Clint Eastwood como para fundar una nueva religión
Falta muy poco para que se muera Mel Brooks, Charly García, Woody Allen y falta muy poco para que te mueras vos.
Perdón.
Me había propuesto limitarme a decir que falta muy poco para que se muera Clint Eastwood.
Le dieron el Nobel a Bob Dylan, Chesterton y Borges ungieron a Whitman, Poe fue reivindicado por los franceses, pero si yo tuviera que elegir a mi norteamericano favorito sería él.
Porque como Borges, como Goethe y como Mirtha, como el buen vino, es mejor con los años.
Solo personas pensantes, autosuperadoras y creativas son mejores con los años.
Salvo Shakespeare y todas esas potencias intelectuales desmesuradas que solo son mejores con los años porque se tranquilizan en razón de su decrepitud.
Clint Eastwood empieza su carrera algo accidentalmente.
Nadie al principio cree que sirva como actor porque lee sus líneas entre dientes.
Hay en su performatividad lo sobrio de Harrison Ford, que era un mero carpintero y fue considerado, como actor, de madera.
Oscar Wilde postuló un arte amoral y Nietzsche quiso que el arte fuera inescrupuloso.
Pero la sensibilidad humana no puede digerir una fábula si no le dan la moraleja.
Clint Eastwood se convirtió invisiblemente en el actor más taquillero, más importante y más amado de la historia.
Los estudios de Hollywood no se enteraron.
Lo cuenta William Goldman en el mejor libro sobre guión que leí.
Sergio Leone lo hace protagonizar un plagio escandaloso a Kurozawa, que lo catapulta.
Pero este maniqueo justiciero ajeno a las instituciones no solo quiere morir sabiendo que nadie va a olvidar la pregunta de si te sentís afortunado, conchudo de mierda, o creés que tengo una bala para matarte (Harry, el Sucio).
Había siempre hecho la música espléndida de sus films.
Ahora dirige.
Y dirige inesperadamente fantástico.
Clint Eastwood es a la vez John Ford y John Wayne.
Hace "Los puentes de Madison", que nunca nos nos hace llorar por más que ya la hayamos visto treinta veces.
Reivindica el jazz, hace lo que hizo Cervantes para con las novelas de caballerías con el western en "Los imperdonables", logra gran éxito comercial con "El gran Torino", pero la crítica nunca celebra que es una reflexión teológica sobre Jesús, ni que no hay nadie de esa edad que actúe enamoradoramente ya.
Fue intendente.
Es republicano.
Podríamos abuchear su ideología pero siempre es hermoso que alguien se moje los pies y se juegue.
Es el único grandísimo sex-symbol de la historia que no lo aprovechó.
No se le conocen escándalos sexuales.
Hay una inesperada moral kantiana en este Buda.
Si alguien me invitara hoy a fundar una religión, accedería a que Clint sea mi Mesías.
No necesita redactar mandamientos.
Es decente, disciplinado, sereno y-como toda persona de bien-está pesadillescamente atormentado por la culpa.
Spielberg en la estadística es el mejor director, Brando en la estadística, el mejor actor.
Clint Eastwood podría no haber nacido y nada en el universo realmente cambiaría.
Los que cambian al mundo no son tan virtuosos: Napoleón, Hitler, Mahoma.
Celebro que ustedes lo subestimen.
Que subestimen la austeridad.
Que piensen que es cortedad.
Que crean que la verborragia de Jim Carrey es más talento que Lamothe.
El último Kipling aprendió a ser sucinto.
En la ideación inicial la exuberancia es imprescindible, pero en la expresión final, la emoción contenida es mejor.
Nunca hubo en Hollywood un mayor estoico.
Su rostro de sacrificio, desprecio al dolor evidente y aceptación radical de la sórdida realidad no aparece en Jimmy Stewart, ni en Cary Grant ni en George Clooney.
Estados Unidos pasa por ser el país de la ingenua hipocresía
ignorante, frente a la lúcida Europa y la realmente laboriosa China.
Clint Eastwood muestra que puede hacer mejores películas que Wenders y regalarnos mejores consejos que Confucio.
Como Lenny Bruce, nos alienta a no amilanarnos por todos los miedos, el miedo.
Para los creyentes hay sentido en la vida, siendo altruistas para ganar el Cielo.
Yo soy ateo.
La muerte va a ser para mí el fin.
Entonces el sentido no es especulación.
En el lecho de mi muerte adoraría pensar que fui como mis héroes
Pronto vas a morir y pronto se nos muere Clint Eastwood. Tenías una sola puta vida, pendejo. Tenías que desplegar tu coraje y tu arte. Ahora se te viene la noche, ¿te creés que en el cargador me queda una redención o no?
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