El humor como libertad permitida de la imaginación


 Está circulando por las redes un falso posteo de Woody en el que defiende al judaísmo.

Quienes lo leyeron dijeron que Woody está gagá.
En el reportaje real que leí ante la pregunta para que se pronuncie por Israel, Woody dice que no tiene nada que decir porque no sabe nada más que lo que dicen los medios.
Me maravilló que dijera eso.
Fue mi Sócrates.
Nadie más que él ante los micrófonos dice no sé nada.
Es tradicional en la física dividir entre atomistas y pitagóricos, es tradicional en filosofía dividir entre empiristas y racionalistas, es tradicional en literatura dividir entre artistas comprometidos y los que hacían arte por el arte.¿Qué divisoria de aguas podríamos establecer para el humor que es mi religión?
¿Los que hacen disparates sin sentido versus los que hacen humor con mensaje?
Para establecer estas distinciones hay que partir por aunar una noción de qué es el humorismo.
Schopenhauer dice que es poner algo donde no va, que es la definición que repite Alejandro Dolina siempre.
Alejandro Dolina, a diferencia de Les Luthiers que se propuso con un registro elevado estrenar humor inteligente cada dos años, habla a diario. No se puede negar que con fórmulas repetidas y un repertorio de recursos que recurren, pero es un cultor del hemisferio cerebral derecho, que súbitamente ilumina con brusca e incendiaria sorpresa nada estratégicamente planificada.
Alfredo Casero habló siempre mal de los guionistas.
Woody es un genio de la improvisación pero como Les Luthiers, se limitó a cristalizar una vez al año sus iluminaciones impensadas y a decirle a los actores que eran libres del add lip, cosa rara vez ejercida.
Es más fácil ver en Borges cómo un chiste sale del anterior o en Fontanarrosa que el samurai con su armadura era "impenetrable".
La lógica del sueño pretendió siempre ser capturada por el análisis e incluso el abierto Freud que destruye nuestra fé irracional en la racionalidad era un agente de la patronal del hemisferio cerebral izquierdo.
El admirable primer Marx que escribe "Felix y Escorpión" imitando al digresivo Sterne y su "Tristam Shandy" dice que el gran emperador tal hereda su trono al vil mediocre Fulano antes de su solemne "18 Brumario" que empezó siendo de "Luis Napoleón" (farsa, porque llamarlo "Napoleón" era admirar a Bonaparte).
Bergson que hace de su elán vital lo que es para Schopenhauer la Voluntad, para Hegel el Espíritu, para el Budismo la Sed, dice que el humor es hacer mecánico lo humano.
Si estableciéramos un paralelismo entre el humor y el erotismo en el sentido de que es la irrupción del puro deseo alucinatorio ante lo realista, el autochiste, que aparece en "Diario de Adan y Eva" de Mark Twain refuta la necesidad de un tercero que decreta el Freud de "El chiste y su relación con el inconciente": así como el micropene refuta que dependamos de un instrumento de proporciones heroicas para autodisfrutarnos.
El humorista gráfico Esteban Podetti concibe la operación del humorismo como la degradación de la solemnidad del lenguaje, su autoritarismo despótico, su normatividad fascista, su sentido único: el lenguaje descorre el velo de su opacidad ambigüa y las fijezas bíblicas y las certezas psicóticas se fracturan desdiscapacitándonos.
Si esa fuera la definición, el humor por excelencia es el puro juego cosquilloso infantil en absoluto atado a un mensaje político.
El mejor chiste contra Hitler, en dicho sentido, sería mucho más nazi que el chiste que no tiene mensaje:- ¿por qué se está poniendo mayonesa en la cara, Señor? -Uy, qué tarado, pensé que era mostaza.
El humorismo así entendido es el triunfo del cuerpo que quiere vivir infantilmente frente a la mente que es moralista, y a veces piensa en el razonable suicidio.
Chesterton, que empezó como satanista, se convirtió al cristianismo y concluyó que estamos condenados a creer en Dios y quienes pretendan no hacerlo, no pueden evitar caer en idolatrías deleznables.
Esa religiosidad inexorable halla un paralelo en la magia de que el humorismo nos dote del mayor de los consuelos y la mejor de las armaduras.
Ningún libro de autoayuda ni ningún terapeuta nos alienta a envalentonarnos gracias al sarcasmo o el descaro o la intolerancia.
El humor puede ser amor protector (la ironía de Benigni en el
infierno de un campo de exterminio declarando que la pasó bomba para cuidar a su hijito) y puede proteger mucho más atreviéndose con la anestesia a la sensibilidad a afrontar nuestros infiernos inventando capacidades de desprecio: ¿no podés ver más a tus hijos? ¡De la que te salvaste, ahora tocan la flauta dulce y es insoportable!.
Suele decirse que el humor suspende la emoción. Leslie Nielsen en un film olvidado, "Superheroe movie"asiste al funeral de su anciana esposa amada e impulsivamente grita que no puede soportarlo.
Grita que no sabe cómo va a vivir sin ella y se mete en su cajón.
Le explican que se produjo un error y que no es ése el cajón de su amada.
Lo vemos apretando los pechos de una joven infartante muerta.
Lo sacan entre cuatro y le dice al viudo: -Usted es un hombre muy afortunado.
Nuestro corazón no llega a pensar que ese hombre afortunado ha perdido para siempre a una bombona prematuramente fenecida: la picardía mental nos excita antes.

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