Breaking Bad
"Breaking Bad" acaba de ser elegida la mejor serie de la historia.
Por supuesto la primera pregunta basante pendenciera es ¿compitiendo con quién?.
¿Qué hace que un profesor de química fracasado diagnosticado con cáncer se convierta en nuestro nuevo James Bond?
No es un Santos Vega ni un Aquiles, sino un antihéroe.
Un hombre que, a diferencia del pecador arrepentido exaltado por el cristianismo, quiere ser santo de buenas a primeras.
Rousseau dice que al hombre, santo y divino, lo corrompe la culturalización.
Marx no es tan ingenuo, pero admite que el obrero explotado es derechista por inevitablemente idiota.
La narrativa de la serie ungida como mejor de la historia no tiene a un héroe impoluto, sino a un desesperado, diagnosticado.
El enemigo de Bond es ruso.
El enemigo de Superman es Luthor.
El enemigo de Popeye es Brutus.
Acá tenemos algo mucho menos maniqueo, hagiográfico: el enemigo está adentro y no afuera. No hay esperanza Disney de redención contra el cáncer. La redención se circunscribe a los años de sobrevida.
"Breaking Bad" logra el milagro que a Billy Wilder le costó demasiado también en "Double Indemnity": queremos que le vaya bien al delincuente, hay algo que moralmente lo justifica.
Hace poco vi un hermoso sketch. Un enano va a un colegio porque lo insultó un alumno: hacen que pase al frente y resuta estar en sillas de ruedas, los compañeros le hacen bullyng y el enano dice que está bien, se siente reivindicado, déjenlo en paz.
Fue el mejor gag que vi contra la corrección política.
Que una serie nos revele que podía manipularnos maquiavelísticamente en nombre de la ética pero el cáncer del héroe justifica que fabrique droga es una hermosura de trascendencia moral.
Marx creía que nos determinan los modos de producción históricos sin comprender que Freud advirtió como más importante a Carozo y Narizota, Xuxa y Manuelita, que vivía en Pehuajó.
Nunca terminamos de entender a Schopenhauer.
Creemos que "NO MATARÁS" nos importa más que "YO TENGO UN SAPO QUE SE LLAMA PEPE"
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