en "La llama doble" llama Octavio Paz "copular con íncubos y súcubos".
Solo los niños en determinada edad muy menor lloran en la plaza por haber perdido una rama y no los consolamos dándoles mil otras.
El "aura" de Benjamin no es otra cosa que la "experiencia mítica de satisfacción" de Freud.
En la vida real es al revés: portamos y prodigamos áura a la nueva mediocridad meramente actual con tal de entusiasmarnos desde la fortísima felicidad del pasado con ella.
Nuestra memoria es capaz de recordar siete bits y por eso son siete cifras los números de teléfono, pero nuestro romanticismo no es capaz de reconocer que hemos disfrutado de seis o siete grandes amores de nuestra vida y almas gemelas: el actual pajerismo es el Sumo Bien al que adornamos con todas las virtudes de las anteriores. Y nos convencemos de que abrazar su mero cuerpo entre tantos es alcanzar la cima de todos los cuerpos: nutrimos a ese organismo de todas las erotizaciones laboriosamente aprendidas del pasado.
Así como el solitario Robinson Crusoe erige e instituye la nada solitaria civilización en una isla desierta, cogemos en nuestro actual amor con todos o todas las ídolas sexuales del amanecer adolescente.
Hacer un chiste malo no es malo porque es evocar a todos los chistes conocidos y gozados: en cada pobreza de Yayo anida Voltaire: es el permiso momentáneo a reírnos el que aflora.
Por eso Les Luthiers puede ser simultáneamente admirado por la respetabilidad careta del Superyó y la risa que nos hace doler la panza: porque en la invitación a reír está Moliere aunque solo acuda Alacrán... https://www.youtube.com/watch?v=7X5qXlISB5w
Les Luthiers, grupo que no me perdono no haber mencionado al elogiar la nueva admirable y motivadora argentinidad de la Selección que sí funciona en equipo, ha admitido influencias que sorprenden.
Hete aquí a dos humoristas españoles que al verlos nos parecerían pésimos.
Pero es el humor pésimo el libertador.
Hacer humor es romper con todas las lógicas de la rutina y el espíritu que anima al trabajo, la responsabilidad y la empatía.
Es famosa la frase de Newton respecto de haber sido geniales, no por gigantes, sino por estar subidos a hombros de gigantes.
La frase era de Chartres, Newton la usó como simultánea bajeza y tiro por elevación contra su rival petiso Robert Hook.
Hacer humor tan increíblemente bobo, es la instancia superior del humorismo, subido a los hombros de la respetabilidad, la catarsis aristotélica, la manera freudiana de hacer que cada chiste que nos hace sonreír devenga llanto por deseos o temores reprimidos.
Es el humor superior porque nos ayuda a alcanzar lo que la rígida mente rechaza: el azar, la imbecilidad, el sinsentido.
Debemos nuestra vida, según Darwin al azar, inconcebible.
Debemos nuestra felicidad a los recreos de las certezas psicóticas del significado analítico, difíciles de fracturar, discapacitadoras.
Los niños con lúdicas rupturas a la obligación de aprender a fingir ser normal a veces nos regalan el bálsamo distendedor del chiste que nada significa.
Vivimos en tiempos en los que somos víctimas de que ser una víctima sea desable: es deseable ser objeto pasivo de una injusticia que nos sume en la impotencia desesperada.
No vamos a trabajar con el esfuerzo relativamente mínimo que implica, sacando pecho y creyéndonos el "Ché" que atraviesa selvas bolivianas imbuidos de la convicción de que vamos a emprender algo épico.
Vamos a trabajar con cara de bragueta, chinchudos de que internet tardó más de lo normal en dejarnos ver el siguiente Reel.
Nuestra vida es un privilegio, pero un privilegio judío.
Dejamos pasar al que se dijo Mesías porque desconfiamos un cacho, pero ahora el Verdadero no viene más, loco.
Cuando algo parecido al deleite adviene, ya la tradición de praxis emocionales quejumbrosas nos impide sonreír: aún con trabajo, dinero, amor y el orgullo de hacer bien lo que nuestra capacidad nos permite, un sombrío pasado pesado nos arrastra a seguir padeciendo, incluso el caviar y las rosas y el violín.
Tip y Coll no son la panacea.
Pero son la señalética de que nuestra señal ética está desencaminada.
El creador del clave no llegó a ser Bach, pero Bach solo fue posible después de que le abrieran la puerta a su intrumento.
Aquí una muestra de unos humoristas españoles que no me hacen reír, pero hicieron reír a Les Luthiers.
Que la buena leña se prende con kerosene barato, es algo que olvidamos, presas del perfeccionismo.
Shakespeare puso en boca de sendos personajes "siempre hay algo de Dios en todas las cosas del Diablo" y "Dios está en el detalle": lo cierto es que toda sensación trascendente de sublime excitada o relajada divinidad abarca una concebida totalidad.
El detalle es la coartada moral del autoboicot.
Dios está en todo, pero únicamente, excluyentemente en el todo, no en las menudencias.
No son genios Tip y Coll, pero intentaron algo en la senda de lo genial.
Lo resumió mejor George Moore: IT'S BETTER A BAD JOKE, THAN NO JOKE https://www.youtube.com/watch?v=-uRmvql-8Bo
"Juana Isabel" es OTRO homenaje rendido y graciosísimo de Les Luthiers a su amor a Venezuela. Estamos en tiempos en que si aparecieran las perdidas tragedias de Esquilo no nos importarían: el scrolleo y la dispersión nos impiden haber leído todas las que sobrevivieron.
No vimos todo lo que hizo "Les Luthiers".
Nos dimos por satisfechos memorizando los primeros cassettes y asumiendo que estábamos con ellos completamente penetrados del espíritu que los animó. No nos dan tiempo a escuchar lo nuevo de Lali.
Es cierto que "Mastropiero que nunca" es insuperable o "Muchas gracias de nada". Ni ellos mismos pudieron hacer nunca nada mejor. Pero cualquier obra menor y decadente de un avejentado "Les Luthiers" ¿merece ser fagocitada por la alta vara avara de compararlos con ellos mismos en lugar de compararlos con la reinante mediocridad?
"Les Luthiers" pasó de Mozart a "Mozart, Mozart, así voce me mata, ay si chi pego, ay, ay": su visita a Venezuela resultó tan caribeñamente vivificante que obró cual nietzscheana revelación de las fuerzas domesticadas por la respetabilidad judeocristina.
En largas horas de reuniones creativas, los integrantes del grupo genial se insultaban en venezolano, remedando un dialecto amado, una reciente adquisición, que significaba sensualidad.
En horas difíciles para nuestro pueblo hermano tan sufrido, víctima de un terremoto, también los que nos dedicamos al humor anacrónico y atemporal queremos enviar toda nuestra empática solidaridad.
Se discute si el Pisco es chileno o peruano y si la arepa es colombiana o venezolana.
Lo que nadie puede discutir es la belleza venezolana y el culto esmerado, ejercitado, maquillado, primorosamente considerado a la belleza que hace cada individuo de Venezuela.
Podemos desde pequeños ignorarlo todo acerca de este pueblo, pero ahora, como argentinos, desde tequeños hasta miles de otras delicias conocemos a diario.
Miami recibió sin admiración a los cubanos que escaparon de la dictadura de Castro.
Los argentinos recibimos con felicidad a los primeros emigrados, hermosos y hermosas, laburadores, cultos.
Es claro que los primero que pudieron emigrar eran los privilegiados más adinerados. En la desarrollada Alemania mis amigos se quejan de los inmigrantes musulmanes. En nuestra subdesarrolada patria arrogante nunca nos quejamos de los venezolanos. No tienen grandes escritores ni grandes futbolistas ni grandes cineastas. No sabemos casi nada de Venezuela salvo que Catherine Fulop es muy sexy.
Quienes hayan visitado Venezuela o conozcan un poquito más, no pueden sino agradecer un estoicismo hedónico, un espíritu que insunfla el pecho de esta estirpe, dispuesto a trabajar sin dejar nunca de sonreír.
Con un lema que abstractamente enunció el conductismo pragmatista de William James y hoy los neurofisiólogos confirman cierto: sonreí que ya va a llegar algún motivo para que estés sonriendo...
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