Anne Carson


 Anne Carson es tan admirable que me tengo que morder la lengua porque imponerles alguna puerta de entrada no parece pecata minuta.

Van a celebrar que por fín el único Premio Nobel que importa, el de Literatura, vuelva a mostrar a la Academia Sueca alfabetizada.
Ningún nacionalista que lea a Samanta Schweblin o a Mariana Enriquez y las compare con Anne Carson puede murmurar protesta alguna.
¿Cómo cifrar en prosaicos términos su gracilidad?¿hace intertextualidad a lo T.S.Eliot? Yo diría que no, que hace más bien incrustaciones de conferencias, de traducciones, de toda índole de diálogo variopinto en su poética que sigue la gran tradición helénica contemporánea a Safo, que entendía a la poesía didáctica a su propio modo.
Cumple con lo que postula Spinoza de la sustancia omnipresente, el ideal de Valery de que un autor es todos los autores, con el panteismo whitmaneano.
En un poema que celebra a Marilyn con su nombre verdadero diciendo que es la mujer más hermosa del mundo la compara con Helena. Es decir nos habla de Norma Jean de Troya. Quizá sea elocuente esta cita sencilla: porque también nos muestra su fluidez nada pretenciosa, nada snob ni dirigida a los panzallenas, como se estila desdeñar.
Personalmente creo que en la actualidad, así como dejó de ser señal de aristocracia la piel pálida y todos queremos broncearnos aunque sea con spray, las clases patricias son las que pasan hambre haciendo dieta y los panzallenas son los comefrijoles, etc.
Hay siempre una lisura, una llaneza, una falta de innecesaria y rebuscada elaboración en los canadienses, seguramente por falta de capacidad.
Como Leonard Cohen, Anne Carson debería ser considerada menos una artista canadiense, que griega.
Pueden ver en Youtube sus magníficas conferencias, una de ellas en El Prado.
Algunos artistas tienen tal ferocidad interior que nos sacuden y nos imponen su tónica, sus fantasmas, su benéfica furia. Es el caso de Beethoven y Shakespeare.
Anne Carson pertenece a la otra índole, la que abrazamos como a un pariente y que no nos aturde magníficamente con su monólogo elevado, sino que se deja de escorchar y opera como sacacorchos dejándonos descorchar. Hay artistas que mueren con su música adentro-aunque decirlo así es ingenuo, la música sucede en acto, la obra no estaba sino en la punta del lápiz y a desplegar.
Anne es de aquellas que con su acariciadora palabra pulsa nuestras autodesconocidas cuerdas íntimas y nos ayuda a expresar la propia melodía...

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