Sobre Descartes y su abuso de sustancia extensa
"Shakespeare derrotado" es la mejor biopic que vi en Netflix.
Es dura.
Es larga.
-¿Cuándo empezaste a consumir, William?
-Fue después de "Romeo y Julieta". Fue raro que nadie del Globe Theater se diera cuenta. No digo los brutos que celebraban las peleas de osos, pero la Reina no fue capaz de advertir que en "El Mercader de Venecia" versifiqué algunas cosas antisemitas
-Cuando escribiste "King Lear" ¿sabías que dependías de la cebolla colorada?
-No lo sabía. Empecé con la "hermanita buena", que es la calabaza, que me hizo creer que todas las verduras pueden ayudar a la inspiración sin dañar la salud y así es como llegué al repollo y al coliflor para escribir "Macbeth"
-¿Cuánto tiempo te llevó poder superar tu adicción a la palta?
-No te sabría decir. Es muy duro el pentámetro yámbico. Se
esperaba ese metro de mí. No es nada fácil versificar. Cuando escribí "Hamlet", sin rúcula, avena y remolacha, no sé si podría haber seguido adelante. Hoy me arrepiento, obviamente, pero me levantaba para lavar quinoa las seis veces requeridas, pensando en la fibra. No sabés qué dramaturgo hubiera sido, si no fuera adicto a los bioprofenos...
-Se dice que "La Tempestad" nace de tu adicción al brócoli
-Eso no es cierto. Cuando concebí a Calibán solo conocía el lino, el poroto colorado y la levadura de cerveza. Pero Marlowe en una taberna me inició en el cilantro. Y nunca lo pude dejar.
-¿Qué le dirías a los jóvenes que quieren escribir?
-Que nunca prueben. Los zapallitos son riquísimos y el ajo promete ser bactericida pero es un camino de ida. Yo pensé "Ricardo Tercero" como una Bildungsroman redentora, pero el jengibre obliteró mis facultades creativas y cuando tenía que entregar el tercer acto, ya era adicto al coriandro. La piloteé y fue un éxito, pero el final original incluía a Sheherezade besando en la boca a Juana de Arco. Lamentablemente, la espinaca, lo impidió.
-Sabemos, William, que estás en una rebelión en la granja de rehabilitación
-Sí, hace algunos años sigo al conejo blanco y despierto convertido en insecto, pero no se lo recomiendo ni al jabobino, jacobino, jacobino, jacobino, el que no se fue a la B, para qué carajo vino...
Es asombrosamente buena la serie sobre Tyson de Netflix.
Sé que despiden a la responsable de contenidos Bela Bajaría y la reemplazan por Peter Rice.Lo comprendo.
Disney con menos presupuesto, es cierto que hizo cosas mejores.
Sorprendentemente, más "transgresoras".
Pero no se pierdan la historia del peso pesado más joven de la historia, caído en desgracia como tantos ganadores de la lotería que no saben cómo administrar bien la fortuna.
No es mi boxeador favorito.
Mi boxeador predilecto es Cassius Clay que me pegaría una piña por llamarlo así.
No necesariamente porque haya sido mejor boxeador.
Seguramente Messi fue mejor futbolista que Maradona, pero el espectáculo épico coreográfico que atrae a quienes no le interesaba este deporte no es convocado por Messi.
No es Pavarotti el mejor tenor, no es Julio Boca el mejor bailarín, no es Steven Seagal el mejor aikidoka, pero Pavarotti hace que se sientan interesados en la ópera los que nada sabían de ópera.
Seagal, discípulo de Doshu, el hijo del fundador del Aikido, el O' Sensei Morihei Ueshiba no es Darío Z simplificando a Foucault para quienes no se sienten preparados como para leer a Foucault, sino buen divulgador.
Mike Tyson es admirable como ejemplo de tesón, disciplina, ambición, sacrificio y...se me terminan las palabras...porque obviamente es una bestia peluda ignorante.
La serie de Netflix no dice que tenemos que admirarlo como a Superman, Popeye, Sanson, Hércules, El Hombre Nuclear o al pibe Flores que le hizo el segundo gol a Talleres.
Nos muestra sus flaquezas.
Toda la serie es mucho menos la exaltación del triunfo heroico moralista de un meritorio, que reflexionar como semejante bruto que robaba y se salvó primero de ir preso pero lo fue después la pegó, aunque la esposa y el representante lo usaron.
Es la historia de un imbécil suertudo con una única capacidad ayudada por un tutor muerto.
Pienso que nos ayuda mucho.
Porque una biografía de Gardel nos obligaría a admitir que canta fantástico.
Esta biografía de Mike Tyson nos ayuda a sobrellevar nuestra vida.
No somos menos inteligentes que Mike Tyson, y claro, obviamente cantamos peor que Gardel.
Tenemos que salir al ring de la vida que es tan agresiva que nos reduce a esta metáfora pedorra.
Y no tenemos que morder orejas.
Mike Tyson puede ser una inspiración para quienes leemos a Nietzsche como superación de Platón y nos anotamos en un gimnasio.
Escuchar sus reflexiones en esta serie es una inspiración para decirle al gimnasio que no devuelva el dinero, porque el bultito temido como cáncer no nos importa. No nos importa el bultito abdominal de habernos pasado con los dulces y las pastas. Preferimos ser el alma inmortal recordada y ya morir.
Y la serie nos golpea.
Y nos obliga a retractarnos.
Es linda la vida, incluso siendo tarados y viejardos.
Tachame la generala doble y eso del alma inmortal.
Incluso habiendo ido preso, prefiero estar acá, aunque soy negro, ignorante como todo norteamericano, estar vivo.
Aunque no sé recordar bien quién fui, ni para qué...
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