Quienes odian a Dolina me dicen que la cultura argentina tiene una enfermedad terminal irreparable, si la UBA le otorga el Honoris Causa. Quienes lo amamos, sospechamos que la UBA le otorga ahora el Honoris Causa porque sabe que Dolina tiene una enfermedad terminal irreparable...
Al primer concurso literario que gané, casi lo pierdo.
Laura Isola y Daniel Molina me escogieron como admirable cultor del humor macedoniano. Martin Kohan me bajó el pulgar diciendo que mi cuento tenía ribetes, aristas, influencias dolinianas.
Que Alejandro Dolina sea despreciado en el mismo Puán que se dejó engañar para reivndicar a Arlt por Piglia, mintiendo que un cuento de Andreiev era del autor de "El juguete rabioso", me parece un desencaminado desatino.
Porque -no los voy a nombrar-en literatura es verdad que existen escritores malos y el mal que hacen es sutilmente difícil de explicar.
Nuestro primer cigarrillo nos hace toser, no es como nuestro primer chocolate.
Y quizá, nuestro primer elevado genio escritor, nos repugne y querramos que el sentimentalismo se burle de Borges como Charly García en "Correte, Beethoven", Les Luthiers en "Odas al cuarto de baño", Olmedo en "Borges y Álvarez".
Es de una reanimación física a favor del corazón y los buenos valores cierta renegación de la erudición snob.
El propio Roberto Arlt se la atribuyó a Lugones-al que consideró, desde su autodesconocido nietzscheanismo, feble-y a Joyce-de quien largamente ignoró las cartas a Nora y toda su guaranguería.
Sarlo logró que la Academia incorpore a Saer.
Osvaldo Soriano no logró esa suerte.
Roberto Fontanarrosa nos regala una vida mejor pero siempre la prodigiosa capacidad de infravalorar lo solemne es solemnemente reducido a burla, evasión, escapismo o superficialidad.
Hay que hacer una extraordinaria excepción con Alejandro Dolina, cuya sensibilidad, cuya chispa, cuya actitud de grandeza humilde o humilde grandeza se parece menos a la posición soberbia del petulante artista, que a la del curioso buscador de dioses de la encumbrada sabiduría a quien admirar y traducir.
"El Código Da Vinci" es, en efecto, un ostensible, fragante y flamante detritus que no conduce, ni por trabajadora sexual, a Umberto Eco.
Sindey Sheldon, por más que cuente el horroroso final de Groucho con su esposa peor que Kodama y Yoko no es la puerta de entrada a Orwell, Swift, Kafka, Stevenson o Cortázar.
La literatura tiene esta indefinible particularidad de que la buena leña no se prende con kerosene barato.
Si compro en Easy una silla de mierda de plástico china hasta reunir más capital, nunca ignoro que una silla de roble es mejor.
Si leo a Richard Bach o a Paulo Coelho ya quedo entrampado en cuánto me emocionaron y puteo a los copetudos que por aspiracionales pretenciosos dicen que leyeron a Proust, Joyce y el Wittgenstein que señala que "puta" es tanto la que es capaz de sustraerse al lúbrico frenesí para comercializarlo, como la voluble incontinente que nada pide a cambio de que le des con un caño y que "pajero" es tanto el impresentable amigo baboso, que se desubica al oler a la legua una cotorra, como el solitario y tímido onanista que a nadie avergüenza.
El lector de literatura barata no empieza a adquirir el prodigioso hábito de leer y llega gracias a la puerta de entrada de Ernesto Säbato a Dostoievski.
Para él, Felipe Pigna es todo su Hobswahn, todo su Sprengler, todo su Gibbon e incluso todo su Félix Luna y Halperin Donghi.
El admirador de Darío Z. no se ve estimulado a leer "Ser y tiempo".
Se autopercibe su ya cabal comprendedor suficiente.
El lector de Facundo Manes, se deleita y-a lo sumo,-se compra el nuevo de Estanislao Bachrach: no es que esta plataforma lo empodera como para leer a Oliver Sachs.
Distinto es el caso de Alejandro Dolina.
Que hace cada noche de Dios un programa multitudinariamente oído, con chispeantes ocurrencias, pedagógicas bajadas a tierra, invitaciones y estímulos a la curiosidad.
Colaborador de la Revista Humor Registrado y creativo de Les Luthiers.
Pedagogo del tango, del patriotismo, de la picardía, del interés por la historia, la filosofía, la literatura y predicador harto evangelizador y muy mucho militante de la importancia de mojar la chaucha.
La única manera de negar que Alejandro Dolina es sensible, generoso, inteligente, talentoso y estimulante es ser gorila,
extremadísimamente culto o extremadísimamente bruto.
Como trato de postular, se da mucho menos en la música que la cumbia nos cierre la puerta a Mozart, de lo que se da en la literatura, que habernos elevado un poquito con Conan Doyle nos haga despreciar a Agatha Christie y no tener paciencia para leer a Sherlock Holmes nos convenza de que Harry Potter es todo el Suetonio que necesitábamos y Henry Miller todo nuestro Arthur Miller, cuando no, Laura Miller todo nuestro Sandro...
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