El peor Primer Ministro de la historia de Alemania, un orgullo para la humanidad
Merz es el Bundeskanzler con peor imagen de la historia.
Los borgeanos cultores de la ironía, inmediatamente estaríamos tentados de pensar ¿qué hizo tan bien?
Y cuando uno lo escucha, realmente no puede decir que es un boludo.
Sin duda, Al Gore no ganó las elecciones pese a ser genial por no apelar a las emociones como Bush.
En estos días en los que la prensa sensacionalista lo hace papilla y aparecen los facilismos de decir que tiene problemas mentales, lo leo, lo escucho y no puedo decir que sea comparable a nuestros malos líderes.
Ha equivocado las estrategias.
La Unión, CDU, al lograr la gran coalición, ha viniendo corriéndose hacia la izquierda en el sentido peor de la actual izquierda: el lenguaje inclusivo, los pronombres, ser nazis del antinazismo en el sentido de una corrección política que condena moralmente, más que nada centrada en el lenguaje y no las condiciones materiales.
Merz ha mostrado tener astucia política para arribar al poder y realismo para comprender que hay que hacer dolorosos recortes y reformas.
Recuerdo siempre una maravillosa historieta de Diego Parés antes de que ganara Macri. El PRO tenía como slogan "TE VAMOS A ROMPER EL CULO, ES LO ÚNICO QUE SABEMOS HACER".
Y ciertamente la mayoría de liderazgos políticos se dan por una coincidencia histórica del sentir popular con el dirigente cabezadura que "y dale con Pernía", solo tiene siempre una única receta.
Padecemos en Milei a uno de ellos. Su fundamentalismo contra la inflación no depende de épocas, coyunturas, circunstancias o países. Pensaría fanáticamente lo mismo como un talibán si hubiera sido califa de Bagdad o diputado sueco.
Alfonsín mismo, tan admirado, no era menos terco.
Solo Hitler permitió que amemos a Churchill, una bestia de la guerra que, en cualquier otro contexto, daría vergüenza ajena.
Menem, en cambio, fue flexible. Fue votado prometiendo el salariazo y la revolución productiva y llevó al peronismo a aliarse con Bunge y Born, Alsogaray y Cavallo.
Pinti parodió el disco rayado de cada uno: los radicales diciendo que con ellos hubo libertad de expresión, los peronistas diciendo que con ellos hubo justicia social y los militares diciendo que con ellos hubo seguridad.
Por supuesto uno hoy añoraría que los radicales se atuvieran a una única consigna y conservasen cierta coherencia.
Es el problema de la CDU que permitió que avance la AdF.
Merz logró el poder y coaliar a los verdes y a los socialdemócratas para un plan bastante coherente con la CDU pero que desdibujó su identidad.
Me cuesta explicar cómo funcionan los partidos políticos alemanes porque si explico que la cristianodemocrácia es conservadora, creen que es liberal y ajena al Estado de Bienestar con millones de ayudas médicas, sociales y lo que en Argentina sería la utopía de la izquierda.
La Coalición unió a todos los partidos excepto a los extremistas, que por aquel entonces no tenían votos: por ejemplo la izquierda radical que marcha en las marchas antisemitas, junto a los musulmanes analfabetos que Merkel, por cobarde, por demagoga, por querer mostrarse pluralista, trajo a Alemania.
Entonces el tradicional votante conservador de derecha se sintió traicionado. La CDU, que es realmente el partido que más representa el sentir general histórico del alemán medio, perdió especificidad. Adenauer famosamente dijo que si no había agua limpia, tendría que arreglárselas con agua negra, refiriéndose a que si tuviera que realmente desnazificar Alemania, no quedaría un solo abogado, por no decir funcionarios.
Adenauer logró llevar al pueblo derechista-siempre que no empecemos a considerar cuan de izquierda fue Hitler-a la democracia.
Kohl fue un Bundeskanzler que se sacó en una rifa la caída del muro y hoy parece un estadista luminoso.
SPD y CDU fueron el bipartisimo bastante previsible, como los demócratas y republicanos, a los que con el Mayo Francés se sumó el Partido Verde, fundado por el apellidado, paradójicamente, "pescador".
Este Partido Verde goza de consenso unánime, salvo por la AfD, que cree que ocuparse de la energía limpia y el cambio climático es demasiado largoplacista y oneroso.
El problema de Merz es que instiló a la dirigencia su propia acomodaticia cobardía.
Debió haber declarado que las reformas son indispensables porque Merkel le dejó una herencia de burocracia, desindustrialización, subsidios, gas de Putin y sirios y afganos terroristas con mil hijos a los que alimentar con el Estado a través de los impuestos.
Debió haber dicho que a la CDU le importa reinsertar a Alemania como potencia tecnológica, científica e industrial, más que financiar La Marcha del Orgullo Trava.
En lugar de eso, pretendió instrumentalizar a la peor derecha radicalizada de toda Europa (¡estamos incluyendo a la austríaca!), la AfD, que le parece demasiado a Meloni y a Le Pen como enemigo de la democracia.
El barrendero, harto de que una drag queen muestre el culo a sus hijos por la calle y harto de que árabes nada abiertos, nada multiculturales, hablen su idioma y se muestren con sus turbantes invadan su barrio, sintió que la AfD era la libertad, no el nazismo.
Era un partido que salía a decir en público y sin avergonzarse que algunos talibanes responsables de atentados en escuelas alemanas tal vez deberían volverse a sus países.
El ciudadano medio no podía decirlo.
Si lo decía, era tildado de antidemocrático, extremista de derecha, nazi.
Encontró cobijo en esta militancia.
La solución a todos los problemas de Alemania, prometió la AfD, es castrar a los gatos, fomentar la natalidad alemana, dejar de defender onerosamente a Ucrania, dejar de financiar a los medios, regular la migración, dejar de enseñar que hay que sentir culpa colectiva por el pasado, dejar de poner neurodivergentes en los colegios para atrasar en nombre del pluralismo el avance de la enseñanza y romper con la Unión Europea que ata la peseta al marco y hace que no haya divisa fuerte alemana.
Sin duda, los desencantados con la dirigencia en general hallaron en la AfD el voto castigo que querían, que en nuestro país fue Carrió o fue Pino Solanas o X y de pronto el pelotudo de Pino Solanas creía que realmente lo estaban votando a él.
Pero el éxito clamoroso de la AfD se debe a que la CDU se traicionó a sí misma, temerosa de marchas en su contra, abrazadita a la SPD y todos los aliados del "cordón sanitario".
El "Cordón Sanitario", nombre a mi juicio, bastante bacteriológicamente nazi, fue convenir en que todos los partidos que respetaban la constitución y la democracia, los derechos individuales y las garantías sociales jamás entrarían en negociaciones con la AfD.
Hoy la AfD, tras su histórica victoria electoral, ciertamente no reducible a esa región, espera la migración de dirigentes de la CDU a su partido, tal y como Milei la consiguió de los del PRO.
¿No están a favor de esta postura? Bueno, la CDU obviamente no puede lograrla. Pásense a nuestro partido.
La SPD, tras un Willy Brant obligado a renunciar porque su mano derecha resultó ser un espía de Alemania Oriental, resucitó brevemente con un Schröder que tuvo el buen tino de repetir la frase de Adenauer, "Keine Experimente" y no sumarse a la invasión a Irak.
Pero después se vio desmantelada por el genio táctico de Merkel, que tomaba cada lúcida propuesta de ellos para implementarla, mostrándose como la más capaz de llevarla a cabo.
La Alemania de hoy, que no le puede vender autos a China, requiere reformas de toda índole: la edad de la jubilación, cómo abastecerse energéticamente, etc.
Merz no es ningún boludo, aunque realmente en la actualidad el 86% de los alemanes creen que es el mayor boludo de la historia.
Sus declaraciones ante la sórdida derrota de que debe aprender a comunicar emocionalmente no son la retardada imbecilidad con la que lo caracterizó el periodismo: realmente la CDU es demócrata y realmente la AfD es una pandilla maquiavélica de aventureros inescrupulosa que puede decir cualquier cosa con tal de ganar votos pero ganó por apelar a los sentimientos.
Por supuesto que puede ser estúpido declarar racionalmente que el problema fue no mover las emociones, en lugar de meterse la lengua en el culo en esa teorización de la estrategia y decir algo que golpee el corazón.
Merz es el Primer Ministro menos querido de la historia pero no lo quieren sacar.
Algo hay en eso.
Todos los demás partidos, el propio periodismo, los politólogos y analistas deploran que insista en usar categorías nazis para denostar a la AfD: ayer habló de "limpieza étnica".
Pero nadie quiere sacarlo.
¿Por qué?
Porque, sencillamente, inverosímilmente, incompetentemente, tiene razón
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