La histórica remontada de Schopenhauer que venía perdiendo contra Hegel
Hegelianamente estaríamos tentados de cobijar a Schopenhauer como antítesis.
Fueron dos filósofos muy diferentes.
Hegel , idealista en el sentido que tiene para la filosofía el idealismo, porque el sentido usual de la palabra "idealismo" no es ni siquiera moral, sino más bien "si solo tiene buenas mamaderas pero culo chato...no sé, mi viejo, yo soy muy selectivo"
No es exactamente a esto a lo que refiere el vocablo.
En filosofía el "idealismo" es asumir que la percepción que
podemos tener de la realidad es nuestra idea.
Por eso abarca desde Platón hasta el Obispo de Berkeley y llega con Kant a un gran punto de inflexión. Fichte hace de su yo algo tan omnímodo que casi es Dios y es La Nada.
Pero, para decirlo mal y pronto, ser "idealista" en el sentido filosófico está emparentadísimo a ser racionalista.
El conocimiento no llega por los sentidos, sino por la mente, la ment ameblemente.
Es como la física cuántica: sin duda esto es un ladrillo, esto es una mesa, super concreto y material, pero lo que trasciende y subyace es espíritu.
Y Schopenhauer es idealista también, no es que estrangularía a Hegel por esa arista.
Schopenhauer, inspirado en el hinduismo bastante budista, es el que pone el cuerpo a la filosofía.
La tradición anglo no lo necesita: Hume reduce la razón cartesiana y recupera la emoción spinozeana sin que haya que decir que la verdadera razón de la idea metafísica X no es más que una necesidad fisiológica Y.
La diferencia descansa más en la moraleja que en la fábula.
Hegel es optimista. Las tríadas sucesivas que aumentan la autoconciencia por el determinismo de la Historia nos daran el Nirvana, la redención, el Cielo, La Revolución Comunista, el Estado Prusiano o la panacea que sea.
Schopenhauer cree que cuanto más sabemos, más sufrimos.
Que el placer es el nombre de lo negativo, como lo es la oscuridad en relación a la luz: una momentánea satisfacción de un apetito.
No hay simetría, no hay vínculo en espejo, no hay evolución. Para Schopenhauer solo hay dos condimentos en la receta de la vida: sufrimiento o aburrimiento.
La insatisfacción es inescapable.
Y no es simétrica.
Descartes y Kant y Hegel aman lo simétrico.
Schopenhauer dice que el instante de deglución grato que experimenta el zorro al comerse a la gallina no es proporcional a la infinutud de agonía, calvario, tortura y muerte de su víctima.
Modernos experimentos confirman la desproporción: se precisan siete elogios para sobrellevar un insulto.
¿Qué otro gran abismo podemos detectar como para entender que Schopenhauer odiara tanto a Hegel, si al cabo Schopenhauer inspira a Nietzsche que inspira a Freud y a quien se quiere siempre unir con Marx, inspirado por Hegel?
Hay un aspecto estilístico.
Schopenhauer escribe con lisura, llaneza, cristalina transparencia y deleitable prosa.
Hegel escribe queriendo pedagógicamente dar cuenta de lo complejo que es el Espíritu, sin los juegos de palabras de Joyce o Derridá, sin la retórica retorcida de Lacan, sin el ethos discursivo oracular de Heidegger, pero con la populosa bullición mental digresiva desordenada que lo tomaba por asalto.
No es nada fácil leer a Hegel y ¡ay! Schopenhauer, el genio, parece una putita barata y ni se lo enseña en Puan por lo sencillo que expone su esquema.
Hegel no tiene teoría alguna acerca del humorismo.
Dolina cita siempre a Schopenhauer: "el humor es poner algo donde no va": condición necesaria pero no suficiente. Milei fue puesto en la presidencia y ¿qué gracia le causa a nadie?.
Schopenhauer define al humor como la venganza del cuerpo sobre el alma y debo reconocer, yo, que me autopercibo humorista, que decirle al pincha que me va a invitar una cerveza pero mañana que cobra "entonces hoy ES TU DÍA ANTES DE LA PLATA", le agrada pero el chiste nada simétrico es más gracioso: vi que, pese a esta distopía de que se ha perdido erudición, una niña cita una tragedia griega.
En la panadería la mocosa dijo: -Quiero que MEDEA un cuarto de miñoncitos.
Schopenhauer quiso enfrentar a Hegel como Bergson a Einstein, Popper a Adorno y Aira a Piglia: los encumbrados no se dieron por enterados.
Jesús pudo haber pasado al olvido pero se lo tomó, más allá de su existencia histórica como predicador, de símbolo renovador y todo el cristianismo fue la erección de esa condena a la erección.
Sin el Lenin que los alemanes mandaron a hacer la revolución a Rusia, Marx pudo haber pasado a su vez a un merecido olvido.
Hegel es el padre de Marx que es el padre de Myriam Bregman, el gran mesías electoral de la derecha.
Schopenhauer, au contraire, recorta y encuadra de modo profano e inmanente la religión de la irrealidad: de vivir sin que querramos realmente muchísimo vivir, pero nos consuela que en realidad tampoco estábamos tan vivos que digamos.
Hay una presencia de ánimo y confianza en la propia sagacidad en Hegel que nos permite ver en Rosario versus Estudiantes una muestra del progreso sucesivo, creciente y mejorado de la autoconciencia reconciliando contradicciones.
Schopenhauer ve en Rosario versus Estudiantes algo mucho menos inspirado: pésimo arbitraje, cinco minutos de alegría canalla en contraste con años de tristeza pincha.
Corresponde al admirador de Hegel ese alarde de analítica lucidez autodeslubrada y reconfortadora que contrasta con el devoto de Schopenhauer, con realismo depresivo, que se consuela trascendiendo a su yo a través del arte o haciendo algún deporte que le permita que el cuerpo le insista en querer vivir, pese a lo que diga el cerebro.
Hegel murió por la epidemia de cólera que un inesperado esotérico Schopenhauer eludió gracias a las cartas del tarot.
El brillante genio de la dialéctica optimista pasa a otro plano cuando el cascarrabias chinchudo, que suscribe el dictuum de Sófocles de que sería mejor nunca haber nacido, recorre Italia, cría a su perrito y le reprocha a Brockhaus que no le quiera editar su traducción kantiana.
Hoy ambos son polvo.
Polvo que para Hegel será útil, incesante, creciente y necesario para la marcha indetenible de la rueda teleológica de la Historia.
Polvo que para Schopenhauer es el definitvo descanso de esta exigencia descerebrada por la cual nos obligaron a nacer...
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