La sonrisa es esa curva que todo lo endereza
"Curvas de la vida" dentro de la increíble grandeza actoral y de dirección de Clint Eastwood es, ¿qué duda cabe? un film menor.
No nos habla de lo que nadie nos habló de la guerra contra el Japón, no nos hace el mejor western de la historia, la mejor reflexión acerca del adulterio, el contrapunto entre un ladrón de guante blanco y un presidente asesino, no.
Se limita a una historia chiquita.
Un experto en detectar a los mejores jugadores de beisbol, ya decrépito y casi ciego, cuya hija exitosa y brillante nunca comprendió lo que ha vivido como su abandono.
Pero una de las peores películas de Clint Eastwood no deja de ser una de las mejores de la historia.
Emociona, entretiene, enseña, nos muestra a un Justin Timberlake pícaro y a una protagonista que consigue recortarse, como lo exige la focalización del arte, en la mujer más hermosa del mundo.
"Lo viejo sirve" dijo "El Eternauta", pero nadie en esa serie es tan viejo como Clint insistiendo en que nunca lo jubilemos.
Es un film acerca de la relación padre-hija y acerca de la sabiduría adquirida por la experiencia frente a actuales modos de conocimiento e información que no le ponen el cuerpo.
Reímos con Peter Sellers en el Inspector Clouseau, Maxwell Smart parodiando a Bond, Mr. Bean haciendo de detective torpe y eficaz, pero Clint Eastwood nunca pone la torpeza y vulnerabilidad del héroe al servicio de la risa: sino del estoicismo.
Cristo predica la conmiseración, la misericordia y la piedad allí donde Nietzsche, el Ulises de Homero y no de Nolan, Julio César y Patton y Hitler y Gengis Khan y Churchill y Napoleón y Trump y Golda Meir y Patricia Bullrich y Günther Walraff y Bernard Shaw y Giorgia Meloni y Arturo Pérez-Reverte y Borges y Carlos Monzón y Michel Foucault ponderan la pendencia y pugnatividad.
Clint Eastwood logra la superación hegeliana: el guerrero de voluntad incoercible, debilitado.
Derrotado por la paranoia y debilidad de los otros para estar a su altura.
Esta película nos habla de Juan Román Riquelme a quien todos quieren ver como fracaso. Y sin embargo, sabe de fútbol y elige, con modos despóticos, a los mejores.
Hace no seis años, sino treinta, Boca no jugaba tan bien. Nadie hubiera contratado al Vasco, al ecuatoriano, a Paredes, a Lozano, al chileno, al colombiano, al uruguayo.
Hoy Boca juega todos los campeonatos. Y si no gana nada ¿pasará realmente al olvido?
Como todo film de Clint, va al hueso. Prescinde de florituras.
Es inspiración pura.
Nos convoca a ser éticos, auténticos y a trabajar a conciencia. Y a decirle en la cara al ignorante que es un ignorante.
Es una religión diferente a la religión.
Es antropocéntrica.
Denuncia que los seres humanos son demoníacos y miserables como lo afirma Maquiavelo y como lo sabe Hobbes pero además que eso es porque Dios mismo es chambón.
Hay otra dignidad que el Paraíso, si la Deidad permite tanta miseria y nos da ese soborno.
La de la integridad.
Aunque recemos cada noche y querramos honrar al Creador, priorizamos asegurarle un porvenir a nuestra hija.
Y esa protección puede secretamente ser protección y parecer desprecio.
El cristianismo postula a un Dios personal y a su Hijo, pero en Clint Eastwood tenemos la determinación divina que señala El Camino a hijos que quieren que no se tropiece con las paredes.
Henry James nos habló del tono del león herido.
El verdadero padre protector es mesiánico y torpe, testarudo, valiente y derrotado.
Es aquel abnegado padre que inspira que el hijo lo proteja...
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