Sherlock Holmes, lápida de Billy Wilder, injusto representante de la deducción
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"Homeland" escrita por nuestra contemporánea Shakespeare, Debora Cahn, postula a una agente de la CIA que padece un desorden mental y duda de su increíble lucidez.
Borges y Bioy Casares idearon a un descubridor de asesinos que se basa en su raciocinio y no precisa lupas, estando preso.
Chesterton hace que el Padre Brown descubra al asesino, sin necesidad de condena policíaca.
Raymond Chandler, inspirado en James M. Caine, hace que el género ideado por Poe tome una luz oscura: el detective es un escéptico, un alcohólico, un pesimista.
Confieso que mi novela policial favorita es "La Bestia debe Morir", del padre de Daniel Day Lewis y que Agatha Christie no me gusta porque, a mi modo de ver, juega sucio.
Voy a hablar ahora de una infinita injusticia.
No entiendo por qué cuando alguien piensa en un cuento policial, la primera imagen que acude a su mente es Sherlock Holmes.
Conan Doyle fue realmente un infinito imbécil.
Es muy difícil explicar por qué, porque, incluso, en "El mundo perdido", anticipó a Jurassic Park.
El detective que crea Edgar Allan Poe es espectacular.
No admira lo suficiente la humanidad a Edgar Allan Poe.
Auguste Dupin no es empirista, como Locke, Hume, el Obispo de Berkeley y toda la estéril tradición británica, incapaz de entender la filosofía griega, la filosofía alemana o la cocina peruana.
Es racionalista.
Lo ve clarísimo Pierce, un rival de De Saussure que pierde, como pierde Cassirer contra Heidegger, Camus contra Sartre, Chomsky contra Foucault, Baglietto contra Fito, Alfano contra Moria: siempre pierde el mejor.
Dupin es racionalista como Platón, como Sócrates, como Aristóteles, como Descartes, como Freud, como Marx, como Nietzsche, como Foucault, como Hegel, como tu fantasía sexual.
Por supuesto, la lupa de Holmes es como el telescopio de Galileo: -¿para qué deducir alucinatoriamente algo si es mejor verlo y medirlo?
Pero Galileo "ve" el anillo de Saturno y anota en su diario que vio dos lunas a cada lado.
No se puede ver aunque nuestros ojos de carne estén abiertos en su presencia lo que no se ha podido imaginar antes.
El cacareado sentido común anglo es mero realismo ingenuo.
No soy posmoderno, no estoy diciendo que solo percibimos la realidad por medio de un entramado de tropos retóricos que constituyen un autonarrativismo.
Entiendo que mucha gente sí cree eso, entre ellos el árbitro del Superclásico.
Yo no creo que sea una construcción social enarbolada por los modos económicos de producción de mi comunidad histórica, la voluntad de poder y la libido que Trump sea admirable como chamuyero negociador arribista pero tan idiota como Cristina para elegir a sus asesores.
"Elemental, Dr. Freud" es una hermosa novela que postula el imposible encuentro, Spielberg filma a un Holmes niño, Michael Caine a un Watson secretamente el cerebro, Robert Downey Junior a un Holmes con patadas de kung-fu, Marty Feldman, la mejor escena erótica que vi en mi vida en "El hermano secreto de Sherlock Holmes" con Madeline Kaine.
Borges escribe un deleitable poema a Holmes.
¿Por qué lo verdaderamente genial (Dupin) no entusiasma a las masas?
Gaston Leroux escribe el brillante misterio del cuarto amarillo.
Maurice Leblanc hace que el genio no sea detective, sino elegantísimo ladrón.
De Holmes, no de Aquiles ni de Ulises, ni de Sansón nace James Bond.
Evidentemente la buena leña se prende con kerosene barato.
Quizá Nietzsche estuviera en lo cierto: PLatón es demasiado elevado y abstracto.
El vulgo necesita a un ídolo sentimental de carne, Jesús.
Quizá Borges parece hermético, cipayo, claustrofóbico, complejo, críptico: los peronistas necesitan a Alejandro Dolina.
Conan Doyle era espiritista. Harry Houdini, a quien sí admiro mucho más, lo consultó.
Lamento que no lo haya cagado a piñas cuando descubrió que el nigromántico contacto con su madre no era hablado en idish.
Relean "La carta robada" y el seminario que Lacan le dedica.
Poe creó el género policial y sin ser el mejor poeta del planeta, inspiró a los más grandes con "Eureka".
Emerson odiaba el poema "Never more" del cuervo y denostaba a Poe como "the jingle man".
Poe también creó el género de terror.
Tuvo la sabiduría de no combinarlos.
Relean "La caída de la casa Usher".
Relean "Los crímenes de la calle Morgue" (¿no está allí todo "Rashomón" de Akutagawa, no está allí todo "Rosaura a las diez" de Marco Denevi?).
Edgar Allan Poe murió loco, como Artaud, como Nietzsche, como el Iluminismo...
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