La formación argentina deja mucho que desear
Como Eze, mi hijo, juega al fútbol en Atlanta, tuve este miércoles oportunidad de acercarme al plantel que eliminó a Inglaterra, para acercarles sus calzoncillos, remeras y pantaloncitos: se sabe que este equipo suele dejarlo todo en la cancha.
Me acerqué a Lautaro Martinez para preguntarle si no cree que la decisión de la militancia por los derechos gays-lesbianos y trans confunde una metáfora determinista de Freud, que habla de "elección" pero por parte del inconciente para negar toda bidimensionalidad cultural-biológica en aras de no cristalizar la osificación de una renovada medicalización.
Su resuesta me sobrecogió: -Mirá, mirá, mirá, esto yo te aporto: se meten el Big Ben ahora en el medio del orto
Entonces me acerqué a Enzo y le pregunté si no cree que Nietzsche homologa improcedentemente platonismo con cristianismo, siendo el mundo sensible de las sombras más bien una fantasmagoría ilusoria como para el budismo, pero para los cristianos, la vida terrenal sí que existe y si bien se reduce a "pasaje", ciertamente tenés que pagarte ese pasaje con acciones concretas en la realidad fenoménica que tienen efectos fácticos con un sustrato material.
Enzo Fernández, cuyo nombre es por el Príncipe Francescoli se limitó a recitarme otro de esos cantitos burdos de cancha aludiendo a lo cagados que estaban los piratas, ese que compuso el barra T.S Eliot: I will show you fear in a handful of dust. Frisch weht der Wind. Der Heimat zu. Mein Irisch Kind,. Wo weilest du?
Así que pensé en preguntarle por la teoría de la emoción en William James a Scaloni, pero me dije a mi mismo que es un hombre poco instruido, sin el hábito de leer, se dice que en el partido ha tenido una excelente lectura y por excelente que sea un libro, solo uno es una pobreza, como lo explica la metáfora de Godofredo Leibnitz en la "Teodicea", único suyo escrito en francés, como para que hasta los que no saben latín como el caballo Nicolás Gonzalez, comprendan que el mejor de los mundos posibles se arma con diversidad y una biblioteca con el mejor libro del mundo es más pobre que una con algunos excelentes, algunos regulares y algunos paupérrimos.
Me acerqué al Dibu y le pregunté si el intento de aunar el comunismo científico de Marx con el psicoanálisis de Freud no implica la dificultad de base de querer hacer encajar a la fuerza un materialismo acérrimo con una noción de sujeto casi metafísicamente idealista, que subrayaría la singularidad irreductible por sobre las grandes estructuras universales ahistóricas en permanente cambio.
Para mi sorpresa me dijo que no piensa entrar en ese debate porque ya está en la final y el finalismo teleológico del determinismo histórico que Marx recupera de Hegel hace posible integrar-subsumiéndolo, claro está-todo psicologismo autotélico contemporáneo o decimonónico entendiéndolo como etapa necesaria dentro de la espiral dialéctica que reconcilia aparentes opuestos.
Me fui sumamente frustrado porque es evidente que esta Selección no admite discusiones...
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