Texto inédito de Borges
Señoras y señores, sin más preámbulos, I give you...la declaración de Jorge Luis Borges contra el brote de antisemitismo registrado en el semanario "Mundo Israelita" en su ejemplar ejemplar del 27 de agosto de 1932:
Ciertos desagradecidos católicos-leasé personas afiliadas a la Iglesia de Roma, que es una secta disidente israelita servida por un personal italiano, que atiende al público los días feriados y domingos-quieren introducir en esta plaza una tenebrosa doctrina, de confesado origen alemán, rutenio, ruso, polonés, valaco y moldavo.
Basta la sola enumeración de ese rosario lóbrego para que el alarmado argentino pueda apreciar toda la gravedad del complot. Por cierto que se trata de un producto más deletéreo y mucho menos gratuito que el dumping. Se trata-soltemos de una vez la palabra obscena-del antisemitismo.
Quienes recomiendan su empleo, suelen culpar a los judíos, a todos, de la crucifixión de Jesús.
Olvidan que su propia fe ha declarado que la cruz operó nuestra redención.
Olvidan que inculpar a los judíos equivale a inculpar a los vertebrados, o aun a los mamíferos.
Olvidan que cuando Jesucristo quiso ser hombre, prefirió ser judío y que no eligió ser francés, ni siquiera porteño. Ni vivir en el año 1932 después de Jesucristo para suscribirse por un año a Le Roseau d'Or.
Olvidan que Jesús, ciertamente, no fue un judío converso.
La basílica de Luján, para Él, hubiera sido tan indescifrable espectáculo como un calentador a gas o un antisemita.
Escribo con evidente prisa esta nota.
En ella no quiero omitir, sin embargo, que instigar odios me parece una tristísima actividad y que hay proyectos edilicios mejores que la delicada
reconstrucción, balazo a balazo, de nuestra Semana de Enero, aunque nos quieran sobornar con la vista de la enrojecida calle Junín, hecha una sola llama.
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