Señor director del College de France, estimada Madame Condesa Marie de las Voluptuosoisses, estimados colegas especialistas en salud mental, queridos lingüistas, apreciados militantes de la izquierda caviar, constituye hoy mi honor dar el discurso inaugural para este curso de rectificación histórica de la retórica nomenclacional que revertirá, iluminará e insunflará un nuevo camino, una nueva meta, un nuevo paradigma en lo que viene siendo no solo a nivel individual, sino también colectivo una ampliación y superación de lo que fuera una limitación y restringimiento en nuestra visión y nuestras perspectivas en lo que respecta al respeto y la tolerancia de la que nuestra comunidad, nuestro pueblo, nuestra nación ha sabido imponerse, jactarse, preciarse y repetir y redundar desde el abismo infinito del devenir pasado del "Siglo de las Luces".
Si la herencia de la tradición de nuestros ejemplos y antecesores marcó un horizonte, una cristalización, una señalización que cristalizó para osificarse en una dinámica en la que prevaleció y se subrayó el reconocimiento de sujetos y prójimos de quienes somos, fuimos y vamos a ser igualitarios y salomónicamente ecuánimes ampliando y diversificando la focalización y particularización de seres de otra pigmentación epiletal, otros credos, otras identidades sexuales y otras tramas etarias a lo largo de la latitud y en vista amplificadora de un horizonte propedéutico de sinergía proactiva preñada de empatía y resiliencia siempre enemiga feroz y acérrima intransigente inexorable de toda exclusión discriminatoria en espiral de creciente escalación segregacionaria, no hemos de apuntar a una propuesta que nos convoque, no solo ribonucleicamente como seres humanos, sino también como vertebrados, mamíferos, miembros de la rama homo, frutos de la mutación de la réplica de organismos pluricelulares originarios, hacia un retroceso regresivo que haga volar al azul cielo por los aires y tirar por la mismísima borda todo el terreno ganado, la experiencia adquirida, las enseñanzas extraidas y la tremulante esperanza reanimante liminar prospectiva para caer en un retroceso finisecular en el frontispicio decimonónico ovolácteovegetariano en sí y para sí.
La terminología denigrante con la que se ha venido afirmando y declarando, no solo intramuros, sino también allende la mar, que nos habitan numerosas y diversas bacterias, microbios, virus, parásitos y formas hongulares de vida o semivida ha de ser desterrada con altiva pero hermética causticidad desde ahora y para siempre de manera asertiva, pero no por ello menos elegante.
La conciencia creciente de que estas formas de vida, más diminutas, pequeñas, liliputienses hasta lo microscópico sienten y sufren como cualquiera de nuestras abuelas a las que despachamos definitivamente en geriátricos para que no continúen y prosigan sus insoportables reproches y quejas nos obliga a rebautizar sin xenofobia racista indiscriminada sistemática a nuestros hermanos, así como el pasado año la Organización Mundial de la Salud en convergencia mancomunada con las Naciones Unidas y el apoyo invalorable de Unicef eliminó de la faz de la tierra las etiquetas y rótulos peyorativos tales como se refería antes incluso una noble persona cultivada a las "termitas" y "garrapatas" por no decir nada, esa es otra historia, de las "cucarachas" y la "sarna".
La campaña de deconstrucción con los videos educativos en cada uno de los establecimientos educativos y pedagógicos fueron de una eficacia didáctica que erradicó considerando repelente al uso por parte de párvulos, infantes, doncellas, señoras entradas en carnes y en años y choferes de Uber una percepción entramada desde el discurso en la que estos organismos que cumplen una función trascendental, invisibilizada, ecológica de la cadena que en continuidad sucesiva integra la armoniosa familia en la que reposa la razón de ser del alimento, la reproducción, el descanso y el esparcimiento suprasegmental y ontoteleológico por nada decir de la categoría normativa inmanente que a ojos vista registra a diario en sobradas muestras nuestro cristalino.
Nos proponemos recoger la antorcha de nuestros gloriosos predecesores y honrar su verde memoria fragante difuminando el espíritu que animó la prohibición penalizada definitiva de los términos "negro de porquerieu", "judio genocida ultraderechista avaro deicida asesino de Nuestro Señor Jesucristo Unigénito Nazareno que atravesó el Golgota y la putiennne de tu mere" entre tantos otros que no viene al caso referir en este momento u ocasión dada la urgente premura de la fugacidad de la finitud tiránica con la que corre el tiempo, que para los antiguos griegos era el padre de Zeus, Júpiter para los romanos.
Revisitaremos enormemente así la necesidad inveterada sostenida y creciente de desaprender hasta la amnesia total los motes lesivos con los que veníamos llamando a aquellos seres sintientes que habitan en ocasiones los organismos de nuestros parientes cercanos hasta ser causación médica de su exhalación final. La razón que nos mueve es la pasión de combatir la injuticia evidente de la desproporción de insultar a formas de vida que al carecer de lenguaje articulado, no están en situación de igualdad ceteribus paribus de replicar y defenderse, aún si fueran sine cua non mutatis mutandi ex profeso primus inter pares.
Les agradezco por haberse acercado a esta disertación o ponencia con la que damos por inaugurado, principiado, comenzado nuestro gesto epopéyico determinado y definitivo de míticos ribetes épicos a las finas hierbas en cuadrillé anaclítico egodistónico y hago mías las palabras que ya corren por las venas de todos nosotros y las arterias parisinas con un torrente indetenible como un grito de guerra con carta de ciudadanía y mayoría de edad: NO PASARÁN, JE SUI UN RENACUAJ
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