La mejor película del mundo es la que no se lo propuso


 La historia de comedias francesas geniales readaptadas por Hollywood es pobre. Es vergonzante la versión de Robin Williams Y Billy Cristal de "El fugitivo" de Gerard Depardieu y Pierre Richard. Es pésima la remake de "El juguete" de este último en manos de Richard Prior.

Sin duda brillan "La jaula de las locas" y "Tres hombres y un biberón".
Es triste constatar que el mejor guionista y director de la historia, tras "fracasar" con su obra maestra sobre Holmes tratara de salir adelante con una remake de una comedia francesa llamando a Walther Matteau y Jack Lemmon, por seguir el consejo de Hitchcock "run for cover": hacé algo seguro.
A Shakespeare nunca le interesó ser el "autor" del argumento: ninguna de sus brillantes comedias, ninguna de sus luminosas tragedias, se basan en una trama que se le hubiera ocurrido: pero las shakespeareizaba.
Hollywood no hace remakes porque ve que hay geniales ideas de las que apropiarse: las hace porque el público yankee no ve cine extranjero. Richard Gere remedó a Belmondo en una remake de "Sin Salida" de Godard, paupérrima.
Ni con Nicole Kidman y Julia Roberts las versiones norteamericanas de "El secreto de sus ojos" y "Nueve reinas" adquirieron la necesaria picardía.
No existe remake de "El ladrón de bicicletas".
Las de Kurozawa existen, pero Sergio Leone se hizo el boludo.
Hoy quiero recordar una remake hollywoodense con una putita famosa por su cuerpazo y un subnormal emigrado de Austria que desembarcó en la industria proviniendo del fisicoculturismo. Dirigida por un director que jamás había hecho comedia y era exitosísimo en acción.
"True lies" es un film milagroso por donde se lo mire. Tiene su trama, su subtrama, su erotic relief, el caballo en el ascensor, el avión en el edificio, el terrorista que transpira porque se quedó sin batería y la valentía que raras veces aparece: la protagonista está más buena que comer pollo con la mano pero se animan a ponerle una adversaria, Tia Carriere, cuya sensualidad desmiente el maniqueismo porque no podemos no amarla también. Jane Russell con Marilyn y Sharon Stone con Jeanne Tripplehorne son otros ejemplos, de los pocos que recuerdo en los que el mandato de "protect the star" no nos reducía al monoteismo.
Es el film perfecto.
El film que sobrevive a su época.
Probablemente porque nunca nadie se lo planteó como la gran denuncia moral de la debacle de los valores occidentales.
Las verdaderas obras maestras son los divertimentos menores que hace un artista mientras se condena y discapacita grandielocuentemente proponiéndose la obra maestra.
Si quisiéramos ver esta maravilla con erudición, acude Oscar Wilde a aplaudir que el simulador de agente secreto obtenga mucho más crédito que el verdadero.
La hija de Tony Curtis está a punto caramelo.
Sé que es difícil pensar que Schwarzenegger es inteligentísimo, pero es solo culpa de Descartes.
No fue la cúspide para Schwarzenegger (acaso lo fue "Terminator), no fue la cúspide para James Cameron (acaso lo fue "Titanic"), no fue la cúspide para Jamie Lee Curtis (seguramente me dirán las de Travolta, para mí la rompe con John Cleese): solo fue una feliz distracción para todos y en absoluto lo mejor que hicieron en su vida.
Vade retro a lo mejor que somos, lo segundo o tercero mejor que somos es infinitamente más divertido....

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