Adiós a Dolly Parton (por Myriam Bregman)
Con la temprana octogenaria partida de la diva de la música country, la humanidad toda se enfrenta a la pérdida de una de sus fuentes de distracción y consuelo más conspicuas.Su talento para llenar nuestros corazones de alegría y esperanza ha retardado la Revolución Trotskista durente décadas y permitido genocidios como el de Hiroshima: ¿cómo pensar que el mundo había perdido el más mínimo sentido de la decencia oyendo gemas como "Hello, I'm Dolly"?
La ultrajante amenaza de Nasser y el canibalismo en Uganda no parecían desequilibrarnos las bases de la respetabilidad mientras sonara "Jolene".
Una garganta de seda y miel, una armonía folk y ya podíamos tirar Napalm en Vietnam porque el bien siempre triunfa, el amor vence al odio, si no terminó bien es que todavía no terminó.
Bueno, mi viejo.
La muy puta estiró la pata y ya podemos ver lo que es la humanidad verdadera.
Hambre, expoliación, concentración obscena de fortunas, guerras sin sentido y boludos que hinchan por el Lobo platense a esta altura de la vida.
Me han pedido que dedique palabras en homenaje a Dolly Parton en su homenaje, ya que la estamos velando hoy: hay que reconocer que si uno solo de los nuestros tuviera ese poder que ella tuvo de mesmerizar, tantalizar y galvanizar a la masa iletrada que busca un Amo que lo pastoree, ya la redistribución del ingreso, la toma del poder y la justicia social campearían sobre nuestra hermosa patria que a los verdaderos comprometidos con la vocación de la sensibilidad social siempre nos ha importado una hectárea de verga porque es internacional el problema y empieza por Oriente Medio.
Descanza en paz, Dolly Parton, una paz que no tenemos quienes luchamos por un mundo en el que ninguna promesa idealista fantasiosa de Walt Disney nos podrá distraer jamás de la promesa concreta del materialismo histórico del comunismo científico.
La ultrajante amenaza de Nasser y el canibalismo en Uganda no parecían desequilibrarnos las bases de la respetabilidad mientras sonara "Jolene".
Una garganta de seda y miel, una armonía folk y ya podíamos tirar Napalm en Vietnam porque el bien siempre triunfa, el amor vence al odio, si no terminó bien es que todavía no terminó.
Bueno, mi viejo.
La muy puta estiró la pata y ya podemos ver lo que es la humanidad verdadera.
Hambre, expoliación, concentración obscena de fortunas, guerras sin sentido y boludos que hinchan por el Lobo platense a esta altura de la vida.
Me han pedido que dedique palabras en homenaje a Dolly Parton en su homenaje, ya que la estamos velando hoy: hay que reconocer que si uno solo de los nuestros tuviera ese poder que ella tuvo de mesmerizar, tantalizar y galvanizar a la masa iletrada que busca un Amo que lo pastoree, ya la redistribución del ingreso, la toma del poder y la justicia social campearían sobre nuestra hermosa patria que a los verdaderos comprometidos con la vocación de la sensibilidad social siempre nos ha importado una hectárea de verga porque es internacional el problema y empieza por Oriente Medio.
Descanza en paz, Dolly Parton, una paz que no tenemos quienes luchamos por un mundo en el que ninguna promesa idealista fantasiosa de Walt Disney nos podrá distraer jamás de la promesa concreta del materialismo histórico del comunismo científico.

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