LA INJUSTICIA ES MÁS JUSTA QUE LA JUSTICIA
De hecho, la liga inglesa nos muestra el mejor fútbol del mundo, superando a la española, a la italiana y a la francesa.
Sin embargo, Inglaterra solamente ganó una vez la Copa, de local y con grandísima polémica.
Decir que robó esa Copa es controversial, pero decir que antes de que empezaran a jugar, miembros del IRA robaron la Copa es un hecho histórico no muy recordado.
Porque por perros que consideremos a los jugadores ingleses, fue un perro el que encontró la Copa robada. Un perro que se convirtió en héroe nacional, se le regaló comida de por vida y hasta se hizo una serie.
También en Brasil se robó la Copa.
Robo que podríamos emparentar con el robo de "La Gioconda".
Ojalá Argentina vuelva a ser campeón y todos nos sintamos bi.
Si hay algún robo durante el partido, consolémnos pensando que los argentinos amamos el robo.
Amamos robar un beso, agradecemos más que nos regalen jazmines robados que comprados, nos colamos en el tren, nos colgamos del cable, rendimos materias libres declarando admirativamente que si eso está permitido "es robo".
Condenamos a los malos dirigentes diciendo "no sirve ni para robar".
La Selección del último mundial del mejor jugador de la historia quiso inspirarse en El Diego y vio reiteradamente videos de sus dos goles, el de cal y el de arena, el diabólico y el divino.
Pero ganó, ay, con lamentable justicia.
Argentina superó individual y colectiva, actitudinal y estratégicamente a una Inglaterra que sueña hace 60 años con volver a coronar.
Faltó el elemento argentino.
No somos un país luterano.
No creemos en la justicia.
Macri ganó la presidencia hablando de la meritocracia, pero nadie lo votó sin saber que era un calabrés fascineroso, enriquecido por turbios negociados como contratista del Estado: se lo votó por mero odio a otra corriente no menos corrupta.
Tampoco hacemos el amor consensuado con indicaciones como quien estaciona un auto: antes bien, hacemos el amor remedando un robo, con la fantasía de violación.
Marx se equivocó al pensar que queremos justicia.
Queremos ganar injustamente.
Messi robó a la tradición de la transgresión rentista una alegría jugando en equipo de una manera ejemplar. Celebramos haber ganado a pesar de que fue increíblemente merecido.
Queríamos que fuera campeona Paraguay. Amamos que Vietnam le ganara a EEUU.
No queremos nunca que gane el mejor con abrumadora excelencia, así gana cualquiera.
Somos empáticos y protectores antes que rectos.
Queremos que le vaya bien al débil.
Es lo que nunca entendió Nietzsche...


En la polémica entre el legislador Solón de Atenas, que pretendía que los hombres cumplen los contratos cuando ninguno de los que los firman tiene interés en quebrantarlos, y que "al unir las leyes que él había creado con los intereses de los ciudadanos, él había hecho leyes que nadie tendría interés en quebrantar", y el filósofo escita Anacarsis, que retrucó que sus leyes eran como la telaraña "que la ruempe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos", sentencia reflejada en el Martín Fierro, los argentinos siempre optamos por la posición del bárbaro escita antes que por la ingenuidad del ateniense.
ResponderEliminarhttps://es.wikipedia.org/wiki/Anacarsis