Karl May y la imaginación al poder

 

Cuando consultamos a la I.A quién fue Karl May nos dice que el Verne alemán, el Salgari alemán.
Pero la biografía de este bandido que influyó en Karl Popper, en Konrad Lorenz pero también en Adolf Hitler empieza muy diferente a la de Julio Verne y Emilio Salgari: con una condena que lo inhibe a ejercer como maestro y robos diversos.
Preso.
Indudable delincuente.
Había sido un sumiso copista y lector por orden de su padre, que lo quiso convertir en su escultura tras la muerte de todas sus hijas anteriores.
Cuesta dilucidar si su creatividad es la ocurrencia fantasiosa de la libertad de la imaginación, como la de cada Les Luthiers, contraviniendo el mandato de una profesión clásica liberal o una obediencia virtuosa como la de Mozart, Judith Polgar, Nadal, Messi, Borges mismo.
No es un Van Gogh que siente que no le importa morir de hambre y fracasar como comerciante vendiendo zapatos y reutilizar lienzos.
Su narrativa solo se ve empujada porque parece rendir más guita que afanar.
Y sin embargo, es talentoso.
No sabemos si la autora de "Harry Potter" se autopercibe Kafka. Sabemos que su falta absoluta de éxito inicial no la hace inscribirse en la lista de Paulo Coelho, Jorge Bucay y otros inmediatos exitosos que reprodujeron estructuras sentimentales y cursis para el best-seller.
Podemos admirar a Heine, a Goethe, a Thomas Mann y a Grass pero el autor alemán más traducido de la historia es este cristiano.
Y su racismo no fue cancelado.
Es un autor del que muchos de los grandes críticos y autores no se ocupan y sin embargo, sus méritos estrictamente literarios no pueden negarse.
Quizá se quiera tratar de cubrirlo de un manto de olvido porque admitir que hay buena literatura nacida de un estricto afán de lucro sea contario a la visión romántica.
Hoy, admitir que Karl May es entretenido sin haber creído en el mito judeocristiano de la musa, podría merecernos la actual condena: entonces una máquina puede escribir novelas excelentes.
Lawrence de Arabia ofreció su versión de "La Odisea" y Richard Burton, tras ir a la Meca sin ser musulmán su traducción de "Las Mil y una Noches": que un verdadero punga nos robe una sonrisa, tras haber ido preso por robar un celular no debería sorprendernos...

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