No hard feelings: Sin malos rollos: Hazme el favor. ES TAN EXCELENTE QUE LA RECOMIENDO ANTES DE ACABAR


 "Hazme el favor" en Netflix rompe mi hábito de más de veinte años de crítica cinéfila.

Solo llevo vista la mitad.
Riendo.
Llorando.
Pensando.
Me gusta demasiado.
El argumento es sencillo: una perdedora que en el amor es evitativa y nunca leyó a Borges pero está circularmente en ruinas, lee un aviso en el que piden que una chica ayude a un chico a salir de su encierro, a cambio de un auto: conducir al autista a que no choque la calesita en Princeton y no parezca tan boludo, se paga con un bólido.
La protagonista es carismática, tiene ángel, nos electrifica de ternura pero aunque aparece en pelotas en grados a los que Sharon Stone nunca se animó, no nos erotiza.
Porque es la historia del mundo en el que vive el nerd.
El virgo.
Nunca me pasó de querer recomendar una película sin haberla terminado, pero me ha sensibilizado tanto el cuidado primoroso por el detalle emocional que me asaltó el temor a que los guionistas no hayan sabido mantener esta delicadeza secreta y la banalidad vulgar aparente del guión hasta el final.
Es la primera vez que voy a recomendar que vean media película buenísima, porque es tan buenísima hasta la mitad, que si la segunda mitad es pésima, seguramente nadie podría recomendarla.
Es una película que habla de nuestros miedos, de las frustraciones, rechazos y heridas que fundaron para siempre nuestros insomnios y nuestras inhibiciones y cómo lo que se suponía era una iniciación sexual, deviene en iniciación al coraje, con una sabiduría en sordina que nos recuerda que tenemos la solución cerca, siempre y cuando sepamos que la solución no tiene nada que ver con nuestra obsesión lógica con el problema.
Una sola persona, la mejor del sistema solar, nos brinda la aprobación al portal de la motivación a toda la respetabilidad de las normas comunitarias y a saber que nos ama Dios y merecemos el amor de todos los niños y todos los perros y conseguir todos los trabajos y ser aplaudidos por todos los públicos.
Esa persona cambia con los años, no es la misma.
Sin esa experiencia del amor-pasión oceánico, exhaustivo, esa comunión total, intensa, que nadie más que esa persona nos puede dar, no sentimos que importe toda prosperidad, todo reconocimiento, toda presunta dicha.
Porque el secreto del arte es la limitación, no la amplitud.
Es un detalle de la nariz de Beatrice el que abre la vastedad diversa del Cielo, el Purgatorio, el Infierno, Virgilio y Homero y Ungolino el antropófago.
Es en lo ínfimo que está el infinito: es en el detalle donde está ese Dios que también existe para el ateo: la Diosa, la exaltada trémula certeza.
Padres sobreprotectores contratan a una imprudente sin criterio ni registro del otro para que enseñe un poquito de imprudencia, falta de criterio y olvido del registro del otro a un chico que exceso de cuidado invalida, discapacita.
Y lloramos de identificación certera al ver a la temeraria, temer: al aplaudir porque por fin alguien muestra que el loquito estaba cuerdito y su picante transgresión era abrazar religiosamente la responsabilidad de ser ejemplar, solo que a tres milímetros del otro lado de la normatividad...

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Baco polaco", lo nuevo de Kartun

Lacán, terapeuta de Barthes

Martin Pugliese EL PRÓCER DEL STANDUP