Chesterton, me vuelve el cuerpo al alma
Freud tiene un texto brillante que advierte a los terapeutas del paciente adulador.
Rudy me dijo que nadie lee sus recomendaciones y, por otro lado, que hacía unos cuántos años que ya no hace Sátira/12.
Lo llamé por teléfono para disculparme y me dijo que si doy un curso de humor en el que se estudia ciencia, filosofía y literatura, mejor lo aclare bien, porque se me va a llenar de imbéciles que quieren aprender a hacer stand-up.
Le agradecí el consejo y me preguntò quién es Chesterton.
Realmente no sabía.
De todos los autores que cité en el programa, era al único que no había leído.
Me pregunto cómo es posible que Chesterton, admirado por Kafka (aunque Kafka le criticaba su injustificada afabilidad, lo veía como un Flanders) no sea conocido.
Borges lo leyó febrilmente y lo plagió asquerosamente. Oscar Wilde dice que la imitación es el elogio más sincero.
Bernard Shaw lo adoró.
Bertrand Russell debatió con él.
H.G.Wells también debatió con Chesterton y sufrió su sarcasmo en el policial del Padre Brown "El hombre invisible".
En breve,el Vaticano lo va a nombrar santo, a pesar de que su "Ortodoxia" es tan cristiana como judío es Einstein asegurando que el judaísmo es bárbaro porque reduce el elemento estúpido del misticismo a uno.
Borges destacó, con su habitual frialdad robótica analítica, no que ha escrito la mejor defensa de la niñez y la mejor defensa de la vejez, sino que se nota que quiso ser pintor por lo colorido de sus descripciones.
También dijo Borges que Chesterton al hablar de la noche como una nube hecha de ojos, pudo haber sido pesadillesco.
Lo cierto es que Chesterton es el más elocuente retórico para la arenga que nos da ganas de vivir y como toda persona que tiene el don de la fé es capaz de hablar de lo más tétrico.
Fue el tan admirado por Borges, Walt Whitman, quien lo convenció de transmitir alegría.
Antes, Chesterton se había asociado a una secta satanista, que abandonó, no por considerarla superstición, sino por descubrir que era el único profundo que creía en el diablo.
La palabra "superstición" que Borges recupera por su influjo, es usada contra el divorcio.
Chesterton es, más que un escritor, un predicador.
Pero nos trae la vieja nueva, no la buena nueva.
Voltaire, Swift, Shaw, Wilde, Moliere, Mark Twain y todos los standaperos usan las herramientas del descaro, la osadía y la irreverencia sarcástica para la vanguardia.
Chesterton es el primero y el último, el único que las usa para exaltar la tradición.
Si tenemos que alimentar a la I.A para que nos produzca nuevos ensayos, poemas, novelas, cuentos o aforismos de Chesterton, el recurso recurrente, como la sabiduría zen, es la paradoja que hegelianamente reconcilia la contradicción.
Nadie se burló mejor de Nietzsche, al decir que el Superhombre acaba de nacer pero se murió por no soportar una brisa o al decir que Tolstoi y Juana de Arco, sabemos que fueron valientes, del gran Nietzsche no sabemos si no le tenía miedo a una vaca.
Y, sin embargo, leer con profundidad a Nietzsche es comprender que era religioso.
Y, sin embargo, la conclusión del sí incondicional a la vida es chestertoniana.
El refrán dice que Dios está en el detalle, Shakespeare dice que en todas las cosas del diablo hay algo de Dios, Chesterton dice que el mejor truco del diablo es la ambigüedad.
Identifica al cristianismo con grandes divisorias de aguas (¡no a Moisés!).
Una espléndida retórica pedagógica y un humorismo deleitable son sus armas, pero adivinamos transparentemente tras ellas, un alma generosa, gozosa, que nos llama a ser dignos de querer vivir valiente y abundantemente porque el pecado no es la intensidad o la desmesura, sino creer narcisísticamente que nuestra estúpida razón lograría entender y que nuestro vasto destino depende de nuestro ombligo.
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